El regreso de Nataly 19

Una vecina me invitó a trabajar con ella como docente en cierta institución.  Que yo le caía muy bien y le había demostrado mi capacidad en varias ocasiones. Muchas veces le ayude a salir de alguno que otro apuro. Me dijo que necesitaban personal y que con la recomendación de ella ya tendría Yo asegurado un buen trabajo. Fui a una entrevista. Les dije que iba recomendado por mi vecina y ya. Ya estaba adentro. Un mes más tarde, en cuanto se abrieran los nuevos cursos ya estaría yo ejerciendo como docente.

Cuando me dijeron que a era un hecho el trabajo me sentía tan feliz. El sueldo era genial. Las horas pocas y con una gran oportunidad de desarrollo a corto plazo. Y justo eso era lo que necesitaba. Con ese empleo, con esa paga… Al fin podría cumplir con uno de mis sueños: Casarme Con Ella.

Tiempo atrás Yo le pedí que se casara conmigo y ella aceptó.  No habíamos puesto una fecha pero era lo que ambos deseábamos, supuestamente.

“Falta sólo un semestre, y en cuanto eso suceda, ya podré darle las gracias a mi papá. Ya podré dejar de depender de él y ser libre. Libre para estar contigo y dedicarme a ti y a nuestra hija. Las cosas van a cambiar entro de muy poco. Si no nos casamos yo creo que por lo menos ya podremos irnos a vivir juntos ¿no crees? ¿no te gustaría, mi amor?”

Claro que me gustaría, me encantaba la idea. Ella me dijo que sólo esperara un poco más. Y cuando eso sucediera podríamos empezar una nueva vida. “Ya me vi- le dije- Tú y yo, y Paola.  Al fin seremos una familia”. Soñábamos con tantas cosas. Hacíamos planes…

Cuando mi vecina me dijo acerca del empleo no le dije nada a Ella. Quería esperar hasta amarrar bien el trabajo y darle la sorpresa. Y amarré el trabajo. Y me sentía tan feliz. Era un gran paso no sólo a nivel profesional sino que ayudaría mucho a mi desarrollo como persona. Esperaba con ansias el momento e decírselo a mi prometida. El problema fue que nunca pude hacerlo. Quería darle la sorpresa. Que juntos fuéramos a celebrar. Pero la  sorpresa me la llevé yo aquel día en que sin más y casi de la nada me dijo que todo terminaba entre nosotros dos. Y que no quería volver a saber de mí nunca más. Yo no lo podía creer…

Y Aunque lo disimulé lo más que pude, para mí fue un golpe devastador.

Quise ser fuerte. Levantarme y seguir adelante. “A buscar otro queso”- como decía mi compadre Simón. Y lo intenté. Incluso, apenas una semana después empecé a salir con una chica llamada Silvia. Todo iba bien hasta que le dije mi edad y ella decidió que yo era demasiado viejo para ella y ya no quiso seguir adelante. “¡Sólo son once años! No es para tanto”.

Lo que siguió fueron constantes borracheras. Cada que pensaba en Ella, o algo me la recordaba, me ponía a beber y se me olvidaba. De verdad que se me olvidaba.

Toda la gente te dice que esa no es una solución. Y que a lo mucho era una solución temporal. A lo que yo siempre respondí:

“El alcohol Es una Solución Temporal Sólo Si dejas de Beber”. Y por eso yo nunca dejaba de beber.

Un mes después de mi ruptura amorosa me presenté a trabajar. Pensé que sería lo mejor seguir adelante. Y que mejor manera de hacerlo que trabajando. El trabajo me ayudaría a olvidar a mi ex. Y sí que ayudaba, Incluso dejé atrás el gran plan que tenía para recuperarla.

Era novel en el trabajo, pero muy pronto me acostumbré, me acostumbré a la ausencia de Ella. Tuve que hacerlo. Y así quise seguir adelante con mi vida. Y un día en que me compré un teléfono nuevo llamé a Nataly. Salimos y retomamos nuestra relación.

Mi vida cambió mucho en muy poco tiempo. Primero con la partida de Ella, luego con el nuevo trabajo y luego con el regreso de Nataly.

