“Buenos días, Baby…” Marzo 19, 2012

A veces en la vida ves a alguien y te das cuenta de inmediato de que esa persona es para ti. Puede suceder en cualquier momento, en cualquier lugar… 

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Hace cuatro años… 

19 de marzo del 2012
8:00 am

Llegué al trabajo a las 8 en punto, como cada día desde que había entrado a trabajar a este lugar.
Subí las escaleras y al entrar a la oficina lo primero que capta mi atención es esa chica bellísima sentada en el escritorio de Rafael. ¿Quién será? A lo mejor es la esposa de algún compañero, o una clienta, o qué sé yo.

Ya después saludé a Roberto, a Sari, a Rubén y Misael. Saludo a todos excepto a ella. Roberto me hace entrega de dinero y me informa de los pendientes. Hacemos el cambio de turno y me instalo al fin en mi escritorio. Y de repente, por alguna razón, todos salen de la oficina. Excepto ella.

Ahora sólo estamos ella y yo. Agradablemente solos.

La miré de reojo. Disimuladamente. Lo más disimuladamente que pude. Es evidente que ella está esperando a alguien. Seguramente a Rafael. Se nota que está impaciente. Hice como que acomodaba mi papeleo para al mismo tiempo mirarla discretamente. Pero no pude, creo que fui bastante obvio. Ella se dio cuenta y sonrió para sí misma.

¡Demonios! Es guapísima. Y creo que se ha dado cuenta de que la estoy mirando”-Pensé. No quería incomodarla. Pero tampoco podía dejar de mirarla.

Quería hablarle ya. De una vez. Saber todo de ella. Pero, ¿Qué le diría?

Me daba risa al imaginar las posibles escenas en mi mente. Quizá le diría: “Es cosa del destino que nos encontremos hoy aquí” No. ¡Eso no! Demasiado estúpido.

Intenté una vez más: “¿Será amor? ¿Crees en el amor a primera vista o vuelvo a entrar?” No. Tampoco. Una frase excesivamente soñadora y cursi.

Oye, Baby. ¿Sabes que estás muy buena?” ¡Excesivamente realista! Y de seguro que ya lo sabe.

Pensé entrar con la clásica: “Oye, qué bonitos ojos tienes…” No. Mejor no.

Quizá más atrevido: “Oye, Baby. Aquí tienes mi número. Llámame cuando quieras” Más que atrevido. ¡Demasiado pretencioso! ¡Presumido! ¡Irreal!

Pensé que lo más conveniente sería ser yo mismo. Pero ser uno mismo nunca funciona así que optaría por otra estrategia.

Nada. No se me ocurría nada. Resoplé y me encogí de hombros. ¿Por qué me estaba complicando la vida? Sólo era una chica más. Una de tantas. Volteé hacía ella y la miré fijamente hasta que su mirada se cruzó con la mía por un instante. Le sonreí. Ella me devolvió la sonrisa con un gesto amable. Fue sólo un instante, quizá un segundo, pero cuando sonrió me di cuenta de que era inusualmente bella. Definitivamente no era una chica como cualquiera.

Ya sin pensar demasiado me levanté, suspiré, di un paso, dos, tres… Y ya estaba frente a ella.

Ella bajó la mirada.

Hola, buenos días. Creo que no nos han presentado.

Ella levantó la vista y me miró fijamente a los ojos. Yo le extendí mi mano. Se puso de pie y aconteció un apretón suave pero firme.

No, parece que no. Es que mi primo es un grosero. Yo soy Carmen Díaz. Soy prima de Roberto y a partir de hoy, la nueva asistente del Señor Rafael.

­— Ah, sí, ya veo… Entonces vas a trabajar con él. Mucho gusto. Yo soy Juan Carlos.

Mucho gusto. Sí, es que apenas ayer vine a entrevistarme con él y pues ya me quedé. Me dijo que me presentara a trabajar hoy mismo. Y aquí estoy pero él no llega.

Y así empezamos una conversación que duró cerca de una hora.

Mientras ella hablaba aproveché para admirarla por completo. Para examinarla quizás.

Me pareció que ella era muy atractiva, era esbelta, muy delgada, pero con un cuerpo bien esculpido, curvas bien definidas, piel morena, cabello castaño oscuro a la altura de los hombros, un rostro delicado de facciones finas y con unos ojos cafés intensos, marcados, experimentados.

Dijo que tenía veintidós años, sin embargo, me dio la impresión que esos ojos y esa manera de expresarse la hacían parecer mayor. Luego pensé: No, mayor no. Si acaso más hermosa, más mujer, más… Más todo.

No tenía bien claro lo que sucedería a partir de ese momento, pero asumí que al menos un par de cosas eran seguras:

La primera era que Carmen era mucho, pero que mucho más bella de lo que hubiera podido imaginar. Juro que no había sentido una atracción tan intensa por una mujer. No desde los días con Rocío Liz.

La segunda cosa de la que estuve seguro en ese instante fue que ella sería mía…

Y es que… A veces en la vida ves a alguien y te das cuenta de inmediato de que esa persona es para ti. Puede suceder en cualquier momento, en cualquier lugar… Incluso en la oficina de una funeraria a las ocho de la mañana…

Y eso fue lo que pasó aquel 19 de marzo de hace cuatro años cuando conocí a Carmen.

Hoy, cuatro años después, no puedo evitar recordar una de las mujeres más importantes de mi vida.

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