El de una venganza…

No siempre lo legal es justo, ni lo justo es legal…

Estamos aquí para hacerte pagar. Nos sobran los motivos…

Mis colegas lo sientan en la sala. Les digo que esperen un segundo. Les digo que podrán hacer lo que quieran pero que primero quiero hablar con él. Yo también tomo asiento, me pongo cómodo en un sillón. Enciendo un cigarrillo. Y empiezo a contarle una historia antes del final.

Déjame contarte una historia… Es sobre una chica. Una dulce y encantadora chica de 18 años. Hija de un mariachi(QEPD) y una contadora. Que vivía con su abuela después que su madre le abandonara. Que andaba de novia con un tipo un poco mayor que ella… Una chica muy hermosa que suele vestir de un modo provocativo…

¿Te suena esa historia? ¿no…?    Ok…

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Es la historia de una chica que un día dejó la casa de su abuela. Quiso ser independiente. Juró que nunca volvería. Y nunca lo hizo. Hizo lo que tenía que hacer para sobrevivir. Se convirtió en lo que tenía que convertirse.

Se convirtió en una mujer preciosa. Y en una mujer muy trabajadora.

¿Me sigues?

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Por azares de la vida, un día se hizo muy amiga  de un hombre que era 11 años mayor. Y al pasar el tiempo se hicieron mucho más que amigos. La diferencia de edad ya no importó. Con él, por primera vez en su vida, supo lo que era ser feliz. Por primera vez en su vida, supo lo que era ser amada. Él también la quería. Y por un momento, ellos, creyeron que estaban unidos por costuras invisibles y que nunca nada los separaría.

¿Sabes? Dejo de fumar una y otra vez pero siempre estoy a una noche de agarrar mi próximo “matabaco”.

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Yo siempre he pensado que la vida es algo fortuito. Me agrada más esa idea que la idea del destino. Aunque es difícil saber si esas casualidades de la vida son parte del destino… Para ser sincero. Todo hubiera sido tan diferente… Es más… Que no estaríamos teniendo esta conversación sino fueras tan malditamente imbécil. O… Si aquel día a Ella no la hubieran despedido de su trabajo. O… Si tu motocicleta no se hubiera descompuesto en esa cuadra precisamente. O si Ella no hubiera caminado hacia ese teléfono público en particular para telefonear al hombre que  amaba. O…   Si ella no se hubiera sentido tan triste y vulnerable… O… Si él hubiera tenido la amabilidad de ir a verla cuando le llamó de imprevisto desde ese lugar. O… Sino fueras tan hijo de puta, tan miserablemente vil…

¡¡Como para aprovecharte de una mujer!!

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Por supuesto, fuiste un imbécil. Por supuesto ella fue una imbécil. Por supuesto Él también lo fue.

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Ella lo llamó por la tarde. Le dijo: “Quiero verte, me he salido del trabajo… Te necesito”.  Pero Él no pudo ir a reunirse con ella de inmediato.  Le dijo que iría a verla pero hasta la noche. Y así lo haría. Así lo hizo.

Si tan sólo hubiera acudido en ese momento preciso.  

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Y Ella se sintió desesperada. Se sintió sola… En ese momento que lo necesitaba, Él, no estuvo. Y lloró. Lloraba amargamente cuando tú te acercaste a ella.

Lo que es la casualidad ¿no? Lo fortuito de la vida.

Tú estabas allí. La observaste mientras que arreglabas tu motocicleta. La viste caminar por la calle. Traía esa minifalda que le queda de muerte. Ya la habías visto varias veces antes. Ya se conocían  aunque no tenían precisamente una amistad. Ya habían platicado antes. Ya te había dicho que la relación con su novio no estaba bien últimamente. Supusiste que otra vez se trataba de eso. Te ofreciste de su paño de lágrimas y le dijiste que tú le ayudarías a animarse. La invitaste a una fiesta. No te costo trabajo convencerla. Ella se subió a tu moto y dieron un paseo. Le dijiste que antes de ir a la fiesta  tenías que ir a tu casa a recoger unas cosas que tenías que llevar a la reunión. Y ella, ingenuamente, accedió a acompañarte.

