Algo Hicimos Mal, ¿Por qué estamos tan jodidos en Latinoamerica?

Y Peter vio encenderse las luces de la casa y cómo el muchacho le apuntaba a la cara con un Desert Eagle. En un instante estaba rodeado de esos pandilleros. Había caído en la trampa.

Miró a su alrededor. Todos eran tan jóvenes. Ninguno llegaba a la mayoría de edad.

“Algo hicimos mal…” Dijo para sí mismo.

“¿Qué Es Lo Que Hicimos Mal?”

Y allí, de cara al cañón de un águila del desierto, Peter había de recordar aquella tarde remota en que llegó a su fin la búsqueda de Harumi en los Corazones. Allí conoció a Porfirio. En ese entonces Los Corazones era un pueblito de apenas unos 300 habitantes, casas de barro y caña brava construidas a la orilla de una playa de aguas bravas y diáfanas, y que ni siquiera aparecía en los mapas. Está Situado en las costas del Istmo de Tehuantepec, en los límites de la frontera entre Oaxaca y Chiapas. Allí vivía Porfirio, un adolescente solitario, ajeno a la política y a la cultura, aficionado irredento de las cantantes de pop, de la música en inglés, de las series de televisión gringas… Y ese joven, furiosamente provinciano (cosmopolita de trasmano, nacionalista de puro sentimiento) creaba por su cuenta una realidad social nomás suya, la síntesis de todas sus predilecciones que no existía en lado alguno, del ánimo prolífico, de una canoa y una caña de pescar y de muchos sueños. Y de la casualidad de que soñaba con lo mismo que decenas de miles de jóvenes en el país: estudiar-no por amor al conocimiento sino con tal de obtener reconocimiento, el encomio de la gente de su pueblo y un buen empleo y así prosperar para lograr una buena vida. Pasar por todo lo que mucho hemos pasado.

Porfirio, tramaba día tras día para largarse de la casa con la familia idiotamente junta, y evadirse del trabajo monótono y ese pueblo en el culo del mundo. Y al adolescente de Los Corazones su sueño le llevaba a diario a esforzarse, a estudiar y trabajar, y eso le agradaba, pero el no se resignaba a la modestia de la tierra oaxaqueña, y esperaba el momento para dirigirse a la capital monstruosa, a pasarla mal como un tramite en el camino a la superación.

Si no supiese el “happy end”, sería triste lo que sigue: hambres, malos tratos del egoísmo urbanos, noches sin sitio para dormir, trabajar en un empleo horrible para costear una carrera, y al final, días y semanas aguardando en las afueras de las empresas para una entrevista, tocando puertas para conseguir un buen empleo.

Pero antes de eso, un día, mientras caminaba de regreso a casa después de una ardua jornada de escuela y trabajo, se detuvo frente a una casa. La más grande y hermosa del pueblo. La contempló por un rato y soñaba con que algún día él podría tener una casa igual o mejor que esa. En eso estaba y de pronto una pregunta se le asalto de repente: ¿Por qué los ricos son ricos? ¿Y los pobres son pobres, si en la escuela dicen que México es un país muy rico? ¿Cómo le hicieron para tener lo que tienen? No pudo responderse por si mismo. No supo cómo. Luego, antes de continuar su camino, volvió a repetir su pregunta, pero ahora en voz alta: “¿Por qué los ricos son ricos?” Alguien que iba pasando a su lado y alcanzo a escuchar la interrogación le respondió: “Pues porque ellos si se han puesto a trabajar ¡Huevón!” Porfirio no quedo muy convencido con esa respuesta. “No, no creo que sea por eso–Pensó–Yo soy muy trabajador, mis padres y mis abuelos también lo fueron. Trabajaron toda su vida y siempre fueron pobres. Yo nací pobre y así sigo. Y que yo sepa, los ricos siempre han sido ricos”. El joven echa un último vistazo a la casa de sus sueños y sigue rumbo a casa. Pero la duda no se disipa. El resto del día es tolerable. Se distrae un poco, convive con la familia, sale a pescar, pasa por la parcela, alinea las llantas de su bicicleta. Luego, ve un poco de televisión. No piensa demasiado en sus sueños ni en sus inquietudes. Escucha la radio. Se olvida del mundo. De pronto hay una falla en el suministro de energía eléctrica. No hay más tele, no hay partidos, no hay series; nadie a quien llamar, todos se están yendo al otro lado; y los que no, a la capital; y los que no, a trabajar al mar o al campo, al ejercito o a la policía; definitivamente no hay a quién llamar (de todos modos en todo el pueblo apenas hay una casetita telefónica y siempre esta atestada). Intenta leer, pero no se concentra. Lee, y vuelve a leer “El laberinto de la Soledad” que le regaló Peter hace unas semanas. Lo que le trae de nuevo la duda. Sale a pasear para olvidarse de esas tonterías. Entonces cae la noche y no hay donde ocultarse. Empieza a pensar. Y la reflexión le asalta de nuevo. Así que se mete a la cama, cierra los ojos y recuerda todas las razones por las que la riqueza y la pobreza deberían importarle lo que una mierda. No funciona, los pensamientos equivocados siguen surgiendo. Las interrogantes. Desgarra su mente tratando de resolver los enigmas que le apabullan y tira los jirones como si vaciase un cenicero. No encuentra respuestas. Se desespera. Debe saberlo, de un modo u otro. No puede ser tan difícil llegar al fondo de esto. Pasa un rato y al fin concilia el sueño.

