El regreso de Nataly 21 -La culpa es de uno cuando no enamora.

 

Estás conduciendo tu auto. Es poderoso, es toda una máquina de guerra. Listo para la batalla. Pisas el acelerador y vuelas… Es como un avión cuando despega. Es una maravilla a la hora de maniobrar. Quien diga que sabe manejar y no ha estado al volante de un motor V6, no sabe lo que es manejar. Has estado esperando el momento de sacarlo a la autopista para ver lo que puede hacer. Quizá muy pronto. Disfrutas tanto el conducir. Este auto se conduce como un sueño. Nada que ver con el Viejo Escarabajo. Aunque sientes algo de nostalgia al recordarlo.

El Mustang se estremece furioso, tal como el caballo salvaje que le dio su nombre. Suplica que lo liberen para demostrar lo que puede hacer. No lo dejas. Aún no.

Algo te está jodiendo en tu interior. Y esta vez no es el recuerdo de Ella, es algo más. Algo a parte de eso. Y te enojas. Quisieras ser libre. Pero no puedes. No es fácil. No puedes simplemente seleccionar y elegir. No puedes tomar lo bueno sin lo malo. Nada es perfecto. Siempre hay variables externas que escapan a nuestro control. Tú lo único que quieres es ser feliz.

Agarras con fuerza el volante para evitar que tiemblen tus manos. Aceleras. Ibas transitando tranquilamente pero de pronto te vuelves loco. Te dejas llevar por la velocidad. Vas cada vez más rápido por las calles de aquella ciudad, La Ciudad de la Furia. No encuentras sosiego. Lo único que puedes hacer es acelerar y fumar. Te fumas seis cigarrillos. Conduces como un cuervo salido del infierno. Sabes que eres un loco. Nunca hay una buena razón para rebasar el límite de velocidad. Pero igual lo haces.

Aceleras, haces los cambios. Maniobras peligrosamente por las calles. Quieres dejar atrás ese mal presentimiento. Quieres dejar atrás los malditos recuerdos. Vas tan rápido que incluso Rebasas por la derecha.  Llegas a más de cien y rezas para que la velocidad y la adrenalina se lleven los recuerdos. Los malditos recuerdos de amores frustrados, mal correspondidos y siempre complejos.

Enciendes la radio, pones un poco de música, pero no estás escuchando. Otra vez evocas, sin querer, las piezas rotas de tu pasado. Y como siempre, éstas se agrupan para formar la misma y lamentable escena:

La mujer amada rompiéndote el corazón.

Piensas en las veces que ha sucedido, aquellas veces que te equivocaste y lo que darías por una oportunidad para enmendar los errores, para cambiar el pasado, para olvidar. Más que nada para olvidar. Darías cualquier cosa para liberarte… Es tan difícil.

Te pones a pensar en que Nunca has tenido una relación “formal” ni del todo seria. Has tenido aproximaciones si acaso. Lo tuyo siempre fueron los romances fugaces y las relaciones superficiales.

En algún momento de mi vida me di cuenta de que todas las personas estaban en pareja. Mi grupo de amigos, por ejemplo. Hacían cosas de pareja. Van al cine, van a la disco, al baile, al restaurante, a donde sea… pero en pareja. Lo cual me dejaba completamente al margen de todo. De todos, de toda compañía.

Un día sentiste la necesidad de tener una pareja estable. A tu alrededor toda la gente va en pareja, de dos en dos. Y los solitarios de pronto ya no encajan. Como soltero te vas dando cuenta de que poco a poco vas quedando relegado… Y bueno, hasta eso, pues no resultaba ningún problema para ti. Cada fin de semana, en cada bar, en cada discoteca, en cada microbús, en el metro, etc. En cualquier lugar había una oportunidad de conocer a alguien y pasarla bien… Pero de pronto pasarla bien ya no fue suficiente. De pronto sentiste esa necesidad de tener a alguien a tu lado, enfrente, detrás, arriba, abajo… Alguien con quien compartir. Pero nadie te convencía. Y cuando por fin sentías que alguien era la indicada… Las cosas simplemente no funcionaban. Y no era tanto que tú la cagaras. Era, la mayoría de las veces porque siempre había un ex. Un ex que las tenía traumadas. Un ex que de pronto volvía, y así, de la misma forma, ellas se iban con él.

Es que nunca has sabido elegir. Siempre te tocan las raras. Las que están traumadas, locas, extrañas.