¿Voy bien? ¿Ya te acordaste?

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Ya en tu casa.   Le dijiste que se desahogara. Que te contara sus penas. Que sacara todo lo que tenía que sacar. Le invitaste un poco de alcohol. La escuchaste todo lo que quiso decirte. Luego tú también le hablaste de ti. Le dijiste que Tú vives solo, le hablaste de todas las cosas que tenían en común tú y ella. Y le dijiste que si tú fueras Él, tú nunca la dejarías sola.

Te estabas portando tan lindo…

En ese momento te habías ganado su confianza. Ella incluso aceptó tu abrazo y se aferró con fuerzas a tu pecho.  Era lo que ella necesitaba. Necesitaba que alguien le escuchara. Que alguien le comprendiera y le diera cariño. Y todo iba bien… Y hubiera ido mucho mejor si no fuera porque eres un completo imbécil. Si tan sólo hubieras seguido siendo ese tipo genial que ella necesitaba… Pero no. Ella estaba allí contigo a solas y vestida de ese modo tan provocativo, tan propio de Ella que tú no pudiste resistir. Intentaste besarla. La besaste y ella correspondió por un instante.   Pero luego te rechazó. Y te recordó que ella le debe fidelidad a Él. Aunque quizás Él no lo merezca. Pero tú no podías esperar…

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¡¡Maldita sea!! ¿Por qué no pudiste esperar? ¿Qué habrá pasado por  tu estúpida mente?   De verdad. Sino fuera porque eres tan imbécil. O sea… ¿¡A quién se le ocurre presumir de haber violado a alguien!? Sólo a un imbécil como tú… Sino fuera por eso, Yo y mis colegas no estaríamos aquí… Para hacer justicia. Nuestra justicia. Pero te decía…   Ella se resistió… Pero Tú eres hombre, tenías más fuerza. Así que no la soltaste. No ibas a desperdiciar esta oportunidad. Lo que siguió después no lo tengo muy claro. Lo único que sé es que la forzaste a acostarse contigo. Y de una u otra forma ella terminó accediendo.

“Más por miedo, más a la fuerza que de ganas”-según dijo ella. Según se supo cuando él la confrontó…

Aunque…. Él No le creyó…

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Estoy seguro que tú conoces perfectamente los detalles de lo que pasó. Y ciertamente, te aclaro, No me interesa tu versión. Ya me la sé.

Al final, cuando ella por fin pudo salir de tu casa y escapar de ti. Corrió, corrió con todas sus fuerzas. Sólo quería olvidar lo que pasó. Hacer de cuenta que no sucedió. Y él nunca se hubiera enterado, nunca lo habría sabido sino fuera porque eres un imbécil. ¡Carajo! No puedo parar de decírtelo.

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Él la vio llegar muy tranquila, muy hermosa como siempre. Ella lo abrazó fuertemente. Le dijo que lo había extrañado tanto. Le dijo lo mucho que lo necesitaba. Que no quería separarse ya nunca más de él. Y él le correspondió. Y la besó y la acarició. Y Decidieron que a partir de esa misma noche ya nunca más se separarían.

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Pero, insisto, nada de esto estaría sucediendo sino fuera porque eres un imbécil. Y Ella… Ella también fue una estúpida.

Ella se propuso olvidar. Pretender que nunca pasó. Enterrarlo en la memoria y seguir adelante con su hombre. Pero de verdad que fue una imbécil… Y es que él no lo hubiera sabido nunca sino fuera le dejaste varias marcas en el cuerpo. Ella, no sé sino se dio cuenta o qué, pero no lo tomo en consideración. Pero esas marcas eran tan evidentes y él no pudo pasarlas por alto. Y le reclamó. Ella quiso evitar explicar por qué tenía esas marcas. Él insistió…  Pero pese a todo, Ella no se atrevió a confesar lo que había sucedido en realidad en ese momento.  Quiso justificarse diciendo una sarta de estupideces pero nunca la verdad. Y eso lo puso a él aún más enojado. Le dijo que no quería volver a verla. Fue el fin.