Al día siguiente no fue a la escuela. Salió a caminar, a seguir reflexionando. Buscando una respuesta. Caminó y caminó. Tardó hora y media en subir a la colina en las afueras de los Corazones, donde el aire es más fresco y viven los ricos. Y allí, sin distracciones… Es fácil ponerse a pensar, a reflexionar. Allí fue donde se encontró con Peter y con Rogelio. Como siempre, charlaron durante por horas. Peter y Rogelio venían de la ciudad. Aventureros, Hombres de mundo, decían ellos. Porfirio aprendió tanto de ellos. Y cuando estaba con ellos podía sacar a relucir todas sus dudas, sus conjeturas.

¿Sabes qué es lo qué pasa? ¿Quieres saber por qué estamos jodidos? Todo es culpa del imperialismo de Estados Unidos. Le dijo Rogelio.

Como siempre, y al igual que Rogelio, mucha gente ha culpado a Estados Unidos de todos los males de América latina. Y Peter les respondió diciendo que, bueno, Estados Unidos habrá hecho sus cosas buenas y sus cosas malas, pero algo hicimos mal los latinoamericanos en los últimos 200 años. Si no le hemos apostado a la educación, a la ciencia y a la tecnología, si no cobramos todos los impuestos, si gastamos 50 mil millones de dólares en gastos militares todos los años, si toleramos la corrupción, no podemos seguir con el infantilismo de seguir culpando a los gringos de todo. ¡No me chingues! La pobreza no es un problema sólo de este miserable pueblo. Es sino, la misma realidad de muchas zonas de México y de toda Latinoamérica. No eres, ni serás el primero ni el último que se pregunte ese tipo de cosas. Durante décadas hemos estado explorando este tema sin encontrar una respuesta satisfactoria.

Por esta discusión han pasado todas las figuras relevantes latinoamericanas, renombrados economistas mundiales, educadores, filósofos, revolucionarios… en fin. Desde Octavio Paz hasta Hugo Chávez, desde Keynes hasta Marx, desde Zapata hasta el Subcomandante Marcos, unos armados con palabras y otros con fusiles, pero todos convencidos de conocer las razones profundas que explican por qué los habitantes de Suiza, un país multiétnico, sin salida al mar y escasamente poblado, como los de Bolivia, tienen quince veces el per cápita de este país latinoamericano[i].

Las ideas de Rogelio y Peter, como el dios Jano, tiene dos caras. Por una parte, están las raíces culturales, generadoras de una actitud poco práctica ante la vida. Es una sociedad pródiga en abogados y humanistas, que gradúa muchos más psicólogos que ingenieros o especialistas en ciencia y tecnología.

