El Reto de Cambiar…

“Cada jugador sabe que el secreto para sobrevivir está en saber qué hay que tirar, y saber qué hay que conservar. Porque en cada mano hay un ganador y cada mano hay un perdedor…”

Kenny Rogers

El verano está en curso. La gente se mueve…

Uno se pone a pensar. Es un momento importante para reflexionar. A principios de año te propusiste muchas cosas. Te impusiste metas. Estamos justo a la mitad del año y es buen momento para evaluar cómo vamos.

Y es, quizá, una de esas épocas del año cuando muchos de nosotros queremos empacar nuestras pertenencias y movernos. Quizá simplemente para irte de vacaciones. Quizá más complejo, Te dan ganas de cambiar de trabajo, irte a un nuevo apartamento o una casa, a una nueva ciudad e incluso a otro Estado, a otro país.

Te dan ganas de hacer todo eso y muchas cosas más por muchas razones. Cada quien encontrará las suyas y podrá justificarlas. Por ejemplo, para estar más cerca de esa persona especial o el trabajo que siempre soñaste. Para tener nuevos amigos, para recobrar el contacto con viejos camaradas. Conocer gente de mente más abierta. Recorrer otros caminos, conocer nuevos lugares…

Dan ganas de cambiar todo:Personas, lugares, sueños, cambiar todo lo que ya conoces para buscar otros horizontes con otras características, tamaños colores y sabores… Con aire más joven, más viejo, más fresco, más silencioso…

En fin: Algo Diferente. Quieres ir a otro lugar(yo quiero ir).

¡A cualquier otro lugar! (A veces me quiero ir).

Cuando yo era niño, luego adolescente, me encantaba esta época del año, es mi segunda estación favorita(la otra época que más me gusta es la primavera). Desde  entonces, el verano era tiempo para reagruparse, revisar y reinventar. Es que Esta época, en lo personal,  me daba la oportunidad de cambiar.
Por ejemplo, ¿Quién sería el siguiente año escolar? ¿El chico Estudioso? ¿El Deportista? ¿Simpático? ¿Galán? ¿El bueno? ¿El malo? ¿El feo?
Cualquiera que fuera mi elección, siempre era diferente a la del año anterior.  Para mí, en aquel entonces, Diferente era igual a mejor.

Pero no siempre piensas igual…

Así pues, como un adulto, siempre me encuentro haciendo un inventario personal cada verano para evaluar la situación. Me pongo a pensar en lo que he cambiado, en qué debería cambiar(mejorar), lo que debería conservar.

Me pongo a analizarlo y me doy cuenta de que ha sido en esta época del año, más que en cualquier otra, cuando he comenzado o terminado relaciones(amistosas, amorosas, laborales). A veces cambio mi imagen, mi guardaropa, me corto el cabello distinto o me lo dejo crecer, o incluso hasta me he hecho rizos… No sólo en el exterior, también intento adoptar nuevas actitudes.

En fin… Que Lo pienso y lo pienso y Me he movido bastante, he cambiado tanto… Pero a la vez siento que he cambiado poco, que no me he movido demasiado.

Es que, no siempre he sentido que el cambio me moviera en una dirección importante. Lo que me hace preguntarme si mi inclinación a la acción, al cambio, de vez en cuando me ha engañado. Si de verdad he mejorado.

Me pongo a pensar:
¿Cuántas veces no te has hartado de un trabajo, de una relación? Dan ganas de mandar todo a volar… ¿A poco no? Generalmente eso sucede cuando llegas a tener una dificultad. Y en lugar de superarla piensas en evitarla. Sí, eso sería más fácil. Sería más fácil volver a empezar en alguna parte, o con alguien nuevo. Ya sabes: Borrón y cuenta nueva. Piensas que eso es avanzar… La gente suele decir que ese es un modo de lograr un avance.

Pero… ¿Será? ¿Y si no es así?

Es difícil refutar la teoría de que la mejor cosa siguiente es la que se encuentra a la vuelta de la esquina. Es un albur, porque para saber lo que hay en esa esquina, pues  tienes  que ir hacia ella. Pero ¿cómo sabemos si esa es la decisión correcta? ¿Que tal que para el otro lado había algo mejor?

¿Que tal que algo extraordinario llegaba al lugar en el que me encontraba inicialmente antes de moverme?

¿No les ha pasado que te mueves hacia una dirección, y luego, después de dar algunos pasos volteas y te das cuenta de lo bien que estabas allá, que allá ocurrió algo genial y tú ya no estabas allí?

La vida es un riesgo, hay que arriesgarse para ganar. El que no arriesga no gana.

¿Cuál será el mayor riesgo? ¿Quedarse, permanecer? ¿Irse, cambiar?

Tal vez hemos sopesado los pros y los contras antes de cada acción para determinar cual movimiento será la mejor opción. Tal vez hemos intentado analizar todo lo que podía pensar para mejorar la situación y la única opción viable que queda es irse. O tal vez ni hemos pensado, ni analizado nada, quizá simplemente nos hemos dejado llevar por los impulsos.

