El Regreso de Nataly 22- ¿Y si la veo qué?

Tengo una copa de Bourbon en la mano. No he visto a Nataly en tres días. Y durante este tiempo me he mantenido ocupado. El tiempo transcurre más deprisa de ese modo. Cada día llego a casa. Me voy a dormir solo, y solo me despierto. Doy paseos. Trabajo hasta agotarme. Me aburro. Así que aprovecho la ocasión para destapar la botella de Whiskey Bourbon Maker´s Mark que tengo en la vitrina. Prometí destaparla para un día especial. Así que hoy tendrá que ocurrir algo. Escucho “Victory” de las chicas Bond, luego “Viva”. Observo el viento juguetear con los las hojas de los arboles. Veo pasar a la gente por la calle. Converso con algunos amigos y con muchos desconocidos. Con algunos en persona, con otros a través del messenger. A veces odio charlar con los amigos y conocidos. Todos te hacen las mismas preguntas, los mismos comentarios. Algunos verdaderamente infames. Pero invariablemente me siguen preguntando por Ella. ¿Estás bien? ¿Seguro que estás bien? ¿Por qué terminaron? ¿Crees que puedan volver? ¿Aún la amas? ¡Búscala! ¡No! ¡Ya no la busques! Hay muchas y mejores viejas. ¿Era buena en la cama? Si se veía que se querían un chingo. Derramaban miel. Es que algo le faltaba. ¿Tienes videos? ¡Pásamelos!Es que no eran el uno para el otro. Es que ella nunca te quiso. Es que luego se va a arrepentir. Es que piensa que no quedó en ti. Cosas de la vida. Bla, bla, bla…

Pienso que la la gente es a veces muy curiosa,muy morbosa. “Así ha de ser cómo se sienten los famosos cuando les cuestionan y preguntan sobre su vida personal”.

Bebo a mi vaso con Bourbon, le falta hielo. Me siento extraño. Deprimido. ¿Será por la ausencia de mi novia o por lo que pasó ayer con mi exnovia?

Es que Ayer la vi con otro. Con ese otro. Eso me pareció. No sé bien a ciencia cierta quien sea ese tipo. La verdad es que tampoco me interesa. No me interesó cuando pasó. Menos ahora. Odio a los tipos que les encanta ser como el “cornudo curioso” e investigan y tratan de saber todo acerca de la ex y su nueva relación. “Yo no estoy tan enfermo”.  Un amigo me dijo que debería haber ido a buscar al infeliz y ponerle una buena madriza. Hacer algún tipo de desmadre. Le dije que no tenía caso. No vale la pena. ¿Para qué? “¿Es eso o tienes miedo de que te rompa tu madre? Si quieres pues vamos y le damos entre todos”. Le dije a mi amigo que yo no era de esos. Yo incluso lo tomaba con humor. “Si hasta me ha hecho un favor, debería felicitarlo, mira que quitarte de encima a alguien como ella”.

Pero ayer que los vi. No fue para nada gracioso. Esperaba que nunca pasara pero ayer pasó. Y sí, fue un poco doloroso. Pero más que nada fue extraño. Estaba en la segunda planta del edificio A6 fumando un cigarrillo y esperando a unas amigas para ir al billar. Y de pronto: “Bum, bum…” Mi corazón late de forma irregular. Siento que se acongoja. Volteo hacia atrás y allí esta ella. Está hablando con Paulina y otras compañeras. Se acaba mi cigarrillo y yo siento un cierto pesar en mi pecho. Enciendo otro y una extraña sensación se apodera de mí. ¿Qué será? Ella está a mis espaldas a unos metros. Ha de ser eso.

