El Regreso de Nataly 25 ¿Por Dónde Íbamos…?

Después de varias Semanas en Pausa. Al fin… Continúa La Saga de El Regreso de Nataly.

“Cuando estás soltero y buscando una pareja para una relación seria, sólo buscas aquella relación que contenga el final feliz. Pero sólo una de nuestras relaciones puede terminar así. Las demás… Acaban con alguien perjudicado. Esta Es una de Esas Historias y termina con El Adiós De Nataly…”

¿Por Dónde Íbamos…?

Creo que todo comenzó Hace 6 años (ya casi siete) cuando Conocí a una bella mujer llamada Nataly. Ella era como esa mujer de mis sueños: Era bella, inteligente y divertida; era güera, ojos color ámbar, con una cabellera larga y lacia y con una figura tan divina que nadie le creía que a los 21 años ya tuviera una hija de cinco.

En aquel entonces Nataly y yo tuvimos una conexión instantánea e iniciamos una hermosa relación. Todo iba bien hasta que las cosas empezaron a ponerse demasiado serias y yo me achanté. Pensé que era demasiado joven para comprometerme en una relación que ya incluía una familia instantánea. Formar una familia(o anexarme a una, que fue como lo pensé en ese tiempo) no estaba en mis planes. En ese momento lo quería era vivir la vida,  por fin terminar una carrera, trabajar y hacer algo provechoso de mi vida. Quería ser profesor, quería ser escritor y muchas cosas más. Pensé que no era el momento para comprometerse. Así que decidí terminar esa relación.

Y fue el fin. La despedida fue dolorosa. Pero en ese momento creí que era lo mejor para ambos. Para los tres. Nos dijimos adiós y Nunca nos volvimos a ver hasta el día en que regresó, 6 años después.

Algunos años después…

Estaba yo en el último año de la Universidad conocí a Rocío Liz, el amor de mi vida. Y me sentía pleno y feliz. Seguro de que estaba en camino de conquistar mis sueños y de que la historia con el anhelado final feliz estaba más cerca que nunca.

Me sentía tan feliz con esta mujer como nunca antes me sentí. Sentía que al fin vivía la vida plenamente a su lado. Veía al lado de ella a la mujer perfecta, veía con ella todos mis sueños y anhelos realizados. Rocío Liz era (Como Nataly) una mamá soltera y tenía una hija de 5 años, también me enamoré de su hija. Las cosas se estaban poniendo serias entre nosotros, pero esta vez era diferente, ahora no tenía miedo. Es que esta vez si estaba muy enamorado. Es que Ella era la mujer perfecta. La mujer de mis sueños hecha realidad. Tangible. Era la única, la elegida. Todo era bello a su lado. Había magia. Había amor. Habíamos pasado tantas cosas juntos…

Y todo parecía ir bien. Sin embargo, en la víspera del invierno la vida estaba por dar un giro inesperado. Es que así es la vida… Por momentos maravillosa, por momentos realmente horrible…

Aquella mañana de domingo desperté con una leve resaca debido a una fiesta a la que fui la noche anterior. Pensaba en mi amada y en que se acercaba la navidad y el año nuevo. Pensaba en los regalos que compraría para mi novia y para “nuestra” hija.  Súbitamente sonó el teléfono y me sacó de mis pensamientos. Era mi papá. Y me pareció un poco raro, por lo que me dijo y porque casi nunca me llama. Apenas me saludó y me dijo que lo escuchara atentamente. Que quería pedirme un gran favor. Me preguntó si tenía algo de dinero a la mano, porque lo iba a necesitar para el favor que me pediría. Le dije que sí.

“Es que verás, anoche tuve un sueño. Una premonición. Soñé que andaba por el Centro Histórico…”

Me dijo que soñó que compraba un billete de lotería sobre avenida Pino Suárez, en la esquina de Corregidora. A un ladito de Palacio Nacional. Y me dijo: “Compra el numero 11o11, es el que soñé”.

La verdad es que me sorprendió con lo que me dijo, primero porque su sueño estaba lleno de detalles(un mercado saliendo del metro, un hombre que vendía ventanas, descripciones de calles, personas y lugares y más) y segundo porque hace 27 años que él no vive en México. Y todavía más sorprendido porque que fuera precisamente ese número, el “11011″. Es que desde que conocí a Rocío Liz mi vida se estaba llenando de números 11. Ella tenía ese trauma. Y de verdad que ese dichoso número se aparecía en todas partes.

“¿Ese número?”