Este año se está celebrando el bicentenario me México y de varios países más, y los gobiernos se han gastado un dineral en los festejos. Según reportes de prensa, en México se han gastado mas de 200 millones de dólares en las celebraciones, y en argentina mas de 40 millones de dólares, mientras que en Chile, solo 3 millones de dólares. Y yo me pregunto ¿Vale la pena gastar todo ese dinero en los festejos patrios? ¿No seria mucho mejor invertir esos fondos en educación? Y más allá de eso, ¿no estamos demasiado obsesionados con nuestro pasado? ¿No estamos mirando demasiado para atrás, y demasiado poco para adelante?

Ese es nuestro problema. Estamos obsesionados con el pasado. Nos gusta ensalzar nuestros fracasos. Me resulta lamentable ese rasgo predominante en mí y en toda Latinoamérica. Nuestro atraso esta determinado por esa tradición.

– ¿Hay remedio para el atraso relativo latinoamericano?

Sí, yo creo que sí, tengo fe en ello, pero sólo si se produce una profunda y duradera reforma educativa. Ese es el otro caballo de batalla, y sin duda el más importante. En lugar de continuar discutiendo sobre los males de la colonia o sobre los viejos y continuados errores de la república, de las dictaduras, la corrupción, el “si hubiera…”

Habría que observar cuidadosamente cómo enseñan y aprenden los finlandeses, dueños del mejor sistema educativo del planeta[ii]; qué han hecho los israelíes en medio del desierto para construir una sociedad próspera, libre y altamente desarrollada[iii]; cuáles son los secretos del pequeño Singapur[iv], una excrecencia geológica situada en el Pacífico, atiborrada de personas, cuya riqueza per cápita es mayor que la norteamericana.

¡Es que Necesitamos más reflexión y más acción!

-Puede que digan que soy un hombre práctico, que sólo toma en serio los resultados. Uno que no pierde el tiempo examinando teorías. Pero es que si ya todos sabemos que en un mundo globalizado, regido por la competencia, en plena civilización del conocimiento, ganarán los más sabios, los más productivos y organizados, los más innovadores y creativos, siempre que cuenten con las instituciones adecuadas, y esas personas, lamentablemente, no abundan en nuestros vecindarios. Y si los hay, su potencial está desperdiciado. Se quedan en las sombras. En la luz que nadie ve.

Si nos fijamos, en todas las pruebas escolares internacionales en las que los estudiantes miden su dominio de las matemáticas y ciencias, los latinoamericanos invariablemente quedan en los últimos puestos, casi siempre junto a los africanos.

¿Cómo vamos a competir adecuadamente contra europeos, norteamericanos, chinos o hindúes, si nuestras masas están notablemente peor educadas y nuestras élites no acaban de entender la importancia de la ciencia, la tecnología y la investigación original?

¿Hay algún país latinoamericano que levante la mano y muestre algunos elementos de excelencia educativa? No, de acuerdo con los datos objetivos. Ni siquiera Chile, que hoy está a la cabeza del continente. Ninguno. No hay una sola universidad latinoamericana entre las 200 mejores del planeta, y apenas comparecen tres o cuatro entre las primeras 500[v]. Un pequeño estado, como Israel, registra anualmente más patentes científicas que toda América Latina con sus 550 millones de habitantes. No se produce nada en América Latina. ¿Nosotros cuándo?

¿Por dónde se comienza a reparar este secular fracaso? ¿Echándole la culpa a Estados Unidos?

A mí me da la impresión de que cada vez que se habla de estos asuntos en Latinoamérica, casi siempre, es para culpar a Estados Unidos de nuestros males pasados, presentes y futuros. No creo que eso sea del todo justo.

No podemos olvidar que América Latina tuvo universidades antes de que Estados Unidos creara Harvard y William & Mary, que son las primeras universidades de ese país. No podemos olvidar que en este continente, como en el mundo entero, por lo menos hasta 1750 todos los americanos eran más o menos iguales: todos eran pobres. Todos eran colonias.

El problema está en que nunca aprovechamos las oportunidades. Si quisiéramos encontrar un momento clave para entender nuestro atraso. Ese sería sin duda la revolución industrial.