Exhalo el humo en mis pulmones. Y miro hacia la explanada. Al disiparse la pequeña nube que he creado me da la impresión de que alguien me mira desde lejos. Volteo a ver al edificio A5. Veo a la gente ir y venir por allí. Es un corredor muy concurrido. Pasa una chica buenísima, da la vuelta. De repente veo a ese tipo. Es un sujeto de pie a un costado del A5. ¿Me estará viendo a mí? Está algo lejos, podría estar mirando a cualquiera. Lo veo avanzar. Agacha la cabeza. Pero a medida que lo veo caminar siento que lo conozco de algún lado. Viene vestido con un pantalón beige y una especie de sudadera bicolor. Trae un bolso que le cuelga del hombro. Llega al centro de la explanada y y voltea nuevamente hacia mí. Fuerzo a mi memoria. ¿Dónde le he visto? ¿Dónde? Es un sujeto de tez blanca, camina con las manos en las bolsas y encorvado pero creo que es alto, probablemente 1.75 o 1.80 de estatura; cabello negro y ondulado. Entre 25 y 30 años. Con cara de pendejo. Me mira y luego se agacha. Estoy seguro de haberlo visto antes. Pero ¿dónde? ¿cuándo? El tipo está agachado pero ahora soy yo quien le mira fijamente desde arriba. Lo veo levantar levemente la vista. Es un hecho que me observa y que sabe que lo observo. El tipo también me conoce de algún lado, estoy seguro. Camina unos pasos y vuelve a mirarme. Por un instante las miradas se cruzan. Se agacha Y luego emprende la caminata. Se va hasta detrás de un pilar del edificio, donde ya no me queda a la vista. Al pasar lo más cerca de donde estoy puedo reconocerlo. ¡Claro! Nunca lo había visto en persona pero Ella me enseñó una foto donde salía este tipo. Fue esa vez que Ella se conectó al messenger y un montón de chavos la bombardearon con mensajes.

“Wow, ¡191 contactos! ¿de verdad conoces a todos?” “La verdad es que no, pero me llegan bastantes invitaciones y yo las acepto todas, pero luego me choca que me mandan muchos mensajes”. Los mensajes aparecían uno tras otro. Hola, hermosa; Hola preciosa, reinita, damita, Estás bien bonita, te pareces a Avril Lavigne, etc. Un montón de pendejadas de esas alcancé a leer. “Es que ya sabes cómo son”-me dijo ella. “Por eso siempre me pongo como desconectada”. Uno de esos mensajes sí lo contestó. Un sujeto la saludó y le preguntaba que si sí asistiría a una reunión el próximo sábado. Allí fue donde vi la foto de ese sujeto. Ella le respondió que no iría. “Es un amigo del servicio social. Es un chavo muy lindo y me ayuda mucho en el servicio. Y es que todos se quieren ir a tomar el sábado”. “¿Y por qué no vas? Es más… ¿Por qué no vamos?” “No, para qué. De todos modos tú sabes que a mi no me gustan esos lugares y además ese día mi papá está en casa, si llego tarde ya sabes cómo se pone”. “No. No sé cómo se pone. ¡Carajo! Ni siquiera lo conozco. Y según parece… nunca lo conoceré, nunca sabré cómo se pone”. “Ay, Juan Carlos, no te pongas así. Por favor. Compréndeme. Sé que las cosas son complicadas por ahora, pero las cosas van a cambiar. Te lo prometo. Sólo necesito un poco más de tiempo. Un poco más de paciencia ¿sí?”. Me daba el sentimiento, me enojaba; pero ella con su carita de ángel y esa mirada tierna me desarmaban siempre.  “Bueno, qué va. Ya he esperado dos años, supongo que puedo esperar un poco más”. “Por eso te Amo mi niño hermoso. Y te agradezco lo paciente que eres y has sido conmigo. Es de las cosas que más valoro de ti”. Me abrazó y me besó. Que tiempos aquellos.

El caso es que veo a este tipo ahora y lo reconozco al fin. Nunca quise saberlo, pero sí supe que uno de su servicio fue el infeliz. Y ahora veo a Ella detrás mío y a este sujeto allí abajo. Supongo que no era casualidad. “bum, bum…” Y Ella pasa caminando deprisa a mi lado con el celular en la mano. Baja las escaleras. La veo atravesar la explanada y mirando su celular. Y la veo correr y alejarse de la explanada de Pedagogía. “Bueno, supongo que después de todo si fue una casualidad, quizá me he equivocado”. Me sentí aliviado.

En eso estaba cuando, “Oye, Peter ¿Qué andas haciendo? ¿Tienes más clases o ya saliste?”-Son Ana Lidia y Paulina, amigas de ella. Me saludan y me miran medio raro. Les digo que espero a alguien. Se alejan y puedo ver que comentan algo entre ellas. Bajan a la explanada y voltean a mirarme de un modo extraño. Yo las sigo con la mirada. Caminan hacia el lado opuesto al que se fue ella(Caminan hacia donde perdí de vista al tipo ese). Y… Las veo saludar a alguien. Es ese tipo otra vez. Me desespero. Quiero fumar otro cigarrillo pero se me han terminado. Bajo las escaleras y al llegar a la explanada me topo de frente con Ella que viene de regreso. Pasa a mi lado rápidamente, me echa esa mirada horrible que a veces tiene, me ignora y pasa de largo. Me detengo. Puedo inferir lo que sucede. Sigo mi camino. Me largo de allí. Compro una cajetilla de Marlboro. Le mando un mensaje a Valery y las demás chicas. Las veré directamente en el Billar. Temo mucho ver una escena que me lastime. Valery Me responde que tardarán un poco más de la cuenta. Me desesperé aún más.

