ERN27 No dejes que…

Cuando veo a través del vaso veo A través del Tiempo...

Ese día comprendí lo que significaba esa canción de los Caifanes.

Nataly y yo teníamos algunas cosas en común. Una de ellas era la música que nos gustaba. El regreso de Nataly a mi vida vino acompañado de muchas cosas, entre ellas, la música de los Caifanes. Principalmente su canción favorita: “No dejes que…”  

Era miércoles, era el amanecer...

Ha sido una noche larga llena de alcohol en Peter-Odette. Bien dice mi madre que este lugar ya no parece otra cosa sino un congal. Nunca falta la música, el alcohol o las mujeres.

Al fin ha amanecido  y Andrea sigue abrazada a mí con tanta fuerza. Es una mujer tan excitante.  Me besa con gran pasión, con tanta fuerza; y lo hace de un modo tan salvaje que la boca me duele.

Se aparta de mí solo para volver a llenar nuestros vasos de cerveza. “Esto no se acaba hasta que se acaba”.  Brindamos, me dice “Salud” y comienza a beber hasta el fondo, hasta que ya no queda nada. La miro y pienso que luce muy sensual mientras bebe. Al ver sus labios en comunión con el vaso puedo notar cómo una gota de cerveza escapa de su boca y lentamente viaja hacia su barbilla, recorre su cuello y va bajando más y más hasta perderse entre sus senos. Quizá con rumbo a su corazón.  Me tiene hipnotizado. Ella voltea hacia mí y sonríe. Nos miramos fijamente. Se acerca y me besa una vez más. Le digo lo mucho que me gusta, le digo que me encanta. Ella me dice que también le gusto y que quiere que escuche su canción. Teclea algo en la computadora, le da play. “Escúchala bien, niño. Esta es mi canción”. Comienza a sonar una salsa, se llama “Yo no sé mañana”, de Luis Enrique. La escucho y al meditar un poco en el mensaje que tiene esa canción pienso que al menos Andrea es sincera. Hoy está aquí, mañana quien sabe. Pero ya sé a qué atenerme con ella. Y espero que ella sepa a qué atenerse conmigo. Supongo que lo sabe.

Pienso en Nataly… Ella también tiene su canción. Nataly y yo teníamos algunas cosas en común. Una de ellas era la música que nos gustaba. El regreso de Nataly a mi vida vino acompañado de muchas cosas, entre ellas, la música de los Caifanes. Principalmente su canción favorita: “No dejes que…”

“Pero la que me gusta es la versión original de los Caifanes porque tiene un riff inicial estupendo. Es una de esas canciones inmortales, indeleblemente marcadas en mi mente. Una de esas canciones que son capaces de poner de cabeza a todo un bar tan solo al momento de sonar los primeros acordes, además de que posee una de las mejores melodías que la banda haya compuesto jamás; y Marcovich ejecuta un solo impecable que me llega, que me eleva y me transporta”-Solía decir cada que tenía oportunidad. Y la cantaba con tanta inspiración. Nos encantaba ir al Karaoke a cantar, y esa canción era la de cajón.

Los Caifanes, los Jaguares y Saúl Hernández eran un tópico recurrente en nuestras charlas. Ella tenía todos los discos, se sabía todas las canciones, las historias  y anécdotas que giraban alrededor de esa banda. Me platicaba el cómo la lucha de egos entre Marcovich y Hernández llevaron a la disolución de la mejor banda de Rock que tuvo este país. Y que después de muchos años juntos, y casi al final, ellos sólo tenían en común: “El esqueleto y el mismo número de cromosomas”.

Cuando la escuchaba hablar acerca de su banda favorita me hacía recordar a Rocío Liz cuando, de igual forma, me platicaba acerca de Moenia, su grupo musical preferido. Si los ídolos de Nataly eran Saúl y Marcovich, los de Rocío Liz eran, creo, Juan Carlos Lozano y Alfonso Pichardo. Es que siempre es así, siempre encuentro algo que me hace pensar en Rocío Liz. Y no sé por qué…

Cuando la canción de Andrea termina le digo que quiero escuchar la de Nataly. Le digo que la ponga y ella lo hace. Luego, vuelve a llenar los vasos de cerveza y enciende un cigarrillo.

Ella me dice “¡salud!”. Volvemos a brindar y…  Ahí, en ese momento… (Como dice la canción) Puedo ver a través del vaso…

Me da el ataque de nostalgia, “veo a través del tiempo” y me vienen los recuerdos. Es como Nataly dijo: De pronto me llega, me eleva y me transporta.

“…Donde los sentidos se dislocan…” De pronto no estoy aquí, no siento nada. Estoy en otro lugar en otro tiempo “…donde los temores se evaporan…” Estoy en los buenos tiempos. Estoy feliz y me siento seguro.

Estoy en aquel lugar. La humedad invisible en el viento se eleva, se condensa y súbitamente toma cuerpo y forma… Y se hace presente: Es el Rocío de la mañana. ¡Es Ella! Dulce y cálida, casi etérea. Es bella y es mía… Ella confía en mí, me habla de su vida, de sus temores. Y yo, le digo que no se preocupe, que la salvaré de todo cuanto le asuste y que la llevaré muy lejos. Le digo tantas cosas, le digo que… Le digo que la quiero. Y ella me besa y me dice que me ama. Me dice cosas tan lindas… Me dice que soy el único al que ha amado de verdad…

Doy un salto en el tiempo. “… Y aprovecho para desdoblarme, para salir del vaso… Con las paredes sudo tu rastro,  con la memoria busco tu rostro.”  Nos hemos perdido el uno al otro pero Sé que estás en mí, dentro de mí… “Y no sé por qué…” Debería importarme ya una mierda lo que sea de Ella. Pero me acuerdo. Ya no sé por qué y “No me importa saber por qué…” Es demasiado fuerte.

El rocío se ha ido de mi lado, pero sólo le pido: “No dejes que  nos coma el diablo amor, que se trague tu calor, que eructe en mi dolor…”

Andrea me ofrece otro cigarrillo y me trae al presente. Le digo que ya sé de qué va esta canción. Va del pasado, del presente y el futuro. Estoy seguro que  nos volveremos a encontrar.  Porque “Cuando veo a través del humo, me voy volando y tú eres mi guía”. Mis pensamientos siempre vuelven a ella.  “Entre los mundos nos haremos viejos, donde algún día estaremos tranquilos” Nos hemos separado pero tengo fe en que algún día estaremos juntos otra vez. Aunque tenga que pasar mucho tiempo para eso. Pero imagino un futuro diferente para nosotros. Como dice la canción de Andrea “Yo no sé mañana”.

Uno nunca sabe…

Hace unos días estaba feliz con Nataly. Y ella estaba feliz conmigo. Y hoy no sé donde este. Y yo ya estoy con otra chica… Vueltas que da la vida…

Van a dar las ocho de la mañana. Se está haciendo tarde. Andrea tiene que ir a trabajar y yo tengo que atender mis asuntos…

Es hora de largarse. Andrea me abraza y me besa despacio.  Me dice que ha sido una velada estupenda. Que nunca se imaginó que esto sucedería. Me toma de la cara. Me mira de un modo tan tierno, luego pregunta.

“¿Qué procede?”  Tú sólo sonríes. No sabes qué decir. Providencialmente Suena el teléfono celular. Es un mensaje de Nataly.

“Cambio de planes. Ya No me busques. Perdóname”. Apenas lo miro y… No pasa nada. Estoy tranquilo y sereno. Y al fin le respondo a Andrea:

“Nos vamos a desayunar”

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