SE SOLICITA PEDAGOGO 2a Parte

Vas a una entrevista de trabajo.

Hace un par de días viste una oferta de trabajo que parecía muy atractiva: SE SOLICITA PEDAGOGO, decía el anuncio, así que enviaste tu curriculum por correo electrónico. Te han llamado para darte una entrevista. Y vas a por ella, vas a por el empleo. Luces impecable. Pulcro. Estás en camino.

La entrevista es el momento más importante del proceso de una búsqueda laboral ya que es la instancia donde te vas  a dar a conocer, vendiendo tus fortalezas , aptitudes y habilidades. En la práctica son pocos los candidatos que se toman el tiempo necesario para planificarla, y gran parte del éxito de una entrevista laboral depende de todo lo que puedas planificar estratégicamente. Y sabes que tú no eres un candidato que se haya tomado el tiempo necesario para planificar nada.

Vas planificando una estrategia camino a la entrevista. Vas con la idea de que tendrás éxito. No sabes ni cómo, pero quieres diferenciarte de los demás candidatos. Quieres llamar la atención. Quieres generar en el entrevistador, sea quien sea, la sensación de querer tenerte dentro de su equipo. Quieres que te desee.

Vienes pensando en todo eso. Estás tratando de prepararte para no sólo responder a las preguntas del entrevistador, lo haces también para comentar y agregar datos que no sean preguntados directamente por él. Piensas en los éxitos laborales anteriores, tus aportes a las empresas y lo que podrías aportar al muy probablemente tu nuevo empleo. Has de hacerle saber al seleccionador que eres un candidato que no sólo le dará soluciones sino que serás un generador de proyectos. El número uno.

Vienes pensando en todo eso. Te levantaste muy temprano. Abordaste un microbús, luego estás en el metro. Estás sentado en un tren muy tranquilamente. Planificando tu estrategia. Pero no contabas con que una mujer, que se convirtió en una especie de enemiga durante el trayecto en microbús, volvería a aparecer para seguir fastidiandote.

Te ha llamado morboso, poco caballeroso, grosero, patán, huevon y varias cosas más. Llegó el momento en que no te aguantaste y le dijiste que se callara. Y que además era una gorda horrenda que te provoca malestar estomacal con sólo mirarla.

Piensas que sino fuera porque es una mujer, ya te hubieras parado y acomodado un buen puñetazo para callarle la boca.

Quisiste ser tolerante. Quisiste pretender que no pasaba nada. Pero de pronto no te aguantaste y le contestaste de mala manera. La obesa se queda callada durante unos instantes. Quizá este acostumbrada a agredir a la gente y dado que es una mujer pocos serán los que se atrevan a responderle como se merece.  Está callada y tú piensas que con eso ya habrá tenido. Te acomodas en tu asiento y tratas de volver a concentrarte en lo que te interesa. La entrevista para el nuevo empleo.

Pero la obesa vuelve a la carga. Te dice un montón de insultos. Pero le has subido el volumen al máximo a tus audifonos hasta que casi no puedes oírla.  No quieres más líos. Tú venías con un buen ánimo y una persona como esa mujer no va a arruinarte el buen humor. La ignoras. Y ni siquiera volteas a verla. Pero cuando lo haces, puedes ver en su rostro la frustración, la desesperación de alguien que está chingando sin obtener nada a cambio más que tu indiferencia. Hasta le sonríes. Y eso la enfurece. Y puedes ver como su boca se mueve, como está prununciando un sin fin de insultos y maldiciones hacia ti. Pero tú vienes oyendo una buena canción. No sabes lo que te dice y mucho menos te interesa.

Todo va bien. El tren está en marcha, tú vienes tranquilamente oyendo música y la gorda viene chingando. Todo está bien. Y todo está bien hasta que la gorda te patea en la espinilla. Como ya no reaccionaste ante sus palabras ahora te agrede físicamente. Pudiste ignorar sus palabras pero te ha hecho daño y eso no lo vas a tolerar.

Te quitas los audifonos. Quisieras pararte y partirle la cara pero te detienes. —

-¿Qué le pasa, señora? ¿Está usted loca o qué?

-Ándale, vente cabroncito. Yo no te tengo miedo. Yo si te parto tu madre. Vamos a ver de a cómo nos toca.

Te quedas mirándola incrédulo.  Le dices que está loca. Y te sobas la espinilla que acaba de patearte. Sigues escuchándola como te reta y te amenaza. Y a ti sólo te da risa. Y eso la provoca aún más.

El resto de los pasajeros, que en su mayoría son mujeres observan la escena. Todos serios, fríos, como vacas hindúes.  Y tú no sabes que hacer. Es tan embarazoso. Sólo sonríes.

Y te sigues riendo hasta que sientes otro puntapié en la espinilla. Te levantas furioso. Estas a un segundo de regresarle la patada.   Pero una vez más te controlas. Le dices que ya es suficiente. Y la mujer intenta darte una bofetada. Le detienes la mano. Y le dices que no se atreva.

