La Carencia…

Capítulo 1

Después de desabrocharse la blusa, después de quitarse la ropa, después de exponer sus senos, después de que sus largos dedos acariciaran sus caderas para sentir la comodidad que le proporcionaba su desnudez, después de morderse el labio inferior, después de poner esa mirada que puede derretir a un iceberg…

Lo siguiente que Karen Lizbeth hacía siempre era una pausa. No demasiado larga. Lo suficiente para hacer una inspiración lenta y profunda. Era lo único que necesitaba para recordar aquello que nunca podría olvidar…

Otro cliente la estaba esperando. Soltó el aire. Y cuando sintió los bordes ásperos del agujero que había dejado aquella parte de su vida que había volado por los aires, alfin, estuvo lista. Se acercó y puso una toalla sobre la alfombra sucia y gastada de ese hotel de paso, se arrodilló frente al cliente, que ya estaba esperando ansioso, se acomodó los cabellos negros como la noche y largos, largos como el invierno, mojó sus labios una vez más y se dispuso a hacer su trabajo. Ese trabajo para el que le habían pagado.

Arrodillarse era el principio de su rutina habitual. Luego, los ciento ocho kilos que le cayeron encima casi consiguieron que se le saliera el aliento y se le quebraran los huesos. La habitación era un horno, y las carnes blandas, flácidas, sudorosas y sin consistencia del ser que estaba moviéndose entre sus piernas, hacían que tuviera la sensación de estar hundiendose más y más en su miseria. Podría haber evitado un poco ese calor abriendo las ventanas, pensó, pero ése era otro de los rituales: quemarse. Quemarse por fuera como lo hacía por dentro.

Situó su desdén por los obesos mórbidos, el trabajo estaba a la baja, no había muchas opciones pero tomó nota mental de que para la próxima cobraría un monto extra cuando volviese a la calle y fuera abordada por alguien similar; y cuando la situación mejorara.

Unos momentos después… ¡Cambio de posición!  Ahora está apoyada en sus extremidades, con las piernas ligeramente separadas, como los gatos, Karen era envestida por detrás.  Se fijó en un cuadro situado en la pared, un cromo con una reproducción de la versión más famosa de “El grito” (en noruego Skrik), del pintor noruego Edvard Munch.

Esa imagen expresaba claramente el sentimiento de incomodidad que ella sentía con su vida.

Se preguntó qué habría hecho en su otra vida para tener la capacidad de aguantar. Y no era la primera vez durante ese mes que se lo preguntaba. Su trabajo ya era lo suficientemente duro si se hacía como era debido. Si encima se le añadía un cliente enorme, el día no se acababa nunca. Apretó los dientes, sus uñas se clavaron en la cama que sangraría si pudiera, Karen cerró los ojos esperando que terminara de una buena vez. Los abrió pero las embestidas que le proporcionaba su cliente aún continuaban. Miró de nuevo hacia la pared. Miró al cuadro de Munch, que gritaba desesperado, luego miró hacia la ventana que la invitaba a escapar.

Pero no lo hizo…

Sólo gritó… Pero su grito fue interno… Sólo ella fue capaz de escucharlo.

Luego se preguntó: ¿En qué momento pasó? Y ese momento acudió a su memoria… No hacía mucho tiempo…

El Grito
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2 thoughts on “La Carencia…

    1. no solo la mujer se convierte en un “papel higienico”muchas veces porque ella asi lo deja ser sino,tambien los hombres son usados por mujeres para susw fines pasionales o bajas pasiones;todo depende del cristal con q lo mires;…quien usa a quien?

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