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Él se puso muy triste. Nunca imaginó que su amada lo engañaría alguna vez. La maldijo. Todo su amor se convirtió en odio en contra de ella. No podía entender lo qué había pasado. Ella le dijo que podía explicarlo. Que podía decirle la verdad, pero que temía mucho que la verdad los destruyera a ambos. Que temía mucho que aunque dijera la verdad Él no le creería… Ella le contó lo que pasó. Le contó que alguien la había forzado… Pero él no le creyó… ——————————*          *         *

Cuando estuvo más tranquilo pensó: “¿Y si ella esta diciéndome la verdad? ¿Y si todo es cierto y yo muy mierda no le he creído?” Salió entonces a buscarla. Dispuesto a escucharlo todo otra vez, a salir de dudas. A vengar el honor de su amada de ser necesario. Al verlo llegar ella corrió a abrazarlo.  Él dijo que quería saberlo todo. Que quería santo y seña de todo lo que había sucedido.

Pero Ella… Fue tan estúpida. Y Él, empezó a preguntar más y más cosas. Quizá le faltó un poco de sensibilidad o algo así. Pero ella no respondía a las preguntas. Ella quería olvidar. Le dijo que no quería saber nada al respecto. Que ya había pasado y que simplemente deberían olvidarlo.

“No-Dijo él-Nada de olvidar. Si lo que me has dicho es verdad, no voy a tolerar que se quede así como así. Yo no puedo quedarme con las manos cruzadas y hacer de cuenta que no pasó nada. Así que ahorita mismo me dices quién es y dónde vive; porque voy ir a buscarlo y le cobraré muy caro. Y luego, tú y yo lo vamos a llevar, al infeliz, ante las autoridades para que lo metan al bote. Nadie va a tocar ami mujer”.

“No, por favor no. Dejemos las cosas como están. Yo no quiero saber nada. Simplemente olvidar. Y ya. Entiende.”

“¿Olvidar y ya? Olvidar y ya… ¡mis huevos! ¿O es que todo lo que me has dicho es mentira?¿Es para justificar tu infidelidad o qué? ¿Si todo eso realmente pasó por qué no me lo dijiste de inmediato? ¿por qué esperaste hasta que yo lo descubrí?” “Te juro que es verdad todo lo que te he dicho. Y si no te lo dije antes fue por miedo… Miedo a que no me creyeras. Temí mucho que no me creyeras si te lo decía. Temí que me dijeras que era mi culpa. Que me dijeras que seguramente yo lo provoqué. Por eso”.

Él insistía con que si todo era cierto pues que actuaran de inmediato… Pero ella no cedía. Por algún motivo (¿vergüenza tal vez?) pero no quería hacer nada de lo que él le pedía. No quería ir tras su agresor. Y él se desesperó. Repasaba la historia que le habían contado una y otra vez. Recordó los detalles desde que la vio llegar: La vio llegar muy tranquila, muy normal, cómo si nada. Y luego, cuando estaban a solas y el la desnudó y vio las marcas en su cuerpo ella le dijo que unas cajas le habían caído encima, que así se había hecho esos moretones. Luego, como él no le creyó eso, le dijo que esos chupetones se los había hecho él mismo el día anterior. El no creyó nada de eso. ¿Quién se lo hubiera creído?  ¿Por qué ella no dijo la verdad desde el principio? ¿Por qué no quería hacer una denuncia? ¿por qué no quería que aquel que la abusó pagara? Se respondió a sí mismo que eso sería porque seguramente todo era mentira.  Así que le dijo que era el fin… que se olvidara de él para siempre. Que a él nadie le iba a ver la cara.

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Esas costuras invisibles que los unían se habían roto. Y no habría marcha atrás. Y decidió continuar su vida sin Ella. Y ella… tuvo que hacer lo mismo, seguir adelante sin él. El tiempo pasaría, quizás ella lograría superar lo que le pasó.  Si es que era verdad lo que dijo. El tiempo pasaría y él la olvidaría. Sería solamente una decepción más en su vida. De todos modos a él ya le habían advertido que ella no era de fiar. Con aquello lo había comprobado.