Cuando aparece la Revolución Industrial en Inglaterra, otros países se montan en ese vagón: Alemania, Francia, Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda. Casualmente, estos países que invirtieron en la industria en ese momento son los líderes del mundo. Y así la Revolución Industrial pasó por América Latina como un cometa, y no nos dimos cuenta. Ciertamente ahí perdimos la oportunidad.

Pero también hay una diferencia muy grande. No es por echarle la culpa a nadie. Quizá fue cuestión de mala suerte. Pero leyendo la historia de América Latina, comparada con la historia de Estados Unidos, uno comprende que Latinoamérica no tuvo un John Winthrop[vi] español, ni portugués, que viniera con la Biblia en su mano dispuesto a construir “una Ciudad sobre una Colina”, una ciudad que brillara, como fue la pretensión de los peregrinos que llegaron a Estados Unidos. Nos chingaron gente como Hernán Cortes.

Peter mira el Águila del desierto que le apunta. Observa la mirada en los ojos de sus atacantes.

¿Qué hicimos mal?

Sería una tarea muy simple, pero a la vez muy larga, el enumerar todas las cosas que hemos hecho mal. En torno a lo educativo, para comenzar, tenemos una escolaridad de 7 años[vii]. Esa es la escolaridad promedio de América Latina y no es el caso de la mayoría de los países asiáticos. Ciertamente no es el caso de países como Estados Unidos y Canadá, con la mejor educación del mundo, similar a la de los europeos. De cada 10 estudiantes que ingresan a la secundaria en América Latina, en algunos países solo uno termina esa secundaria. Hay países que tienen una mortalidad infantil de 50 niños por cada mil, cuando el promedio en los países asiáticos más avanzados es de 8, 9 ó 10.

Tenemos enormes carencias en todos los aspectos… Y no es responsabilidad de nadie, excepto de nosotros, que no le cobremos dinero a la gente más rica de nuestros países, que exista la extrema pobreza, que la educación este mal, etc. Nadie tiene la culpa de eso, excepto nosotros mismos.

En 1950, cada ciudadano norteamericano era cuatro veces más rico que un ciudadano latinoamericano. Hoy en día, un ciudadano norteamericano es 10, 15 ó 20 veces más rico que un latinoamericano. Eso no es culpa de Estados Unidos, es culpa nuestra.

Nos la pasamos hablando del pasado. Nombrando con eufemismos a nuestras estupideces. Seguimos discutiendo todas las cagadas y metidas de pata. ¿Y para qué? Este hecho para mí resulta grotesco, y lo único que demuestra es que el sistema de valores del siglo XX, que parece ser el que estamos poniendo en práctica también en el siglo XXI, es un sistema de valores equivocado. Porque no puede ser que gastemos miles y miles de millones de pesos en festejos patrios, en salarios de la burocracia, en monumentos a perdedores, porque son ellos los que iniciaron esta nación y lo hicieron mal. Que gasten tan poco en educación y salud y gasten demasiado en armas y seguridad. No puede ser que se gaste miles de millones en armas, policías y soldados.

Yo me pregunto: ¿quién es el enemigo nuestro? El enemigo nuestro, es la falta de educación; es el analfabetismo; es que no gastamos en la salud de nuestro pueblo; que no creamos la infraestructura necesaria, los caminos, las carreteras, los puertos, los aeropuertos; que no estamos dedicando los recursos necesarios para detener la degradación del medio ambiente; es la desigualdad que tenemos, que realmente nos avergüenza, y que no deberíamos ocultar detrás de los festejos; yo creo que todo esto es producto, entre muchas cosas, por supuesto, de que no estamos educando correctamente a nuestros hijos.

Uno va a la UNAM y es como hacer un viaje en el tiempo hacia el pasado, es que todavía parece que estamos en los sesenta, setenta u ochenta. Parece que se nos olvidó que el primero de enero del 2001 pasó algo muy importante, pasamos a un nuevo milenio, a un nuevo siglo, y que el mundo cambió.

Tenemos que aceptar que este es un mundo distinto, y en eso francamente pienso que todos los académicos, que toda la gente de pensamiento, que todos los economistas, que todos los historiadores, casi que coinciden en que el siglo XXI es el siglo de los asiáticos, no de los latinoamericanos. Y yo, lamentablemente, coincido con ellos.

