RN24 Una Catarsis

El cuerpo desnudo e inmóvil de Natalia, a pocos centímetros de mis ojos de insomnio, tiene un aura de serenidad, casi desconocida en mi escasa experiencia con mujeres dormidas. El viaje a Morelia fue una gran aventura. Ya es lunes. Estamos en la última escala antes del regreso a casa. Es de madrugada. Horas antes habíamos hecho y deshecho el amor con una inusitada y transformadora avidez, que no era solamente en el aspecto físico; lo habíamos hecho con una dimensión del sentimiento que era distinta a la convocada por las sensaciones físicas y la fascinación por el placer.

Era como si hubiéramos alcanzado otro nivel del goce, menos salvaje quizá pero más duradero. Que perduraba aún después del momento físico. De pronto me sentí candorosamente feliz. Pleno. Ella duerme y yo sólo quiero mirarla.

Recorro lentamente su cuerpo con mis ojos, de arriba a abajo, de lado a lado, como grabando cada centímetro en mi memoria para no olvidarle nunca. No quiero olvidar este momento. Enciendo la luz y me arrodillo al pie de la cama y la miro embelesado. Extasiado. Al encender la luz ella apenas se mueve y ronronea mi nombre, en realidad no dijo mi nombre. Ronroneó algo. No lo tengo del todo claro pero Yo imaginé que dijo mi nombre.

Me recuesto a su lado. Intento lo más posible no interrumpir su dulce sueño. Todavía dormida, se abraza a mí y se recarga en mi pecho. Siento su calidez. Está por amanecer cuando por fin se despierta. Los labios de Natalia besaron el aire cálido, buscan mis labios. Al fin se encuentran y allí se quedan un instante, se acomoda y sus mano busca la mía, nuestros dedos se entrelazan. Se quedan quietos, a gusto, como en un hogar que por fin acoge al hijo pródigo.

En realidad, estas nuevas sensaciones y sentimientos habían empezado tres días atrás, cuando emprendimos este viaje en busca de aventura. Dejé de pensar en mi exnovia, ese amor del pasado, y me concentraba sólo en la mujer de mi presente. Durante meses el recuerdo de Ella me seguía conmoviendo, tocaba las fibras mas delgadas de mi ser, aparecía a cada instante, como un recordatorio, una obsesión quizá. Es que “…es tan corto el amor y es tan largo el olvido”.

Pero ¿podía esclavizarme y seguir con esa obsesión, sabiendo que, tal como había sido antes, como era ahora y como seguramente sería después, Ella era sólo una presencia huidiza, una suerte de meta inalcanzable, ese amor de contrabando? ¿Es que nunca fuimos totalmente el uno del el otro?Es ahora para mí como un fantasma.

Yo no quiero anularme ni sumirme en la frustración a causa de ese fantasma. Quiero realizarme, tanto en mi vida amorosa en particular como en la vida en general. Quiero ser feliz. Ser feliz por siempre.

Ella se quedará siempre en mí, como esos recuerdos de Mi infancia y mi adolescencia que todavía hacen destellos. Pero yo soy ahora un adulto, alguien que, ya que no confía en Ella, ni en el pasado, ni en supersticiones, ni en milagros, alguien que debe insertarse en el presente, gozar y sufrir en él, ya no por el pasado que pasó, pagando el destino al contado y no con abonos chiquitos.

Es que cada vez el presente me conquista más. El pasado es una colección de momentos gastados; el futuro, una serie de momentos a emitir. La historia toda es un larguísimo, interminable presente. También lo es mi propia historia. El resto es sin duda incertidumbre, vacío. Un vacío que podría llenar con infinitas posibilidades. Una de ellas, la principal, es Natalia.

“Ella” es  pasado. Y los pequeños momentos que vivimos ya fueron. Antes me parecían grandes momentos. Hoy, que ya me he desintoxicado de ti y puedo ver las cosas con más claridad con más objetividad desde afuera. Se que todo fue pequeño. Aunque también pienso que el tamaño es lo de menos. Pequeños momentos pero inolvidables. El caso es que fueron buenos y maravillosos momentos. Y sólo queda nada de ellos. Quedan si acaso las fotos, los videos, las memorias. Seguramente todos aquellos momentos se habían esfumado incluso antes de perdernos, instalados para siempre en la Nada. En el olvido. En nuestro recuerdo.

El presente, en cambio, es Natalia, y entre una Ella que oscilaba entre fugas y apariciones, y una Natalia que permanece junto a mí y me hace feliz, me decido naturalmente por Natalia, aun a sabiendas de que Ella, el recuerdo de Ella más bien, ese fantasma, seguirá acechándome y vigilándome en cualquier recoveco de mis días y noches por venir. Pero sé que no debo temer.

Fue a partir de este viaje que cambia mi relación con Nataly. La siento más cerca. Me siento comprometido. Hemos abierto nuestros corazones. Hemos sido sinceros. Al menos yo lo he sido.

Ayer me dijo que desde que entró a trabajar, nuestra ausencia de varios días la había hecho concentrarse en sí misma y en sus sueños; y medirse y medirme. Y había decidido apostar por mí, por lo nuestro. Me lo dijo sin vacilar, con sus ojos color ámbar bien abiertos.