El único gran inconveniente fue que me atormentaba el recuerdo de Ella a cada instante. Y yo bebía a cada instante para olvidarle. Ese era mi único pretexto. Y bebía casi todos los días. Cuando me acordaba de Ella, bebía; cuando me daba sed, bebía; cuando Nataly me hacía enojar, bebía; cuando escribía en mi blog, bebía; cuando veía la tele, bebía; cuando comía, bebía; cuando estaba triste, bebía; cuando era feliz, bebía; cuando me frustraba, bebía;  cuando estaba aburrido, bebía… Etcétera, en fin que de pronto cualquier pretexto era bueno para beber.

Un día un alumno me reclamó porque lo reprobé. Me dio un montón de excusas y me pido de favor que le diera una segunda oportunidad. Yo inflexible. Me negué. Intentó sobornarme. Y me negué. Se fue tan molesto y me dijo que se las pagaría. Días después olvidé aquel incidente. Se me ocurrió ir con un amigo a tomar unos tragos. Se hizo tarde, luego me fui corriendo a dar mi clase. Todo iba bien hasta que Leonora me informa que la Lic. Ana María quiere verme para comentarme algo.

Resulta que Un alumno se quejó de mi intransigencia y de un montón de cosas más. Y que reprobó injustamente. Y que aparte siempre doy la clase ebrio.  Esa era la acusación más grave. Apenas saludé y ella percibió mi aliento.

Me dijo-“Nunca faltan los alumnos que se quejan de los maestros cuando reprueban e inventan cosas.  Sólo te lo iba a comentar, pero creo que esta vez no ha sido ningún invento. Muchas gracias por sus servicios”. Y me dijo que quería mi renuncia en su escritorio a más tardar mañana.

No dije nada. Era verdad(por lo menos de que a veces voy ebrio). Aún tenía vergüenza. Sólo me agaché. Fui a la sala de maestros y redacté mi renuncia. Cogí mis pocas pertenencias y me retiré. Les pedí que mi último cheque lo depositaran a mi cuenta bancaria. No Pasé a despedirme de nadie. Salí por la puerta de atrás y fue el fin de mi brillante carrera como docente de aquella institución.

“Es el precio que pagamos por la vida que elegimos”

Saliendo de allí me fui a tomar unos tragos… Para cerrar con broche de oro. Me sentía terrible por haber perdido el empleo. Tenía tanta rabia. Me deprimí mucho. Y fui a ver a mi novia para que me consolara. Yo la había cagado. Había cometido un gran error, fui irresponsable. Me dieron ganas de llorar. Lloré.

A veces es imposible no pagar las consecuencias de tus errores. Pero los errores y las penas siempre son más llevaderas cuando tienes un hombro para llorar. Y eso era lo que necesitaba de Nataly. Quería que me diera su apoyo. Su comprensión.

Le conté lo que pasó. Me regañó. Se enojó conmigo.

-¿Y ahora que vas a hacer sin trabajo?

-No sé. Esperaba que tu me mantuvieras.  Por eso te llamé. No pasa nada. Aún tengo el negocio de las computadoras y pues, cualquier día consigo otro empleo igual o hasta mejor. No pasa nada.

Sólo me regañó. No la culpo. Tiene tanta razón en sus palabras.

“¿Crees que alguien te va a volver a recomendar después de esto?  Claro que no. ¿Qué te pasa? ¿Cómo se te ocurre ir borracho a trabajar? Además ya te lo habían advertido ¿no? Yo creo que fueron bastante condescendientes contigo y abusaste. Seguro que ya hasta se estaban tardando en correrte…”

Era cierto. Nataly tenía razón. Había echado a perder una magnífica oportunidad laboral. Yo la cagué. Sólo yo. Me dijo que estaba tan decepcionada de mí.  No por perder el trabajo sino más bien por el motivo. Supongo que ese fue el principio del fin.

Los siguientes días tenía más tiempo libre. Y quería gastarlo con ella. Pero poco a poco me di cuenta de que los “Te quiero” ya no tenían el mismo efecto que antes. Tenía más tiempo libre, tenía más tiempo para beber.

Mi trabajo fue una de las tantas cosas que eché a perder. Una de las cosas más importantes que he perdido. He aprendido la lección. He de ser más responsable en el futuro.

“¿Qué ganas bebiendo?”- Me decía Nataly. “¿Por qué lo haces?”

No le respondí. Me quedé callado. No ganaba nada. Perdía tanto.

Y me preguntaba ¿Qué sigue?

Anuncios

Dime algo...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s