Y ese habría sido el fin.

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Te lo digo, ese habría sido el fin.  Ellos se perderían en la oscuridad y en el tiempo. Y tú te habrías salido con la tuya sino fuera porque eres un imbécil. Un ser tan vil y tan despreciable… 

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Un buen día, tiempo después.  Y esta es la parte en que te cuento el cómo llegamos hasta a aquí. Él entró en un bar con unos amigos. Se sentaron en una mesa y pidieron unos tragos. Luego jugaron pool durante un rato. Unas mesas más a la derecha estaba un grupo de chicas. Entre ellas estaban la hermana de mi colega y también estaba… ¡Ella! En ese bar, en ese momento, también había alguien más. Alguien que iba entrando. Ese eras tú ¿lo recuerdas? Casi al instante el grupo de chicas se retiró del lugar.  Imagino que se fue cuando te vio. Tú ibas con otros dos. Se pusieron a jugar en la mesa de junto. Todos vimos salir a esas chicas. Es que ellas saben llamar la atención. Un colega comentó lo buenas que estaban esas chavas y lo que daría por salir con alguna de esas. Y fue ahí donde cometiste un grave error. Te acercaste a mi otro colega y le dijiste, mientras señalabas hacia la calle, hacia ellas: “Son bien putas. Bien fácilotas. Ves a la de la minifalda… A esa me la cogí”. Todos se rieron. Y añadiste: “En serio. Y en la primera cita”. Y a partir de allí no paraste de hablar. No parabas de contarnos a todos en el bar el cómo un día te falló la moto y tuviste que detenerte a arreglarla. Y que allí… En la esquina estaba esa chava en un teléfono público. Nos contaste el cómo le hablaste, el cómo la invitaste dar una vuelta en moto. Que la llevaste a tu casa. Y que de allí ya no salió viva. Y no hubiera pasado de allí si no fuera porque eres un imbécil. Dijiste: “La verdad no quería aflojar, pero de que aflojó… ¡Aflojó!”  En ese momento me puse a atar los cabos sueltos en la historia de Ella. Ella me contó lo que pasó. Casi todo. Pero en su momento no le creí. Pero cuando tú contaste los sórdidos detalles… La historia se complementó y supe que ella dijo la verdad… Que un hijo de puta la había violado…

Todo eso es lo que nos ha traído hasta aquí… Aquella tarde que te encontraste con ella… No debiste  haber perdido el control… No debiste haber tocado a esa chica sin su consentimiento, no debiste haberla tomado a la fuerza… No debiste haber abierto la boca en aquel bar… No debiste ser tan imbécil. Si no fuera por todo eso…

Ella y Él estarían juntos. Serían felices. O tal vez no. Pero al menos Ella no cargaría con ese trauma. Sino fuera por eso… Si no fuera por tu culpa. No estaríamos aquí.

Yo enciendo otro cigarrillo y mis colegas empiezan la “fiesta”. Hemos investigado. Ella no ha sido la única con la que te has pasado de listo. Hablamos con varias chicas. Pero de algún modo, no sé por qué, nadie te denunció. Y por eso estamos nosotros aquí. Para hacer justicia. Lo que nosotros consideramos justo. Aunque para ser franco, lo justo hubiera sido hacerte sufrir lo mismo. El problema fue que no encontramos a nadie que quisiera violarte a ti.

Pero de que te haremos sufrir… Lo haremos.

El tipo grita. Suplica. Lloriquea como un bebé. Empieza a rezar a Dios todo poderoso para que lo ayude. Yo le respondo con una serie de complejas maldiciones… y mis colegas con una lluvia de puñetazos en el rostro. Poco a poco su cara va creciendo, perdiendo su forma original.  Sus facciones van moviéndose de lugar hasta quedar irreconocible.

La sangre salpica, se queda en los puños. La sangre escurre. Se pega a la suela de mi bota. Me doy la vuelta y enciendo otro cigarrillo. Mis colegas harán el resto.

Para mañana seguro que habrá un grandísimo alboroto por esto… No me importa… Ya he vengado el honor de mi chica…

Ya hemos acabado contigo…

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