Y así… Simplemente te vas. Pero…

¿Y sí Tal vez un cambio es en realidad un retraso?

O sea… Si ya tienes un camino recorrido en una dirección, si ya has construido algo, por ejemplo, una relación amorosa, una estabilidad laboral… Pero, por la razón que sea, decides cambiar, volver a empezar. Dejar eso atrás y seguir adelante. Cuando hacemos eso ¿Realmente estamos yendo hacia adelante?

¿No estaremos yendo hacia atrás?

Digo hay que empezar de nuevo, confiar otra vez, ganarte el respeto de los demás… Etcétera.

¿Será posible?

Pienso que Tal vez volver a empezar es más fácil, pero no necesariamente mejor. Y también que Fácil no  quiere decir que está mal, pero parece que requieren un poco más de introspección.

No es que yo esté diciendo que deba uno permanecer siempre en el mismo sitio y del mismo modo. Es sólo que me pregunto:

¿Cómo saber cuándo es el momento de hacer un cambio y, cuando es el momento de quedarse quieto? ¿Qué conservar, qué dejar ir?

¿Cuándo arriesgas más? ¿Cuando cambias o cuando permaneces? ¿Quedarse o irse? ¿Qué es más riesgoso? ¿Qué es más sencillo?

Ninguna cosa es sencilla.

¿Qué debería soltar y qué debería conservar?

Decía yo, hace un momento que, En mi vida muchos de los grandes cambios han acontecido en el verano. Durante un verano fue que empecé a jugar al béisbol. En otro al voleibol. Un verano decidí ir a la universidad. Al siguiente verano decidí dejarla. Y en otro decidí volver y comenzar de nuevo. En un verano terminé con Nataly… Fue en un verano cuando terminé con Sofía. En un verano Rocío Liz me Dejó(la Primera vez)… En un verano comencé a beber(sin control)… En un verano dejé de beber(el verano pasado)…

Muchas veces me pregunto qué hubiera pasado si no hubiera hecho tantos cambios. Por ejemplo, si en aquel verano no hubiera dejado la carrera de física, hoy día mi vida sería completamente distinta. ¿Qué hubiera pasado si nunca hubiera dejado a Nataly, o si no la hubiera conocido? Las preguntas son muchas, los caminos lo son más. Las posibilidades infinitas… Ya sabes, como la 3ra ley de Newton “A Cada acción corresponde una reacción”.

Una cosa lleva a la otra… una acción tuvo como reacción el que comenzara a beber… Y Mi alcoholismo, pues… Me llevo por diferentes direcciones, trajo cambios importantes en mi vida(Para bien, para mal… Ya Da igual). La siguiente reacción fue dejar de beber y…

Al dejar de beber ocurrió otro cambio…  Y así sucesivamente. Pero en aquel momento pensé mucho en si debería tener un nuevo trabajo, cursar una carrera diferente, una nueva pareja, tener nuevas y diferentes rutinas nutricionales y de ejercicio. Sí, es que al dejar de beber volví al gimnasio.

Desde que dejé de beber (y sobre todo desde que empecé a meditar regularmente sin los efectos del alcohol), me he vuelto mucho más reflexivo acerca de un cambio significativo, la autoaceptación, y trabajar con las sutilezas.

¿Por qué sientes la necesidad de cambiar? ¿Será Porque no te gusta como eres o porque a los demás no les gusta como eres?

Lo que me he dado cuenta es que las respuestas no son tan fáciles como solía suponer. Solía pensar que diferente era igual a  mejor. Sin embargo, comienzo a pensar que A veces el cambio – tanto interna como externa – es en realidad la agresión hacia uno mismo. Y no sólo hacia uno, sino también, hacia los otros, a los que nos rodean.

A veces creemos que el cambio(movimiento) – que nos lleva de un lugar a otro, nos curará de todas las heridas y nos alejará del estrés-  nos hace avanzar y que de eso se trata la vida, de “avanzar”. Y cambiar da miedo y todo, dicen que la gente suele temer a lo desconocido, que por eso permanece en su zona de confort. Que cambiar, que moverse… Parece que es la elección más difícil. Sin embargo, es en realidad el camino más fácil. Mantenerse puede ser el verdadero desafío, lo que le permite profundizar, desarrollar la compasión por sí mismo y hacia otros, y crecer.

El reto sería trabajar con una situación difícil en vez de simplemente dejarla atrás.

¿Cuál es el verdadero reto: Cambiar o permanecer?

Si bien es cierto, se necesita valor para saltar. Valor para asumir las consecuencias de un cambio. Cambiar es un desafío.

Pero permanecer también lo es y es quizá más complejo. Mantenerse es enfrentar los las situaciones complicadas. Y eso es lo que te ayuda a crecer, y hoy sé que el riesgo real es mantenerse firme donde te encuentras.

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