Porque mientras nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías, seguimos discutiendo sobre todos los “ismos” ¿Cuál es el mejor? capitalismo, socialismo, comunismo, liberalismo, neoliberalismo…

Los asiáticos encontraron un “ismo” muy realista para el siglo XXI y el final del siglo XX, que es el pragmatismo.

Y dirán que no aprendí nada en la carrera, que de nada sirvió estudiar una carrera humanista si pienso que el pragmatismo es lo mejor. Pero eso es quizá porque falló la educación que recibí. Quizá soy una prueba de ello. Y en todo caso… la vida en la universidad es muy linda y muy bonita. Tanta teoría, tanta reflexión es maravillosa.

Pero ya cuando te enfrentas al mundo real. Sale sobrando. Si las humanidades son hermosas e interesantes. Pero con eso no avanzamos.

Y si sólo miramos a China y vemos como crece su economía, como crece su calidad de vida y de educación. Y mientras los chinos hacen esto, y desde el 79 a hoy crecen a un 11%, 12% o 13%, y han sacado a 300 millones de habitantes de la pobreza, nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías que tuvimos que haber enterrado hace mucho tiempo atrás.

Dependencia, subdesarrollo, periferia, tercer mundo… Llámenlo como quieran. Sólo hay algo que es absolutamente cierto:

“Estamos jodidos… Jodidos y radiantes. Quizás más lo primero que lo segundo y viceversa”.

Pasa y pasa el tiempo. Se ensayan soluciones. Se le pone nombre a las cosas. Nombres llenos de eufemismos. Ya no somos un país tercermundista o subdesarrollado, ahora somos un país en vías de desarrollo. ¡Hazme el chingado favor!

El caso es que siguen existiendo las mismas razones para migrar del campo a la ciudad: Salarios de hambre, desempleo, caciquismo, desastres agrarios, latifundios…Y la lista es inmensa. Ya pasaron 100 años desde la revolución. Y seguimos adoleciendo de los mismos dolores.

¿De qué vale analizar los diferentes enfoques socioeducativos que han formado parte de los debates político-culturales de las sociedades latinoamericanas durante el siglo XX?[viii] Cuando todas coinciden en lo mismo. La educación en América Latina es una mierda. Y En lugar de aplicarnos le echamos la culpa a Estados unidos, al capitalismo, a la globalización y al neoliberalismo.

Si es cierto que la educación, como práctica, puede ser analizada desde diferentes perspectivas, ángulos y enfoques:

Económico, sociológico, político, psicológico y pedagógico.

Este es mi análisis:

Económicamente hablando estamos sumidos en la pobreza.

Sociológicamente no existe una sociología, ni una verdadera tradición latinoamericana.

Políticamente ya no creemos en nada. Todo es demagogia.

Pedagógicamente… Estamos jodidos… la educación es una mierda. Las innovaciones vienen del exterior y no tienen cabida en una sociedad como la nuestra tan pinchemente jodida, en educación en ideología. La educación se rige más que por las teorías pedagógicas por las políticas de los organismos internacionales. Tanto se habla de Freire y de la pedagogía Bancaria. Y es lo que hacemos. No permitimos a los alumnos pensar por si mismos.

Además que en el momento actual vivimos inmersos en una sociedad del conocimiento, de la información. Por lo que es importante evaluar la validez y alcances del conocimiento que ofrecen las instituciones. Vivimos también en una era dominada por una sociedad industrial. Y así pues, con la presencia de una perspectiva mundial como son la globalización y el pensamiento de libre mercado que lo acompaña. Los cuales nos dicen que es lo que debemos hacer, qué enseñar, qué educar, para qué y con qué fines. Es triste pensar que en el momento actual en que vivimos la educación, sus objetivos y metas no sean regidos por las teorías pedagógicas sino más bien por las políticas dictadas por los organismos internacionales, que ponen de manifiesto en primer lugar la necesidad de preparar al ser humano de cara a la sociedad industrial, esto es de cara al mundo del trabajo, formar al hombre productivo. El planteamiento de las competencias viene del campo de la producción, lo que en si no es un problema, porque gran parte del pensamiento educativo del siglo XX tiene su origen en la producción o en la administración de empresas (tal es el caso de términos como evaluación, rendimiento escolar, planeación, etc.).