De modo que cuando fue mi turno, y le narré sin miedo cuánto había estado pesando Ella en mi persona (hasta entonces muy poco se la había mencionado, no había sido del todo sincero hasta ese momento) le dije que me quedaba definitivamente con ella, y el hecho de que eligiéramos, ella a mí, yo a ella,  significó un pacto espontáneo, sin papeles ni testigos, y cuando por fin nos abrazamos, por primera vez más acá y más allá de los recuerdos, Sabíamos que esto iba a ser perdurable, es decir, todo lo perdurable que admite lo transitorio.

Habíamos llegado a otro nivel. Uno más espiritual. Y quisimos ir aún más lejos. Estábamos siendo espontáneos. Disfrutando de una nueva vida.

“¡¡Vamonos a vivir juntos!!”-Me dijo ella tan segura de sí misma, tan emocionada. Yo titubeé un poco.

-¿No es un poco pronto para esto? ¿Realmente estaremos listos para dar ese paso? ¿Estamos seguros de que estamos preparados para esto?

-Yo estoy segura. La elección es tuya.

-Bueno, es que intento ser razonable. Claro que me gustaría es sólo que no sé si estamos preparados.

-Cariño, malgasté años intentando conseguir que el padre de Lily decidiera que estaba “listo” para ser feliz conmigo, pero creo nunca consiguió estarlo. Ese es uno de los motivos por qué nunca nos casamos. Por el que nunca pudimos ser felices. Vamos, seamos espontáneos. Me gustaba soñar que Marco sería así de espontáneo. Que viviríamos grandes aventuras. Que todo el dolor y el sufrimiento, los obstáculos, los demonios, los traumas… Algún día nos traerían la recompensa. Pero nunca fue posible. Y ahora que acaricio esta felicidad, esta posibilidad a tu lado.  No quiero dar marcha atrás.

Su mirada es sincera. Sus palabras son como música. Su aroma es delirante.

-Ok, estoy dentro. Yo… Sé que las mejores cosas de la vida son las que surgen de ese modo: Espontáneamente. Aunque, y no es por romper el encanto, pero yo no tengo un empleo. No he terminado mi carrera. Y pues no creo que mi pequeño negocio de para tanto. Al menos no en este momento. Yo no tengo una casa propia, ni tengo nada. Eso es principalmente lo que me preocupa.

-No te preocupes. Vendrás a vivir a mi casa. Y yo te apoyaré hasta que termines bien tu carrera y la vamos a hacer en grande. Mañana No sólo te presentaré como mi novio ante mi familia. Sino que les anunciaré que te vienes a vivir conmigo ¿Qué te parece?

-Estupendo. Muy bien. Que así sea. Que se preocupen nuestros Yo del futuro. Tú y yo del presente… Vivamos la vida.

-Tú me has demostrado que me quieres y quieres a mi hija. Te la has ganado. Nunca esperé que te aceptara. Al menos no tan pronto. Pero ella está encantada contigo. Ya lo he platicado con ella y estará de acuerdo.

-¿Y tú madre qué dirá?

-No lo sé, pero te diré que ella respeta mis decisiones. No habrá problema. Ya he pensado en todo.

-Lo bueno que esto ha surgido espontáneamente.

-Tuvimos una gran aventura, tuvimos experiencia cerca de la muerte y todo. La vida es corta. Tú lo dijiste, y hay que vivirla. Vivamosla juntos.

Y con un beso sellamos ese pacto. Y después sobrevino la catarsis. Y me liberé de mis demonios. Y Natalia y yo Entramos en comunión.

Está por amanecer y ella duerme ahora tan profundamente y yo sólo la observo. Me siento tan feliz.

Y Amaneció. Y comprobamos que lo de anoche no fue producto de mi imaginación. Luego, continuamos nuestro camino a la ciudad. La dejé en la puerta de su casa.  “No te olvides que mañana es el gran día”. “No lo olvidaré”. Le di un abrazo, un beso. Fue uno de esos abrazos que duran 3 minutos. De esos que luego ya no te quieres desprender. Pero tuvimos que hacerlo. Un chirrido molesto irrumpe, lastima mis oídos. La puerta de la casa de a lado se abre súbitamente. Es ese tipo, el ex de Natalia. Nos mira fijamente. De un modo extraño. Se queda en el umbral de la puerta de su casa.

“Entonces hasta mañana” . Me despido de ella ahora sí. Ella sonríe, luce radiante. Entra a su casa. Y yo emprendo el camino a mi casa. Y ese tipo que aún me observa. No le doy importancia, sólo me pregunto a qué se dedicará. A cualquier hora me lo encuentro. Parece que siempre está en casa. Da igual, yo soy tan feliz. Mañana martes es el gran día. Mañana…

Esa noche me costo  un poco conciliar el sueño. Y llegó el martes. Y yo llegué puntual a la cita. Y Natalia nunca apareció. La llamé y nunca contestó. Fui a buscarla y no la encontré. Me preocupé. No había ni rastro de ella.  Me sentí tan frustrado. Y me fui a emborrachar…

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