Yo no era fan de García Márquez

Yo la verdad no era fan de García Márquez. De hecho, sólo llegué a leer cuatro de sus novelas: “Relato de un Naufrago”, “El Coronel no tiene quien le escriba”, “Memorias de mis Putas tristes” y “Cien Años de Soledad”

Llegué a conocer a Gabriel García Márquez allá por la primavera del año 1998. Fue un 20 de abril, para ser exacto, cuando me lo presentó mi maestra de español. No en persona, desde luego, pero lo hizo a través de una de sus obras menos conocidas: “Relato de un náufrago”.

Recuerdo claramente la fecha porque el día anterior se había suscitado la muerte del poeta mexicano por excelencia: Octavio Paz, El Hechicero de la Palabra. 

Aquel día era lunes. La maestra de español dio un breve pero emotivo discurso acerca de la vida y obra Octavio Paz. Minuto de silencio incluido.
Luego, continuó con la clase del día. Me parece que estábamos estudiando el género narrativo y en aquella ocasión veríamos lo que es un narrador Autodiegético mediante la lectura de una novela.
Dicha novela sería una de Gabriel García Márquez : “El relato de un Naufrago que estuvo diez días a la deriva en una balsa sin comer ni beber,que fue proclamado héroe de la patria, besado por las reinas de labelleza y hecho rico por la publicidad, y luego aborrecido por el gobierno y olvidado para siempre”.
Con todo y que en el título ya contaba por completo el argumento, me atrapó de inmediato. Y debo decir que si lo hizo no fue porque fuera una gran obra literaria, me había atrapado por el hecho de que estaba basado en la historia real de un soldado colombiano. Me fascinan las novelas basadas en hechos verdaderos.

Aquel fue mi primer encuentro con el Nobel de literatura 1982. Con quien me volvería a encontrar más adelante en el camino.

Tal como sucedió poco después, cuando tuve la oportunidad de leer “La hojarasca”, pero no lo hice. Comencé a leer las primeras páginas pero me aburrió y lo dejé. Nunca imaginé que el Macondo del que hablaba en esa novela sería el mismo lugar que había fundado la familia Buendía y en el que transcurrirían sus 100 años de soledad.

En aquella época de adolescente y en la que pretendía entregarme a la literatura, y en particular al Realismo Magico, me sedujo más “Pedro Páramo” de Juan Rulfo y aún más “Aura” de Carlos Fuentes. Ambas obras relacionadas con la muerte de una forma realmente compleja y excepcional. “Aura” me dejó marcado para siempre, quizá por su su contenido sacrílego y sexual. No lo sé. Pero por sobre todo por el estilo narrativo en segunda persona y esa vuelta de tuerca en el argumento durante el climax ¡Realmente alucinante! A veces aún tengo pesadillas. Desde entonces he tenido siempre la inquietud de escribir una novela con un narrador en segunda persona. Es difícil pero espero algún día conseguirlo.

Pero en fin, hablaba yo de García Márquez y lo que yo he podido conocer de su obra. Así pues, tiempo después de hacerle el feo a “La Hojarasca” decidí darle otra oportunidad al Gabo, esta vez con su obra más célebre “Cien Años de Soledad”, que llegó a mis manos, esta vez, durante mis estudios de bachillerato en el CCH Oriente. Y la hubiera leído pero el problema es que no llegó sola, llegó a mis manos junto con “El laberinto de la Soledad” de Octavio Paz. Empecé a hojear y a ojear los dos libros a la vez. Me pareció muy interesante tener dos joyas de la literatura española en mis manos y ambas con la temática de la soledad.

Comencé con “Cien años de Soledad”, leí las primeras líneas sobre el Coronel Aureliano Buendía frente al pelotón de fusilamiento recordando aquella tarde cuando su padre lo llevó a conocer el hielo y los inicios de Macondo. No estaba mal. Pero no consiguió atraparme, debo decir que más bien me aburrió. Así pues, me detuve páginas adelante y me dispuse a echarle un vistazo a “El laberinto de la soledad”. Una colección de ensayos de Octavio Paz en torno al mexicano y su forma de ser ante la vida. Un análisis asombroso, como descubriría después, a través de las etapas históricas más relevantes de nuestro país. 

Pienso ahora que fue quizá por el momento de mi vida en que lo leí que me impactó desde las primeras líneas del primer ensayo titulado “El pachuco y otros extremos”, las cuales nunca olvidaré:

” A TODOS, en algún momento, se nos ha revelado nuestra existencia como algo particular, intransferible y precioso…” “El descubrimiento de nosotros mismos se manifiesta como un sabernos solos; entre el mundo y nosotros se abre una impalpable, transparente muralla: la de nuestra conciencia”.
De inmediato me puso a pensar. A explorar dentro de mí mismo. Y fue así que durante los meses siguientes leí y releí cada uno de los ensayos hasta creer que llegaba a comprenderlos con más claridad tras cada releída. Reconozco que fue una empresa difícil y todavía en la actualidad de vez en cuando vuelvo a leerlos. Y no me resulta nada sencillo. 

Eso me motivo a leer más la obra de Octavio Paz, sobre todo la poesía y el ensayo. y vaya que quedé maravillado. Por ejemplo, cuando leí aquel cuento de “Mi vida con la Ola”, o el magnífico poema “Piedra de Sol”.

