El Regreso de Nataly 20

Tengo un mal Presentimiento.

Perdiste un gran empleo, te llamaron alcohólico e irresponsable y muchas cosas más,  pero no fue el fin del mundo. La vida sigue.

Después de perder tu trabajo sentiste que las cosas se enfriaron entre tú y Nataly. Te propusiste cambiar. Dar lo mejor de ti.

Hace poco Nataly y tú habían dado un gran paso: Conociste a Lily, pronto te presentaría con su madre y el resto e la familia. Tenías que aplicarte, seguir hacia adelante. Conocerías a su familia completa Para formalizar la relación. Y todo parecía ir de maravilla. Aún es primavera, los pájaros cantan, tienes una novia hermosa y una hija preciosa, las relaciones familiares mejoran… Todo es felicidad.

Sientes que Las cosas han vuelto a agarrar calor. Tienes unos episodios tan apasionantes con tu chica, te llevas cada día mejor con tu nueva hija. Has dejado de beber y de fumar. Después de tantas cosas y tanto esperar ahora por fin tienes lo que podrías llamar una relación más o menos “normal”.

Ya sabes, tienes una novia. Vas a verla. Se llaman por teléfono y haces todas esas cosas que nunca habías podido hacer con una novia con tanta libertad. Y te sientes bien, pero a la vez te sientes un poco raro. Tienes miedo. Es que no estás acostumbrado a eso. Tú siempre has sido “ese beso que se da sin que se pueda comentar”. Pasar a ser el típico novio es un poco extraño para ti. Tú no eras de esos. Es que siempre te han tocado las chicas raras y problemáticas. Las relaciones complicadas. Pero parece que Nataly deja de ser rara. Las cosas se vuelven fáciles y sin muchas complicaciones.
El otro día Nataly consiguió trabajo. Un maestro de ella fundó una compañía teatral e invitó a Nataly y a otros de sus exalumos a trabajar con él. Ella se emocionó tanto. Y tú la apoyaste. Y le dijiste que no había problema si se veían menos. “Así cuando nos veamos lo haremos hasta con más ganas”-Le dijiste.

De pronto hubo menos tiempo para verse, ya no se conecta al messenger, nunca está en casa y su celular está siempre apagado. Empezaste a tener miedo. Esos síntomas te son familiares. Así fue el principio del fin con Rocío Liz. Empiezas a temer lo peor. Y cuando por fin puedes hablar con Naty ella te dice que la disculpes pero que no podrá verte. De pronto ha dejado de responder tus llamadas y tus mensajes. Fuiste a buscarla a su casa pero nadie te abrió la puerta. Tienes un mal presentimiento. Y odias que eso pase.

Te estabas llevando de lo mejor con ella y con Lily y ahora pasa esto. Te lo tomas con calma. Supones que estas cosas pasan. No se puede pasar todo el tiempo pegado a la pareja. Es normal.

El día que ella por fin te busca se disculpa por lo que ha pasado. No hay problema. Todo tranquilo. Tú eres alguien tan comprensivo. Sabes que no es su intención. La vida es así. Las cosas vuelven a su curso. La paranoia se disipa. Ella te dice que está tan contenta de verte y que no deja de pensarte un sólo instante y que además su madre quiere conocerte. Tú apenas y la has visto de lejos. Le has dicho a lo mucho buenas tardes. Pero en realidad nunca la has conocido. Te agrada la idea de conocer a tu suegra.

Tienes poca experiencia tratando con suegras. Casi nula. Es que nunca llegabas tan lejos en una relación. A la única suegra que has conocido le conociste muy poco. Y aparentemente no le agradabas nada. Aún recuerdas la primera vez que te la presentaron y ella te vio. Te barrió con la mirada de arriba a abajo. Con esa mirada fría y ese gesto adusto. Ese saludo árido. Ese desprecio latente que no pudo disimular. Puede que sólo fueran figuraciones tuyas, pero por lo menos esa fue la impresión que tú tuviste. Y que con el paso del tiempo no cambió. Sabías que por algo era que Ella no quería presentártela. Quizá era por eso. Te la presentó más a fuerzas que de ganas. Y tú que incluso quisiste hacerte el simpático. Lo único que lograste fue nada. Quizá que la vena que le sobresalía en la frente se le botara más. Tú exnovia te hablaba constantemente de su madre y de su forma de ser. Que era tan buena onda y tan simpática y ocurrente. Y tú soñabas con que algún día te llevarías de lo mejor con la progenitora de tu amada. Como siempre Te contaba de lo bien que trataba a su otro yerno, de lo feliz que estaba con él y de que siempre lo recibía con los brazos abiertos, creías que algún día se llevarían muy bien. Pero, nada se parecía la suegra de carne y hueso a la suegra que te describían. A ti apenas y te saludaba, Si acaso, y la mayoría de las veces de mala gana. A ti nunca te recibió con los brazos abiertos, mucho menos te invitó a comer. Vamos, Ni siquiera a cruzar la puerta de su casa. Y tú no lo entendías. Si tú eras buena gente y tratabas a su hija como una reina ¿qué pasaba? Llegaste a pensar que quizá fuera porque tú no eras un rubito como su otro yerno. Y nunca te dijo con palabras, porque nunca cruzaste más de tres palabras con ella,  pero con su sola mirada te hacía sentir que eras muy poca cosa para su hija. Nunca quiso conocerte, ni siquiera darte una oportunidad. Y eso que supuestamente  le contaban maravillas de ti. Imagínate sino.

Pero ahora Nataly  te dice que su madre quiere conocerte. Naty no habla mucho de su mamá. Te ha dicho sólo lo más esencial si acaso. Pero vas a conocerle y esperas quedar superbien con la señora.

“El próximo martes a las diez nos vemos para desayunar en el Samborns. Allí te presentaré con mi familia”. Tú estás de acuerdo. Piensas que Será genial.

La cita está hecha. Nataly te dice aprovechen este día, porque después no volverá a ter tiempo en un buen rato.  “Después de hoy no nos veremos sino hasta el próximo martes. Es que tengo muchos ensayos”.

“Ok, supongo que así es como se siente el salir con artistas. Imagínate al rato que seas famosa. Tengo que aprovechar ahorita ¿verdad?”

Pasaron un día genial. Ese día acompañaste a Nataly a traer a Lily de la escuela. Las llevaste a comer. Luego fueron al parque. Jugaron y se divirtieron mucho. Lily te dijo que le caías muy bien, cada vez mejor.  “No estás tan guapo como mi papá, pero si eres más simpático y divertido”. Tú sólo le respondiste con una sonrisa.

Luego las llevaste a su casa. Les abriste la portezuela del coche como todo un caballero. Te despediste de ellas con un abrazo y un beso. Sacaste tu teléfono y se tomaron algunas fotos. Frente a su casa seguían riendo los tres. Se veían tan felices.

La puerta de la casa de al lado se abre con un fuerte rechinido. Un hombre está de pie en el umbral mirándolos fijamente. Es el ex de Nataly. El padre de Lily.

Nataly se pone tensa. Lily sonríe. Y tú…

Tú lo saludas. Él te responde con la cabeza.

Te despides y te vas. Subes al auto. Arrancas. El motor del auto ruge. El Mustang  se estremece furioso tal como el caballo salvaje que le dio su nombre. Suplica que lo liberen para demostrar lo que puede hacer. No lo dejas. Avanzas, das la vuelta. Les dices adiós a tus niñas deseando volver a verlas. El motor ruge de forma violenta cuando emprendes el camino a casa dejando atrás a tu chica y a su hija…

¡Y a su ex!

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