Luego, “Bum, bum…” Otra vez. “bum, bum…” Cuando alguien, detrás mío, dijo: “Hola Chico”. Antes aún de mirar al dueño (o más bien dueña) de la voz, supe que era Marina(La otra mujer de mis sueños). Me tomó la cara con las dos manos y me besó en la mejilla, junto a la comisura de los labios. Un beso que llegaba desde el pasado. No podía creerlo. Los ojos verdes se le habían oscurecido, el pelo negro le colgaba hasta la espalda, en sus hombros desnudos había una región tostada por el sol que me pareció un detalle poco menos que maravilloso. Seguía delgada, y usaba esa ropa tan sexy; pero su mayor atractivo (el que a mí más me atraía) se había consolidado, tenía un olor exquisito. Embriagante.

Me saludó y dijo que llevaba algo de prisa, que tenía una clase de inglés. “¿Me acompañas a mi salón?” Y yo la acompañé. Me dijo que tenía que ir al edificio A11. Para ir a ese edificio teníamos que pasar por la explanada de Pedagogía. Me asustó un poco el hecho de pasar y tener que ver a mi ex con otro. No quería verla. Por eso me había largado de allí. Marina venía platicándome no sé qué cosas. Y yo sólo asentía con la cabeza. Tenía miedo. Al llegar a la mentada explanada me sentí aliviado porque no había ni rastro de ella. Suspiré, hasta me relajé. Fingía ponerle atención a cada palabra de Marina y sólo la miraba a la cara. Está hermosa, por cierto. Y se me ocurrió algo perverso. Se me ocurrió tomarla de la mano. Afortunadamente no me rechazó. Pensé que de ese modo podría equilibrar la situación un poco si Ella se me aparecía con el otro. Ella odiaba a Marina, por alguna razón Ella me decía que “Seguro sólo estás conmigo porque no se te hizo con Marina ¿Verdad?”

Íbamos a media explanada cuando los vi. No los vi de la mano, ni besándose. Es más, que sólo los miré de reojo y ni me pareció que ella fuera tan feliz como presume. No vi nada del otro mundo. No quise ver más. Dejé a Marina en su salón y tomé otra ruta rumbo a la salida. Para no verlos. No estoy seguro si ella nos vio, pero al menos si me vio, habrá pensado que al fin se me hizo con Marina. Algún efecto tendría que tener ese hecho.

No vi nada de verdad impactante. Pero ¿Y si los hubiera visto?¿Qué? No pasa nada. Ya antes fue mía. No me pierdo de nada. Cualquier cosa seguro que ya lo habíamos hecho. Además yo también ya salgo con alguien más. Y si me viera ella, si me vio… ¿Qué? Por algo fue que terminamos. Ella sigue con su vida y yo he de hacer lo mismo. Pero no sé por qué esto me afecta tanto. Se supone que ya lo he superado. Cómo sea no importa. O quién sabe. Da igual. A mí me da igual. De todos modos no es una competencia. ¿De verdad Me da igual?

El caso es que sí. La vi con otro. ¡Y sí me dolió! Pero no pensé mucho en ello. Pienso en Nataly.  Pienso en que debo seguir adelante. Caminar hacia el futuro. He destapado mi botella de Bourbon. Algo he de hacer. Algo se me ocurrirá. Quizás eso es lo que necesito para olvidarme de Ella. El saber que está con otro y yo con otra es la señal de que hemos pasado página. De Que si en el fondo aún tenía la esperanza de volver, definitivamente le estaba dando el tiro de gracia. Era el fin. El de verdad. Es más, que verla fue el epilogo. Y no habrá marcha atrás.

Bebo a mi trago. Es delicioso. “Bum, bum…” “bum, bum…”

“¡Ring!” Es el teléfono. Miro el identificador y es mi chica, mi Nataly. “Aló” “Hola, Baby. He salido del trabajo ¿podemos vernos? Es que te extraño”

“Y yo te extraño a ti…”

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