Creo que Octavio Paz y su poesía y sus ensayos fueron de las lecturas que más influyeron en mí y por lo que dejé de leer novelas durante mucho tiempo. Y más aún cuando entré a la Universidad, allí me centré más en la poesía y en los ensayos filosóficos. Octavio Paz, Jorge Luis Borges, Arthur Schopenhauer, Nietzsche, Hegel, Camus, Sartre, Kant, entre otros, fueron mis mentores en el arte del ensayo.

Retomé la lectura de novelas más tarde. Por ejemplo, en el 2004 salió “Memorias de mis putas tristes”, la última de García Márquez, que narraba la historia de un anciano que al cumplir noventa años se le ocurre acudir a un conocido burdel con la intención de desvirgar a una joven de catorce años. ¡Mira nomas!

Para mí fue una novela fácil, sencilla, nada impactante ni sorprendente si lo comparaba con lo que yo había escuchado hablar del Gabo. Si la leí fue más que nada por la coacción y el impacto mediatico que ejerció la publicidad por ser, en aquel momento, la nueva novela del Nobel del 82.

No sé cómo fue que pasó pero de pronto me vi más interesado en la literatura estadounidense y Europea leyendo algunos clásicos como “Robinson Crusoe” de Daniel Defoe, “Colmillo Blanco” De Jack London, “Las aventuras de Huckleberry Finn” de Mark Twain; “El Conde De Montecristo” y “Los tres Mosqueteros” de Alejandro Dumas; “El retrato de Dorian Gray” de Oscar Wilde o “Demian” de Hermann Hesse entre otros. Además de que también me leí a algunas novelas más modernas como “El club de la pelea” de Chuck Palahniuk; “Sin límites” de Alan Glynn, “La insoportable levedad del ser” de Milan Kundera, “Soy Leyenda” de Richard Matheson, etcétera. 

¡Vaya! Creo que sí que he leído un poquito. Ni yo me lo creo a veces. Como aquella vez en que fui a una entrevista de trabajo y me pasó lo mismo que al Presidente Peña Nieto. En mi currículum había escrito que uno de mis pasatiempos era leer. Íbamos como a media entrevista. Estaba yo concentrado en los aspectos laborales cuando el entrevistador me sorprendió con la pregunta “Menciona los tres últimos libros que has leído y dime ¿qué han aportado en tu desarrollo personal?”
Me quedé en blanco. No sé cuánto tiempo pasó hasta que pude responder pero me costó muchísimo trabajo responderle, y aún más que mi respuesta sonará convincente. Me puse tan nervioso que me bloqueé. Estuve a punto de decir que uno de los libros que más me había marcado era La Biblia. Jajaja…
No obtuve el empleo y estoy seguro de que aquel entrevistador se quedó con la impresión de que nunca en mi vida había leído. Al menos yo no era presidente, no me habían grabado las cámaras ni sería expuesto al escarnio público. Pero de que había hecho el oso… Lo había hecho. Ese día comprendí que a cualquiera le puede pasar.

Fue después de todo eso que volví a leer a Gabriel García Márquez. Más que nada por influencia de Angélica Sandoval, una chica con la que salía durante la universidad. Habíamos tenido un romance fugáz pero lo mejor de nuestra relación eran nuestras charlas sobre literatura. Ella decía ser una verdadera fan de García Márquez y me reprochaba el no haber leído más a dicho autor. No he visto a Angélica deade hace muchos años, pero conociendola, imagino que fue para ella un duro gilpe la muerte del colombiano.

Fue Angélica quien me obsequió un ejemplar de “El Coronel no tiene quién le escriba”. Una novelita para que empieces, me dijo ella, pa irnos tranquilos. 

Y fue así que conocí la historia del coronel, veterano de guerra, que esperaba la pensión que nunca llega.

Pasó algo de tiempo, pero al fin llegó el momento de enfrentarme de nuevo a “Cien años de Soledad”… Y ahora, puedo decir que ha sido una de las experiencias literarias más grandes de las que he podido disfrutar. Realmente insólita y sorprendente. Quedé atrapado en Macondo desde el primer capítulo. Me identifiqué plenamente con el Coronel Aureliano Buendía y al igual que él Me enamoré de Remedios Moscote. Así como al coronel, la imagen de Remedios, me quedó doliendo en alguna parte del cuerpo. Era una sensación física que casi molestaba para caminar, como una piedrecita en el zapato…

Estás fueron mis experiencias con la obra de Gabriel García Márquez. Sé que su obra es extensa y hay tanto por leer y por descubrir. Pero pues como dije yo nomas leí cuatro de sus libros. Quizá algún día lea más. Pero por ahora sólo me queda decirle adiós a este gran autor que vivira en cada uno de los que ha leído y leerán y releerán su obra.
Se fue uno de los grandes, se fue Gabriel García Márquez.

“Nos dejó en un jueves santo, entre una luna roja, una granizada épica y un temblor de miedo.
Digno marco cósmico para el inventor y creador del realismo mágico de Latinoamérica”

-Palabras de Rafael Tovar y de Teresa, Director de CONACULTA, durante el homenaje póstumo a García Márquez el pasado 21 de abril en el Palacio de Bellas Artes.

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