El primer Beso…

Hace unos días leyendo un post en el blog de Azul Celeste sobre el primer beso empecé a recordar cómo fue para mí esa primera vez. Y recordé cómo fue también el primer beso con el aún amor de mi vida.  Y sí, sí me acuerdo…

Recuerdo mi primer beso de verdad…

Mi primer beso sucedió cuando tenía 15 años. No fue como lo había soñado, ni con ninguna de las chicas con las que había soñado.  Pero pasó. Sucedió allá en el bosque de Chapultepec, junto al lago para ser precisos, con una chica llamada Martha Cecilia. 

Conocí a Martha Cecilia casi por casualidad en uno de esos días calurosos de primavera, de esos días en que hace tanto calor que lo que quieres es andar ligero y con poca ropa. Me la presentó mi amigo Alejandro, a quien apodabamos, a petición de él, como “El chaquetas”. Sucede que era novia de él.  La conocí justo antes de ellos terminaran su noviazgo y comencé una amistad con ella. Muy a mi pesar. Era la ex novia de mi mejor amigo. Me parecía un poco raro ser su amigo.

Era una chica delgada, bajita, güera, con una cabellera larga y rubia, tendría aproximadamente unos doce o trece años. Creo recordar que siempre llevaba una chamarra color marrón un poco desgastada, una bufanda negra que apenas dejaba ver tras ella unos hermosos y vivaces ojos, aunque inquietantes, y una flequillo bien peinado, de los que hacían furor en aquellos años ‘90. Me llamaba mucho la atención que siempre andaba abrigada pese al calor característico de la primavera pero siempre se veía fresca como la mañana.  Pero, sobre todo, que tenía un interés enorme acerca de mí. De pronto se empezó a aparecer  por todas partes. Me la encontraba camino a la escuela, en los pasillos, en los descansos y de regreso a casa también. 

A mí me caía bien, pero hasta ahí. Yo estaba muy atraído por otra chica, así que no tenía ningún interés en Martha. Aunque ciertos compañeros malintencionados quisieron relacionarme con ella y otros, no sé si por envidia o malicia, aseguraron que nos habían visto salir juntos de mi casa en varias ocasiones, lo cierto es que constantemente estaba cerca de mí. A decir verdad, tampoco me hubiera importado que lo que insinuaban hubiera sido realidad pues ciertamente me resultaba muy linda. Pero caray, que era una chica de primero y creo que eso le restaba un poco de importancia para mí. La verdad es que había muchas chicas que me resultaban más atractivas que ella. 

Durante semanas estuvo Martha tras de mí hasta que un buen día llegó y me regaló una tarjeta(Y no era mi cumpleaños, ni era San Valentin). Acto seguido se me declaró. Me dijo que estaba muy enamorada de mí y que quería que fuera su novio. Me sentí halagado. Me quedé de a seis. Pero le dije que lo nuestro no podía ser. Que ella estaba muy chica para mí. Que además, y lo más importante, a mí me gustaba otra chava. “Sí, ya sé”-Me dijo-“Ya sé que te gusta la Gomora, como a todos. Te he visto  con ella. Y como todos andas detrás de ella, pero, como a todos, a ti también te va a rechazar. Así que no te hagas ilusiones”.  Sí me gustaba mucho la Gomora, no lo niego, pero no tenía tampoco mucho interés en ella, a mí en realidad me gustaba más, mucho más otra chica de mi salón llamada Ana, pero en fin. Que le dije a Martha que no sería su novio. Y que me incomodaba un poco su acoso.  Puso su cara triste y me dijo que lo pensara. Que ella estaba dispuesta a todo por mí, que quería hacerme feliz y ser feliz a mi lado y cosas así.  Sin saber qué decir, se me ocurrió simplemente decirle que quizá después tendríamos nuestra oportunidad. 

No vi a Martha durante algunos días. Hasta que un sábado por la tarde se presentó en mi casa. Mi madre abrió la puerta y casi me obligó a que saliera a atender a mi visita. Y a que aceptara la invitación que me hacía para que fuéramos a Chapultepec el día siguiente. Me dijo mi mamá que no fuera pendejo, que era una muchacha tan bonita. No me pude negar y al día siguiente salí con ella. Media hora en microbús y otra hora más en metro pero llegamos. Comimos algodón de azúcar, bebimos naranjada, un tipo nos leyó la mano y nos auguró buena suerte, un fotógrafo nos estafó y junto al lago un pato nos salpicó de agua. Ella me abrazaba y se acercaba demasiado a mí, era obvio que quería que la besara. Yo no sabía que hacer. Le rehuía a besarnos.  

          “¿Qué pasa? ¿De verdad no te gusto nada? ¿O es que nunca has besado a una chica?” 