Es que cada vez que intentabas hacer las cosas bien, hacer las cosas en serio con una mujer… Las cosas simplemente no salían bien. Hace poco creíste que las cosas funcionaban. Que era la hora de sentar cabeza pero te llevaste un chasco. Pero Nataly es diferente. Las cosas serán mejor. Eso esperas… “Una de cal por todas las de arena…”

Haces un recuento de esas ocasiones en las que encontraste a una chica genial  y creías que era la buena.

Había una chica que conociste en secundaria, se llamaba Ana Luisa, una de esas flores que echaron raíces en tu corazón. La conociste de adolescente y viviste muchas cosas a su lado por años, pero las cosas no llegaron nunca a nada realmente serio por el hecho de que ella prefirió a uno de los Ávila (Los Ávila era un grupo musical, de género grupero,  muy popular en ciudad Neza hacia el final de los noventa. No sé si se hizo más famoso o qué onda pero uno de esos me la bajó). Después de reponerte del desamor de Harumi te enamoraste de Ana Luisa. Era una de las chicas más bellas que hayas visto. Es ella el arquetipo de tus gustos. Era güera, hermosa y todo… Así como te gustan. Los que te conocieron, y la conocieron a ella, Siempre te dijeron que estaba fuera de tu alcance, que nunca lograrías nada.

¿Por qué la gente siempre te dice eso?

Pero ya antes habías alcanzado lo inalcanzable, conquistaste a La Gomora, y después de haber conquistado a la Gómora, la chica más popular de la escuela(y a quien tú nunca tomaste en serio), el sueño de todos(menos el tuyo), creías que ya todo era posible.

Cuando yo iba a la secundaria, una de las cosas más raras era que la mayoría de las chicas se llamaban Elizabeth. Para evitar confusiones a cada Elizabeth le nombraban por su apellido. Había entonces La Torres, La Medel, La Barajas, La López, La Rodrigues, La Rosas, La García, La Gómora, Etc.

La Gomora, en particular, era algo así como una vedette en mi generación. Los chicos la elevaban al nivel de una estrella de cine o televisión. Es que antes no había Internet. Y Como en las películas gringas ella Era la chica más popular y la más hermosa. La Reina. Era la capitana de las bastoneras(una especie de chicas porristas o algo así). Hay toda una historia con esta chica. Ella era lo máximo para todos. Era deseada por todos los hombres  y era envidiada y admirada por las mujeres. La verdad a mí nunca me llamó la atención, ni me quitó el sueño. Yo la conocí , en persona, hasta el último año. Y sí era muy guapa y todo, tenía un cuerpo atlético y muy hermoso, el más desarrollado de todas las chicas de la escuela. Pero, no sé por qué, pero a mí no me impresionó. A mí me pareció una más y la traté como tal. Fue en esa época que descubrí que Las mujeres hermosas están acostumbradas al acoso y a que les rindan pleitesía, pero si mantienes la distancia ellas vendrán a ti. Y eso fue lo que pasó. Yo no lo podía creer, nadie lo podía creer, pero esa chica dijo que se enamoró de mí y prácticamente, al cabo de un tiempo, me sentía acosado por ella.  Y cedí. Fue un lindo romance. Y con esa chica fue que descubrí algo impresionante. Cuando iba al kinder garden fue la primer vez que me gustaron las niñas. Había una niña que se llamaba Liz. Siempre la recuerdo como la primer niña que me gustó. Resulta que un día llega la Gómora con un álbum de fotos y me dice que nosotros fuimos juntos al jardín de niños. Y que desde entonces yo le gustaba. Vi las fotos, me reconocí en ellas y descubrí que Liz, la niña que me gustaba en la infancia, y La Gómora ¡eran la misma persona! Fue increíble. Y creo que fue por eso que medio me clavé con ella. Fue a causa de ella que yo estudiara el bachillerato en el CCH. Yo quería ir a la Preparatoria. Pero me convenció de ir al CCH. Hicimos el examen de admisión y ambos elegimos el CCH oriente. La bronca fue que a ella  no la aceptaron. Yo me fui al CCH y ella a un CBTIS. Y luego fue el fin.

 

Durante años buscaste a Ana Luisa. Con ella las cosas  no fueron nada sencillas. Y todo parecía que le ibas a callar la boca a todos esos infelices que te  dijeron que nunca la conseguirías… Tuviste una historia fantástica con esa Ana Luisa pero Al final… Ellos tuvieron razón.