Esa maldita mujer ha estado agrediendote  durante mucho rato. Te insultó y luego hasta te pateo ¡dos veces! Ahora intenta golpearte en la cara. Se lo impides. Sostienes su muñeca. Y le dices que se calme. Tú no quieres problemas. Y no quieres hacer de esto algo más grande. Tratas de ser razonable. Intentas transigir. En eso estás…

Y de la nada sale un puño que impacta en tu mejilla derecha. No te lo esperabas. Casi te tumba. Estabas de pie conteniendo las agresiones de una mujer horrenda y de pronto estás sentado otra vez y con el pómulo hinchado. Definitivamente te tumbó ese golpe.

Si fueras una caricatura o uno de esos dibujos animados de antaño seguro que sobre tu cabeza habría estrellitas o pajaritos volando a tu alrededor.  Pero esto es la vida real. No hay estrellas, ni pajaritos. Hay dolor. Sientes el dolor, primero en tu espinilla, ahora en la cara. Y sientes algo más que emerge dentro de ti.

Pero estas aturdido. Y escuchas una voz masculina que te dice:

-No te quieras pasar de listo con la señorita.  ¿Te crees muy valiente poniéndote al tú por tú con una mujer? A ver ponte conmigo ¡si es que tienes muchos huevos!

La ira contenida al fin explota. Y te levantas buscando a ese infeliz que te golpeó y que ahora te reta. Con la mujer te contuviste precisamente porque era mujer, pero ahora que sabes que es un hombre quien te agredió no serás tan amable. Cierras los puños. Pones cara de malo.

Y ¡oh! sorpresa… Quien te atacó es un señor mayor. Quizá de la tercera edad. Se interpuesto entre la obesa y tú.

Un nuevo dilema. ¿Responder a golpes o no, a un hombre de la tercera edad?

Tu puño se ha detenido a medio viaje de su objetivo al ver que es un anciano quien te atacó.  Todo el mundo te mira. Y ves a ese anciano arremangándose la camisa.  Te quedas pensando en lo que deberías o no hacer. Aprietas los dientes. Contienes a la fiera dentro de ti.  Te tomas un respiro. Piensas en las implicaciones de esta situación.

El tren ha llegado a otra estación y se detiene. Gente sube, gente baja. Y observas como te miran todos con el puño levantado a la altura del hombro. Y frente a ti un anciano y una gorda horrible. Cuentas hasta diez. Escuchas el timbre del tren antes de cerrar las puertas y avanzar a la estación próxima. Escuchas a uno de los vagoneros empezar a ofrecer sus productos. Ya está. Estás calmado. Decides que mejor volverás a sentarte.

Y en eso una mano enorme cruza el viento, hace a un lado al anciano y se impacta contra tu rostro.

Es la gorda. Que ha aprovechado que te quedaste quieto para continuar lo que comenzó. Al fin te ha acertado la bofetada. Te ha tomado por sorpresa. Te agachas, bajas la mirada. Realmente duele. Sientes como te arde la cara. Es que realmente te ha dolido. La ira vuelve.

Aún no terminas de enfadarte cuando al levantar la mirada ves muy de cerca a un puño, el mismo puño de hace unos instantes, segundos antes de impactarse de nuevo en tu mejilla derecha.  Y vuelves a caer noqueado en tu asiento.

¡Maldita sea! No lo puedes creer. Tú venías tranquilamente, perdido en tus pensamientos, sin molestar a nadie. Ibas camino a una entrevista de trabajo. Hace dos días leíste un anuncio muy atractivo: SE SOLICITA PEDAGOGO. Eso fue lo que leíste. Mandaste tu solicitud. Te llamaron para una entrevista. Vas en camino para acudir a ella. Venías pensando en una buena estrategia para asegurar el éxito y quedarte con el trabajo. Pero de repente…

Una maldita obesa te ha agredido verbal y físicamente.  Pero nadie dijo nada. Luego, cuando al fin te atreves a decirle algo. Un anciano se levanta de entre la multitud para defender a la pobre infeliz  y también te agrede.

Venías muy contento, venías de buen humor. Pero ahora estás molesto, muy molesto y con la mitad de la cara hinchada. Te llevas las manos al rostro. Y puedes observar a tus agresores. Ves al anciano. Hasta brinca y te reta a que te levantes. Te dice que te va a enseñar una lección, que te va a enseñar a tratar a las mujeres. Ves y oyes a la gorda gritar un montó de tonterías. La ves contándole a otros pasajeros que eres un morboso, un grosero y que sino fuera porque existen verdaderos hombres como ese anciano que te ha noqueado…

-¿Quién sabe que hubiera pasado?

Son una mujer y un anciano. Pero son fuertes y te han lastimado. Estás que no te lo crees.

Estás en una situación complicada…

¿Qué haces?

 

Se solicita Pedagogo 1ra Parte

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