¿Por qué me permití creer?

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No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes pero en ocasiones hay mujeres que lo dejan a uno marcado para siempre. Para bien o para mal, pero de que las hay las hay.

En algunas ocasiones, algunos individuos vislumbran claves ocultas, secretos de la vida a través de los ojos de una mujer. Llegan a conocer mejor el mundo y a ellos mismos gracias a lo que ven, o creen ver, en la mirada de ellas. También en sus actitudes, en sus palabras e incluso en sus silencios.

A mí sí me ha pasado. Me pasó con La Flaca.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes pero a veces hay días en los que, por más que lo intentas, las cosas no salen bien. Aquel fue uno de esos días.

Ese día las cosas no salieron como estaban planeadas. Durante meses había llegado a creer que tenía algo tangible y convincente. Sentía que por una vez… Por primera vez… Las cosas estaban funcionando. Que iba, como dice el dicho, a paso lento pero seguro. Creí que al fin estaba en el lado ganador.

Por una vez iba a hacer las cosas bien.

Pero ¡Demonios! ¿En qué estaba pensando?

No sé si alguna vez les ha pasado pero llega el día en que ves a una mujer y te enamoras perdidamente de ella. Eso me pasó el día en que vi por primera vez a La Flaca. Sin embargo, tuvieron que pasar años para poder estar tan cerca de ella. De verdad.

No sé si alguna vez les ha pasado pero a veces tienen que pasar años después de ese día mágico para poder hablarle al oído, para poder abrazarla, sentir su cuerpo y darle un beso. Es lindísimo cuando después de ese tiempo llegas a creer que era cosa del destino. Eso sí que es romántico.

Creí que la Flaca y yo al fin estaríamos juntos. Juntos de verdad.

¿Por qué me permití creer? Quizá porque me regaló una mirada y una sonrisa.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes pero puedo ocurrir que de pronto una mujer te brinde una mirada y una sonrisa y eso basta para empezar a soñar. Soñé tantas noches y días enteros con La Flaca. Y aquella noche en que la tuve entre mis brazos, cuando me regaló ese beso tan apasionado, creí que mis sueños se harían realidad. Creí que al fin mi amor sería correspondido. Creí que eso era el amor.

¡Qué iluso!

¿Por qué me permití creer?

¿Por qué creí, por un minuto, que de pronto un beso y un abrazo iban a haber alguna diferencia?

Hace tiempo, mientras tomábamos unas cervezas en un bar, tuve una charla con una amiga llamada Patricia. Terminamos debatiendo sobre el amor y las relaciones amorosas. De pronto dio en el clavo: ¿Cómo podía yo opinar sobre el amor y las relaciones de pareja, cómo podría entender las historias de amor si, en realidad, nunca he sido el protagonista de una?

Paty tenía razón. Yo no sé de amor.

¿Por qué me permití creer?

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes pero es lindísimo imaginar que eres el protagonista de tu propia historia de amor. Creí que al fin sería protagonista. Pero no. Lo estoy volviendo a perder todo. Vuelvo a ser un estúpido espectador. A menos que… A menos que… Oh, no… ¿Seré yo el antagonista? ¿Seré yo uno de esos obstáculos que tienen que superar los protagonistas para poder ser felices? ¡Maldita sea! Qué horrible sensación.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes pero a veces crees ver una oportunidad y no quieres dejarla ir. Creí que teníamos una oportunidad ella y yo. Una maldita última oportunidad de darle la vuelta a nuestra suerte pero de pronto se acabó.

La gente suele decir que el amor es lo más lindo que te puede llegar a pasar en la vida. No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes pero puede ocurrir que de pronto uno advierta que en realidad se trata de algo más desolado. Porque el amor es hermoso sólo si este es correspondido.

La Flaca se encargó mostrarme ese lado oscuro del amor.

¿Por qué me permití creer?

Todo se acabó.

¿Qué puedo decir?

Tal vez debería simplemente aceptar mi derrota y dejarla ir. Ella me ha demostrado todo lo que no siente por mí. Con acciones, con palabras, con silencios. Sobre todo con silencios. 

No sé si alguna vez les ha pasado pero un día te das cuenta de que no hay más opción más que rendirse. Mejor rendirse antes que lo que puede llegar a ser un hermoso recuerdo se convierta en algo desagradable para ella y para ti.  Yo no puedo esclavizarme, ni seguir con ésta obsesión, sabiendo que, tal como había sido antes, como es ahora y como seguramente será después, La Flaca es sólo una presencia huidiza, una suerte de meta inalcanzable, una mujer prohibida para mí. Una que, por las razones que sean, yo no merezco. 

Creí que éramos compatibles, que ella sería la mujer de mi vida.  

¿Por qué me permití creer?

A lo mejor me he equivocado, he recordado lo que me ha regalado: Una mirada. Una sonrisa. Un beso apasionado. Un sueño. Un viaje nunca empezado…

Gracias por el fuego…                                 

 

 

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