Pasó mucho tiempo para que volvieras a entusiasmarte con otra chica. Para que volvieras a enamorarte. Y aunque no estabas enamorado quisiste tener una relación con otras mujeres. Nada serio.

Luego Te enamoraste de Marisol. Y todo parecía ir de maravilla hasta que decidió regresar con su exnovio rico y tu saliste sobrando por pobre y por muchas otras razones.

Te repusiste de aquello y Saliste con un montón de chicas pero nada serio. Todo era esporádico y casual hasta que conociste a Ma. Elena. Una flor, de esas pocas que echaron raíces. Y creíste que ella sería la última mujer de tu vida… Una vez más te equivocaste. Estabas tan ilusionado y un día de diciembre recibiste un e-mail en donde te decía que no quería verte nunca más. Que su carrera era más importante que cualquier otra cosa. Y que tú salías sobrando. Fue un golpe duro. Que te dejó marcado. Y por eso cuando conociste a Nataly, la primera vez, cuando las cosas se empezaban a poner serias, dimitiste. Y la dejaste antes de que te rompiera el corazón.

Y volviste a las andadas. A lo tuyo pues. A las relaciones de una noche. A los romances fugaces. En el colegio de abogados conociste a Griselda, quien en un día de diciembre te enseñó, como en la canción, que no es tan fácil romper un corazón. Luego, cuando estudiabas psicología, un viernes por la tarde en una fiesta de la facultad conociste a Elba María Roxana La Dentista. Una mujer hermosa, reventada, adinerada, borracha y fumadora como tú.  Y lo mejor de todo es que ella pagaba todo por ti.  Te trataba como rey. El sueño de tu vida: hermosa,  divertida y con uniforme… Era excepcional. Y todo fue así, genial, hasta que su exnovio-en visperas de navidad- le pidió volver y ella volvió. “Lo siento, es que ayer Memo fue a mi casa y me llevó gallo, y pues ya va a ser navidad, y pues no pude decirle que no. Volví con él. Es que nunca deje de amarle. Pero tú eres maravilloso, espero que encuentres a alguien que te quiera y valore como tú te mereces”-Te dijo Elba. Y tú muy sonriente:  “Ok, no hay problema. Y Gracias por los buenos deseos, adiós y buena suerte”. Te llevó a comer, te compró unos Benson mentolados y dio un beso tan apasionado al despedirse de ti. Nunca olvidaras la dentista. Nunca en la vida. Y en verdad nunca, porque te hizo unos trabajos dentales pésimos. Tan malos que te costaron perder una muela. Cada que tocas con la lengua ese espacio vacío en tu dentadura te acuerdas de la dentista, de Elba María Roxana.

Y partir de allí te olvidaste de tomar las cosas en serio. Y a partir de allí creíste que tu vida era genial. Ser soltero es lo mejor. Nunca más buscarías compromisos. Y así lo hiciste hasta el primer año de la carrera en pedagogía. Aquel año en que conociste a Elisa. Tú no querías pero te clavaste con esa chica. Y lo peor de todo es que fue con la única que sí la cagaste. Y feo. Todo fue tu culpa. Por no aguantarte las ganas cuando su amiga te ofreció pasar un buen rato. Todo fue una trampa, un plan perverso de su amiga y tu “amigo”. Era diciembre, y aquella ocasión perdiste a tu mejor a migo y a la mujer que amabas. Por despecho, según supiste después, Elisa empezó a andar con tu mejor amigo. Hoy sabes que ellos se casaron y hoy tienen dos hijos. Ni hablar. Sabes que esa vez fue tu culpa. Y otra vez a olvidar. A otro queso, a buscar a otra mujer. Un par de años después empezaste a andar con Angélica. Y es cierto que no la amabas. Pero querías intentar una relación en serio. Y sentir lo que es ser querido una vez. Pero una vez más… Angélica tenía un exnovio. Que fue su primer amor y el amor de su vida. Y en la batalla por ella, en la que no luchaste, perdiste.

Casi al mismo tiempo apareció Paty, la segunda Paty. Y Paty era lo mejor de lo mejor… Una morena de fuego. Hermosa como pocas. Con ella fue la primera vez que hiciste planes para casarte. Paty era genial. Tenían tantas cosas en común. Sus gustos eran tan parecidos. Nunca habías conocido a alguien tan compatible contigo. Y fue un sueño… “Quiero casarme contigo. Y si estás de acuerdo Quiero que Nos casemos en diciembre”- Te dijo ella. Y muy ilusionado esperaste a que llegara diciembre. Y llegó diciembre y con él, el invierno. Y con el invierno descubriste que de verdad sus gustos eran tan parecidos a los tuyos. Por ejemplo que  a Paty también le gustaban las mujeres. Descubriste que era bisexual. Ella no tenía un exnovio, tenía una exnovia. Descubrirlo fue un golpe demoledor. Y Paty decidió irse. Decidió que las mujeres le gustaban más que tú, y decidió volverse lesbiana de tiempo completo. Y se fue. ¡Con otra mujer!