          “¿Qué pasó, cómo crees?”

Claro que nunca había besado a una chica. Pero no iba a decírselo. Yo tenía 15 años y ella 12 o 13. No sabía como hacer para besarle. No sabía si debía usar sólo los labios O si debía usar también la lengua. Y si lo hacía ¿Hasta dónde debía hacerlo? Uno ve muchas películas, ves a las parejas besarse en la televisión, en la calle, en todos lados. Parece tan fácil. Y de hecho lo es. Como descubriría ese día. Pero en ese momento estaba muy nervioso. 

Yo sólo me acerque un poquito y ella hizo el resto. Yo me dejé llevar. Me dejé querer. No era tan difícil después de todo. Nos besamos y nos besamos. Era genial. No era la chica de mis sueños pero besaba realmente genial. Y lo mejor de todo era lo que me decía: “¡Besas bien rico! Estás bien guapo, eres lo máximo…” Ella supo muy bien como alimentar mi ego. Supuse que no estaba nada mal para ser la primera vez.

Todo iba bien hasta que tomamos un descanso de los besos y nos abrazamos frente al lago. Justo ahí empezó mi tormento. Sentí unas nauseas horribles. Me contuve lo más que pude. Y cuando no pude más corrí a un sanitario y me vomité. Le dije que quizá todas las golosinas que habíamos comido y el olor que desprendía el lago me habría provocado las nauseas y el vomito. No dijo nada. Continuamos con el paseo. Ella insistía en besarme. Yo me sentía un poco apenado. Me compró unos chicles. Me dijo que no le importaba que hubiera vomitado. Me dijo que estaba enamorada de mí y que me quería por sobre todas las cosas. Que estaba dispuesta a luchar por mí y a hacer cualquier cosa que yo le pidiera. Yo estaba fascinado. No sabía ni qué decir. Debo reconocer que en ese momento aún era yo muy inocente y ni siquiera pasó por mi mente aprovecharme de ella. Pasamos un lindo día después de todo. Fue genial, nunca lo olvidaré. Ella me preguntó que si ahora sí ya sería su novio. Mi respuesta fue lacónica: “No”. Le dije que me la había pasado muy bien pero que eso no cambiaba las cosas. 

Martha Cecilia y yo no volvimos a salir después de ese día.  Poco a poco nos distanciamos. De vez en cuando me la encontraba en la calle o en la escuela y a veces me saludaba. Cuando terminé la secundaria Fue el fin. 

No volví a saber de Martha hasta varios años después cuando me la encontré una mañana en la parada del autobús. Al principio no la reconocí. Yo esperaba mi camión y de repente veo a un lado a una chica preciosa ataviada con un uniforme escolar color azul con el logotipo del CONALEP. La miré tímidamente, de reojo. Me pareció realmente atractiva. Supongo que ya se me había pasado lo inocente y la desnudé en mi mente y pensé ¡Que hermosa mujer! No supe que ella era Martha Cecilia hasta que, como antes, tomó la iniciativa y me habló. 

“Sí, sí soy yo. No se te vaya a caer la baba”.  Me sentí muy avergonzado de que me hubiera pillado mirándola. Al fin la reconocí y me acerqué a saludarla. Estaba yo muy sorprendido, es que se parecía muy poco a la Martha que recordaba. Todo en ella se había incrementado, y para bien. La verdad es que se había puesto buenísima. 

Empezamos a charlar.  A ponernos al día. Se nos pasaron varios camiones. Me dijo que ahora vivía en un edificio que estaba frente a mi casa que nos estaríamos viendo más seguido. Y así fue. Me la encontraba casi todos los días. Y yo era quien corría a saludarla. Parecía que ahora era yo quien la acosaba.  A veces me daba la impresión de que ella sabía lo que pasaba por mi mente y se divertía. Jugaba conmigo. A veces me daba entrada, a veces se acercaba tanto a mí. Me dejo varias veces con los labios besando al aire.  El caso es que se habían invertido los papeles y que nunca más pude besarla otra vez.  Me quedé con las ganas. E igual que antes fui perdiendo el interés y nos distanciamos. 

Lo último que supe fue que se casó, tuvo 3 hijos y era toda una ama de casa. Todavía la he llegado a ver de lejos pero nunca le he vuelto a hablar. Le he visto pasar con sus tres hijos y su marido. Se ve tan diferente. Ya ni me parece atractiva. Y pensar que con ella fue mi primer beso. Y pensar que después se puso buenísima. Y pensar que ahora es apenas y la sombra de lo que fue. 

A veces pienso en l oque hubiera pasado si le hubiera dicho que sí cuando tuve la oportunidad. ¿Sería yo su marido y el padre de sus hijo? Nunca lo sabré. 

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3 thoughts on “El primer Beso…

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