“…Sí, Hijo. Es ese número, se me quedó bien grabado. Por eso quiero pedirte que vayas y lo compres. Estoy seguro que es como una premonición y  no quiero dejarla pasar”-Me decía mi padre.

Yo le dije que iría  a comprar el billete. Luego colgó. Me quedé pensando mucho en ello. ¿Ir o no ir? Esa era la cuestión. Tenía una flojera de ir tan lejos.

“¿Y qué tal si el viejo está delirando y nomas voy hasta allá para nada? Digo… ¿Qué probabilidades hay de que salga ese número?” Lo veía yo muy difícil (Para ser exactos era una posibilidad entre 90, 000). Más aparte ¿Qué posibilidades hay de que yo lo encuentre, y en ese lugar? (Mínimo, otra entre 90000). No estaba muy convencido. Pero tampoco quería dejar la duda en el aire. ¿Qué tal que si sí era verdad y me ganaba la lotería?

Y pues que voy. Y lo hice por el mismo camino que me dijo que siguió el viejo en su sueño. Al salir del metro Pino Suárez lo primero que veo al frente se asemejaba mucho a un Mercado. Como dijo mi Viejo. No era precisamente un mercado, pero sí era algo muy parecido. Una plaza comercial muy grande. Caminé hacia La Avenida Pino Suárez. Y emprendí el Camino con dirección al Zócalo. De repente sentí como que el sueño de mi padre cobraba vida y yo entraba allí en lugar de él, cuando me voy dando cuenta que toda la descripción que me dio concordaba casi exactamente con lo que estaba viviendo. Fue sorprendente. Me pareció fantástico todo lo que ocurría en mi búsqueda de ese billete de lotería. Y así pues, al llegar a la calle de Corregidora: En efecto, allí estaba un pequeño quiosco de Lotería, periódicos y revistas. Y la persona que atendía era como la describió mi padre. Y por si aún no era suficiente, al acercarme al cristal para ver las series exhibidas, el primer número que vi fue: ¡¡El 11011!! ¡Ese preciso billete, precisamente en el lugar donde me dijeron que lo encontraría!

Apenas me sobrepuse de la sorpresa y la emoción, compré los últimos cachitos que quedaban de esa serie. Estaba yo que no lo podía creer. Pero al tener el billete en mis manos lo creí. Muy feliz y muy contento me fui a pasear por el Zócalo. Fui a ver a los bailarines aztecas. A comprar algunas chucherías. A la pista de hielo y hasta a la catedral a persignarme.

El sorteo era para esa misma noche, así que me fui a trabajar y a esperar a que llegara la hora. No dejaba de pensar en lo que haría si ganaba.

“Ya me vi”-Pensaba yo. Ya me estaba gastando el premio. Le compraría una casa a mi Rocío y a mi Paola. Nos casaríamos y la boda sería en grande. Compraría un auto nuevo. Nos daríamos la gran vida y un montón de cosas más. Me aluciné durante toda la tarde.

Como era domingo, me acordé que Rocío Liz estaría en casa de su abuela. Así que se me ocurrió llamarla por teléfono para contarle lo que había pasado y de paso, aclarar otros asuntos. El sueño de papá, los billetes, los números, lo que pasó en el zócalo, lo de la fiesta de mis amigos la noche anterior, etc.

“¡Hola, Baby! ¡Mi amor! ¿Cómo estás?- le decía Yo bien emocionado-¿Qué crees que pasó…?”

“¡Ah! Estoy Muy bien, gracias. ¿Qué pasó?”-Me respondió en un tono muy serio, indiferente. Ni rastro de su dulce voz diciendo las palabras más hermosas que un hombre puede escuchar. Y creo que allí fue cuando empezaron los problemas. Y me arrepentí de haber hecho esa llamada. Para empezar no me gané la lotería. No saqué ni un miserable reintegro. En vez de ganar, ese día perdí mi mayor tesoro. Perdí a Rocío Liz.

Ese día, durante esa llamada, de repente, terminamos nuestra relación… Bueno, ella la terminó por los dos. ¡Por teléfono!

Al colgar el teléfono recordé lo que Mi padre me dijo aquella mañana: “El número que soñé es el 11011, estoy seguro que tiene algún significado”. Y quizá tenía razón, porque Rocío Liz siempre me dijo que ese número significaba muchas cosas. Que estaba ligado a ella. Yo siempre me mostré escéptico. Pero no dejé de preguntarme desde ese instante si ese número, el 11, estaba conectado con todos los sucesos que acontecieron ese día, como sí estuvo conectado con otras situaciones.