Luego apareció Light y luego vino Katya… Y las cosas no fueron muy distintas a lo anterior.

Y te resignaste a que quizás nunca en la vida tendrías una relación normal. Una relación formal. Una de esas como las de las películas o las novelas. Ni hablar. Eso no es para ti, pensaste. Pero pasado un tiempo, conociste a la mujer de tu vida. Aquella que ostentó el titulo, que nunca tuvieron todas las demás, a quien llamaste el amor de tu vida. No fue amor a primera vista. Fue tan extraño. Fue por obra de la casualidad. Una esplendida y maravillosa casualidad.

Era un viernes cuando comenzó todo. ¿O fue el jueves? Apenas y la conocías.  Habías hablado con ella un par de veces. El día anterior pasaste una linda tarde con ella. Sabías que era güera, hermosa, que era madre soltera y que te gustaba tanto. Siempre te has peguntado si fue coincidencia o destino. Y eso, por el hecho de que ese viernes tenías una cita con otra chica. Habías quedado con Diana Ibarra para ir a un bar a bailar y tomar una copa. Tú y Diana habían estado flirteando desde hacía un tiempo. Y se suponía que ese viernes pondrían las cartas en la mesa y dejarían los jueguitos. Al menos ese era tu plan. Diana era una mujer muy guapa, era casi todo lo que tú deseas en una mujer, era güera, inteligente, simpática, vanidosa y presumida… Tenía unos hermosos ojos verdes. Y era dueña de una personalidad y una voluptuosidad inusitada. Aunque claro que tenía un par de cosas que no te convencían y era por lo que no te habías animado a ir con todo con ella. Pero era claro que ambos deseaban estar juntos. Y la cita estaba hecha para ese día. La verías a las 11 de la mañana en la explanada de pedagogía. Irían a almorzar. Charlarían. Luego, irían al Go Play a tomar unos tragos,luego al Op, o al Le Jardín, o a la Terraza a bailar. Y luego quien sabe.

Pero todo empezó mal ese día. Casualmente Ese día no sonó el despertador. Te levantaste como a las diez. Hiciste lo posible por llegar a tiempo pero no pudiste. El coche no circulaba ese día, el microbús se tardó en pasar por la avenida. El tránsito era lento. No tenías saldo en el celular para llamar, no pudiste responder a los mensajes de Diana. Llegaste a la cita una hora tarde. Ella aún te esperaba pero estaba tan molesta que se puso a gritar cuando llegaste. ¿Cómo era posible que alguien como tú hiciera esperar a una mujer como ella?  Te Disculpaste por el retraso pero ella Se puso imposible. Y tú que también tienes tu carácter. Total que se largó y te dejó allí. Con las ganas. Pero no ibas ir a rogarle, claro que no. Tú no eres de esos que ruegan. Simplemente te encogiste de hombros y la viste marchar.

Te quedaste sentado pensando en que quizá ya habías perdido tu oportunidad. Te lamentabas y te la mentabas por haber llegado tarde. No sabías que hacer. Pensaste que lo mejor sería irte a casa y pasar un viernes libre del bullicio. Te encuentras con un amigo y otra chica. Platicas con ellos.

En eso estabas cuando…   “bum, bum…” Tú corazón empieza a latir de forma irregular. “Bum, bum…” Suena como si trajeras un bombo en el pecho. “Bum, bum…”

Y en la radio(en la facultad había una “estación de radio” universitaria, pero como no tenían una frecuencia real, ponían bocinas alrededor de todo el campus para transmitir. Así que casi todo el día había música por el campus)  empiezan a sonar los acordes del piano y los versos de cierta canción.

