Malditos Lunes

Lunes MalditosLos lunes siempre han sido fatales para mí. Aunque astrológicamente digan que es mi mejor día, pues la luna rige mi signo.

Los lunes parecen destinados a la tragedia griega. De verdad. Por más que trato de prepararme desde el domingo(el día del sol, de la luz) , el lunes siempre me sorprende como gato tierno en las primeras horas de la mañana, pero ya por el medio día, traicionero, saca sus terribles garras. Los lunes me pega la tristeza, el dinero no me alcanza, descubro listas enormes de pendientes, el carro se descompone, se me va la luz sin guardar el trabajo en la computadora, se me hace tarde para el trabajo.

Los lunes resultan ser la concentración del mal y la desdicha, y por eso decidí elevarlos al rango de mi día oficial para el sufrimiento.

Por ejemplo, aquel lunes cuando caí presa de una repentina fiebre y sus respectivas alucinaciones. O aquel lunes en que sucumbía por el golpe accidental propinado por mi labor de referí. El descalabro fue ocasionado por el tremendo pleito a voces entre  Sonia y Braulio diciéndose hasta lo que no. Ellos tan buenos y tan lindos tampoco podían librarse del terrible influjo de los lunes malditos.

O como aquel lunes donde me vi en el dilema de aceptar la propuesta de matrimonio de Luis y tener una vida como todos los demás , o bien, seguir esperando quién sabe qué o a quién. Pocas veces mi sueño es perturbado y esa noche fue de esas ocasiones de insomnio.

La disyuntiva era clara:

Una sencilla estabilidad o seguir apostándole al azar. Disfrutar con el equivocado o seguir esperando al indicado.

Este tipo de encrucijadas no era nuevo en mi vida. Pero no estaba segura de aceptar a alguien que me leía incorrectamente.

Luis como todo  buen príncipe azul, creía que él me iba a salvar, que yo era una como una triste damisela en apuros,  una mujer confundida que vivía sin tener metas y planes definidos. Pobre Luis.

Él se negaba a aceptar que, en realidad, era todo lo contrario:

Yo estaba absolutamente segura de lo que buscaba… pero seguía sin encontrarlo .

Resolví lo de Luis dejando simplemente que llegara el martes. Ahí, ya instalada en el color de un nuevo día, comprendí que (equivocada o no, damisela en apuros o no,  normal o no, con metas o sin ellas) podía seguir caminando sola por el resto de la semana.

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