Finalmente no hubo final feliz. Rocío Liz me avisaba que se iba de mi vida mediante una llamada. Fue terrible. Los primeros días fueron los peores de mi vida, fue una época muy oscura. Al menos para mí.

Sin embargo…

Un buen día te compras un teléfono nuevo. Ese mismo día encuentras por casualidad una vieja agenda. Revisas los nombres. Uno captó tu atención: “Nataly”.  A tu mente acude el recuerdo del tórrido romance que viviste años atrás a su lado y piensas en llamarle.  Te lo piensas un poco. Piensas en si deberías llamar o no. Igual y ya ni siquiera es el mismo número. Igual y ya esta casada, comprometida o Dios no lo quiera: ¡Gorda!

Pero no puedes quedarte con la duda, así que ¿qué haces? ¡Pues llamas!

Y fue así que con un teléfono nuevo, una vieja agenda y una llamada telefónica comenzó El Regreso De Nataly.

Después de llamar a Nataly, concertamos una cita y comenzamos a salir. Otra vez. Y aunque yo no había superado la ruptura con Rocío Liz Mágicamente Nataly estaba de vuelta en mi vida Y su regreso trajo consigo algunos cambios. Principalmente que empecé a sanar,  estar con ella me hizo recordar el cómo es sentirse parte de una pareja. Cuidar de alguien que cuida de mí.

Me costó trabajo al principio, yo me sentía un poco confundido porque no conseguía exorcizarme de Rocío Liz. No podía evitar hacer comparaciones entre ambas: Ambas eran güeras y hermosas, ambas eran mamás solteras, Ambas eran medio raras y tenían sus traumas. Cuando estaba con Nataly todo era perfecto. Pero cuando estaba lejos de ella Rocío Liz me atormentaba.

Y aún así, De a poco, fuimos conviviendo más y más. Volvimos a conocernos. Ella era ahora toda una actriz. Liliana, su hija, había crecido. Ahora era ya casi una señorita. Empezamos a hacer muchas cosas juntos. Como pareja y como una joven familia. Una vez más.

Nataly y yo nos entendíamos muy bien en casi todos los aspectos y me llevaba de maravilla con su hija y cada vez estaba más y más convencido de que ella era de verdad mi pareja perfecta.  Como ocurriera seis años atrás, las cosas empezaron a ponerse serías entre nosotros. Y daba gracias porque estábamos juntos otra vez. Porque me había salvado del infierno en que me encontraba antes de su regreso. Porque a su lado me daba cuenta de que ser feliz era más sencillo de lo que yo creía. Mucho más sencillo de lo que era al lado de Rocío Liz. A quien seguía viendo. A quien no podía olvidar.

Fue en ese punto donde tuve que tomar una decisión: entre una Rocío que oscilaba entre fugas y apariciones, y una Nataly que permanecía junto a mí siempre y me hacía feliz… Me decidí naturalmente por Nataly, aún a sabiendas de que Rocío y su recuerdo seguirá acechándome y vigilándome en cualquier recoveco de mis días y noches por venir.

Una noche en Morelia  Nataly y yo decidimos dar el gran paso: Nos iríamos a vivir juntos, formaríamos una familia. Nos casaríamos y tendríamos un final feliz.

Nataly me dijo: “Mañana empieza nuestra nueva vida”.

Y llegó mañana, el gran día en que empezaríamos una nueva vida. Pero una vez más, como antes…

La vida dio un giro inesperado.

Sí, creo que por aquí íbamos…

Es Martes y estoy esperando a Nataly en el lugar de siempre. Nervioso, emocionado, pero seguro de que la quiero y de que  quiero empezar una nueva vida a su lado.

El aire está impregnado de un intenso olor a café pero cuando se abre la puerta del restaurante, para que entren otros comensales, por el umbral  se levanta la brisa, y hasta donde estoy siento llegada el denso aroma de las lilas y el perfume más delicado de los claveles en flor plantados en el jardín de la entrada, y que se funde con el aroma del café para crear una mezcla única.

Pasan los minutos, sé que Nataly siempre llega tarde. Es culpa mía por ser puntual.  El tiempo no se detiene y cada que alguien entra volteó a ver si es mi chica quien atraviesa la puerta. Pero no llega.