Y giras la mirada hacia un lado y allí está. “Bum, bum…” Igual que la primera vez que la viste. Incluso trae la misma ropa. Y se oye la misma canción. Tu corazón late cual si fuera bombo, sientes que el tiempo se detiene, que avanza lentamente. Y resuenan en tus oídos esos versos…

(Ay… Ay lob de colorful clods shi güers/ and de güey de sunlaigt pleis  upon ger jeir/ ayyyy… gir de saund of a yentl guord/ on de güind dad lifts ger perfum drugh di eir… / aim pick up gud vibreishions…)

I, I love the colorful clothes she wears
And the way the sunlight plays upon her hair
I hear the sound of a gentle word
On the wind that lifts her perfume through the air
I’m pickin’ up good vibrations…

Y allí estaba Ella…

Era como una escena de una película antigua.
En la que el galán ve a la chica al otro lado de la pista de baile, el tiempo se detiene. El mundo desaparece a su alrededor. Son sólo él y ella.
Y él se da la vuelta y le dice a su amigo:
“¿Has visto a esa chica?”
“Algún día me casaré con ella…”

La ves pasar a tu costado. Ella te ve pero se hace la disimulada.  Va a pasar de largo. Pero tú le gritas, le llamas por su nombre.

Se vuelve hacia ti. Sonríe. Se acerca. Comienzan a charlar. Te cuenta toda su vida.  A su lado El tiempo se pasa volando.  Seis horas después… ¡Ya es tu chica! Y en ese momento confirmaste que las mejores relaciones son las que surgen espontáneamente. Las cosas con Ella eran divertidas y fáciles, sencillas. Era maravilloso.

Y así es como Ella y Yo terminamos juntos… Así comenzamos…
Al final todo lo que tuve que hacer fue escuchar, esperar…

Al rato siguiente, ese día, cuando volvías a casa, la ciudad parecía la misma, la gente parecía la misma… pero no era así.
En un instante. Todo había cambiado. Al final todo había cambiado. Y tu mundo se transformó. Y te sentías tan feliz. Pero igual que antes… Ella tenía sus traumas y sus demonios, y un día frío de invierno llegó el fin.  Ella te rompe el corazón. Y duele. Duele como nunca.

Y vuelves al presente… vas conduciendo a toda velocidad. Aún te duele. Y te jode la vida. No eres capaz de olvidar. Ese es un gran problema. Es como un tumor que crece dentro de ti. Dentro de tu cabeza. Y piensas:

“Si tuviera un tumor en la cabeza… seguro se llamaría Rocío Lizbeth”.

Tienes miedo. Ya has fracasado antes. Y sientes que quizá podría volver a pasar con Nataly. Es que quizá se avecina un derrumbe de algún modo previsto, ya vivido. Es que has hecho un recuento de tus fracasos.  Y en cada uno de ellos hubo una tristeza,  “…pero mi tristeza solo tuvo un sentido, todas mis intuiciones se asomaron para verme sufrir y por cierto me vieron…” Y es que sientes que las tristezas se asoman de nuevo. Te has sentido una victima pero también piensas que quizá todo es culpa tuya por tu forma de ser. O simplemente la mala suerte.

Quizás las cosas con Gómora habrían sido mejores si le hubieras tomado más en serio, quizá Ana Luisa Te hubiera preferido a ti si  hubieras formado parte de un grupo musical de mierda, quizás Marisol se hubiera quedado si hubieses tenido más dinero, quizás Ma. Elena estaría contigo si hubieras insistido más, quizá La Dentista no te hubiera dejado si hubieras sido tú quien le llevara serenata. Sino te hubieras tirado a su amiga, Melisa tendría dos hijos tuyos, Angélica no hubiera regresado con el ex si la hubieras cuidado un poco más, si fueras un poco más celoso.  Paty estaría contigo si fueras mujer. La habrías hecho en grande si hubieras llegado puntual a la  cita con Diana… y quizás… Ella no te hubiera abandonado si no la hubieras respetado tanto. Si hubieras aprendido de tus errores anteriores.

Tampoco quieres engañarte.  Simplemente la culpa es tuya. No busques pretextos.

Sí… “la culpa es de uno cuando no enamora y no de los pretextos ni del tiempo”. Y lo que has de hacer ahora es ocuparte en vez de preocuparte por lo pasado. Habrías que dejar atrás el pasado. Pero no puedes.

Al fin Llegas a casa. Milagrosamente no chocaste. Con todo y que casi lo deseabas. Estás en casa. Convives un poco con la familia. Te vas al negocio. Todo marcha más o menos bien. Te distraes un poco. Te pones a leer. Luego te emborrachas para olvidar. Te diviertes con tus amigas. Llega Fany, llega Silvia. Cantas con ellas en el karaoke y sigues bebiendo. Para olvidar el pasado y ese mal presentimiento.

Y esperas con ansias el próximo martes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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