Miro hacía afuera por la ventana. Escucho el el seco zumbido de los coches al pasar por la avenida, este repaso a través de leves acelerones y pausados claxonazos. De pronto ya pasó más de una hora y ese bullicio allá afuera parece hacer aún más angustiante mi espera.

“Bum, bum… Bum, bum…” Mi corazón empieza a latir fuertemente. De pronto tengo un mal presentimiento. Pero espero a que se disipe.

Cuando la mesera llena por cuarta vez mi taza y me ofrece otro pedazo de  pastel es cuando decido Telefonear a mi novia por última vez pero no obtengo respuesta. Me desespero. Pago la cuenta y Salgo la calle, doy una vuelta. En un puesto de revistas compro un paquete de cigarrillos Marlboro rojos, leo los titulares de los periódicos y las revistas. Cruzo la avenida y se siento en una banca a esperar. Pienso que quizá algo le ha pasado. Mando algunos mensajes de texto con el celular y esperó una respuesta que nunca llega.

Trato de tranquilizarme pero al quinto cigarrillo es cuando al fin me levanto y voy hasta su casa. Al llegar, Toco la puerta pero nadie abre. Voy a retirarme cuando se me ocurre que tal vez en la casa de al lado podrían darme alguna razón. Así que toco el timbre. Esperó unos momentos hasta que empezó escuchar ese chirrido molesto, la puerta se abre. Es una mujer algo mayor, le pregunta que se me ofrece. Pregunto por Marco, el ex de Nataly, el padre de Lily. Si algo ha pasado el debe saber. La mujer me informa que no está, que ha salido de viaje y que no tiene para cuando volver.

-Es que, En realidad, a quien buscó es a Natalia.

-Pues, si es así, entonces tiene que tocar en la casa de junto.

-Si, ya lo sé. Pasa que nadie me abre y se me ha ocurrido que tal vez Marco podría darme alguna razón.

-Pues si, pero le digo que no está. Salió afueras y no se cuando vaya a regresar. Pero mira, allí viene la mamá de Nataly, pregunta ella.

Y eso es lo que hago. Le pregunto a mi suegra. no hemos tenido oportunidad de conocernos mucho hemos cruzado apenas unas cortas palabras. Se suponía que en este día era cuando la conocería formalmente, pero nadie acudió a la cita.

-Señora, disculpe, es que estoy buscando Natalia. Quedamos de vernos, pero no llegó y no me contesta las llamadas. ¿Le pasó algo? ¿Está bien? Yo soy…

Ella me interrumpe. Mi corazón late más fuerte y mi mal presentimiento toma forma.

-Sí, ya sé quién eres. La mujer se pasa la mano por la frente y me dice, con la mirada baja: mira, muchacho. Lo único que te puedo decir es que no te preocupes. Puedo asegurar que ella está bien.

-Ok, está bien. Eso ya es un alivio ¿Pero dónde está?

-Lo siento mucho, pero tendrá que esperar a que ella te busque o se comunique contigo. Eso es todo lo que te puedo decir. Buenos días.

Y así sin más, la mujer entró en su casa.

El tiempo se detiene, todo es silencio. Me voy de allí. Estoy molesto. Me siento frustrado. Creo que ya sé que está pasando. Es como si tuviera una especie de premonición. Sin que me lo hayan dicho ya sé lo que está sucediendo. Aún así tendré que esperar. Esperar es lo mío. Y espero lo peor. Y que verdad más dura, más fría. Pero hago acopio de toda mi paciencia. Prefiero esperar antes de volverme loco. “Primero confirmar los hechos, después podrás distorsionarlos”.

Así que Peter se fue de ese lugar. Vagó sin rumbo durante un buen rato. Decidió irse a trabajar, distraerse. Luego, decidió beberse unas cervezas. Estaba tan deprimido, sentía que el mundo, que el plan que había estado maquinando se estaba derrumbado. Y cuando creyó que el día no podía empeorar…

Empeoró (Ver RN 18).

Está en su negocio bebiendo una cerveza cuando de pronto Un sujeto le apunta a la cara con un revólver. Pretende asaltarlo. Algo dentro de él explota. Ha decidido que no va a dejar que lo despojen de sus pertenencias. El número 11 brilla en su escritorio. Y de algún modo logra frustrar el asalto. El 11 vuelve a brillar. Improvisa una fiesta, sigue viviendo toda la tarde y toda la noche. Y para cuando amanece no sólo casi ha olvidado la frustración del día anterior sino que incluso tiene una nueva chica. Se llama Andrea(Ver RN 17).

Por aquí íbamos…

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