Dejamos de ser humanos para convertirnos en “recursos humanos”.

Dicen que la educación hoy día es muy costosa, sin embargo, su rendimiento no simple corresponde a las inversiones. La supervivencia y el futuro de nuestras naciones dependen, generalmente, de las medidas que se adopten para lograr una mejor educación en una mayor cantidad de niños y jóvenes y adultos. El prestigio y beneficios de muchas instituciones educativas son juzgados en razón de la educación que imparten, en cantidad y calidad y esta se controla directamente por medio de programas y sistemas de evaluación.

¿En qué fallamos?

En la educación. Quizá si nos hubiéramos puesto las pilas, estos jóvenes que me rodean no estarían aquí. Pero es que quizá son victimas. Los anuncios nos ofrecen de todo: autos, ropa, teléfonos, comida rápida, cigarros, shampoos y lociones, de todo. Nos hacen desear todo eso. Hay gente que trabaja toda su vida en algo que odia para comprar basura que no necesita. Y hay gente, como estos chicos, que prefieren unirse a las filas de la delincuencia.

¿Qué podemos hacer? Lo podemos analizar. Claro. Si ya se hace. Si ya tantos lo han hecho. Si todos conocen qué sucede. Si ya sabemos los motivos de nuestra pobreza ¿Por qué no la hemos resuelto?

Mirar hacia adelante. Eso es lo que tenemos que hacer. Ocuparnos en ves de preocuparnos.

En mi opinión: Las cifras de delincuencia, subdesarrollo, educación, etc. deberían preocupar a los gobiernos latinoamericanos. La internacionalización de la educación debería ser una política de estado para todos los países que se beneficiarían mucho de tener más universidades y mejor equipadas. Si los países no tienen buenas universidades. ¿Por qué no enviar estudiantes a buenas universidades extranjeras, como lo hacen otros países? Igualmente deberían tratar de que más universidades extranjeras de primer nivel vengan a Latinoamérica.

Es que olvidamos que la educación es el camino hacia el futuro…


[i]Suiza cuenta con una de las economías capitalistas más estables, poderosas y modernas del mundo, ubicada entre las diez mejores según el Índice de Libertad Económica de 2009. El PIB nominal per cápita de Suiza es más alto que el de la mayoría de las economías europeas. El índice de paridad de poder adquisitivo (PPA) de Suiza se encuentra entre los quince mejores del mundo. Mientras que en Bolivia El PIB per cápita es uno de los más bajos de América Latina siendo considerado como un país de ingreso mediano bajo.

[ii]El informe PISA (ProgramforIntelligenceStudentAssessment) 2003, que mide el rendimiento educativo de los países de la Organización para la Cooperación de Desarrollo Económico (OCDE) reveló, recientemente, que el sistema educativo finlandés es el mejor del mundo.

[iii]Israel es considerado como el país más avanzado del sudoeste de Asia en el desarrollo económico e industrial. El país se ha clasificado en lo más alto en la región por el Ease of Doing Business Index del Banco Mundial, así como en el Índice de Competitividad Global del Foro Económico Mundial.

[iv]Singapur posee una economía de mercado libre, próspero, caracterizada por un entorno abierto. Tiene precios estables y uno de los PIB per cápita más altos del mundo. El sistema educativo de Singapur se caracteriza por una búsqueda constante de la calidad, de la flexibilización y de la diversidad.

[v] De acuerdo, por ejemplo, al «Academic Ranking of WorldUniversities 2010». Consultado el 16-10-2010.

[vi]John Winthrop (12 de enero de 1588, Edwardstone, Suffolk, Inglaterra – 26 de marzo de 1649, Boston, Colonia de la Bahía de Massachusetts) fue un líder político colonial norteamericano, el primer gobernador de la Colonia de la Bahía de Massachusetts.

[vii]Miguel Del Cid,Director de OIT para México y Cuba. En el V FORO NACIONAL LABORAL CONCAMIN/COPARMEX: NECESIDADES Y EXPECTATIVAS LABORALES 2006 – 2012: Empleo, legislación laboral, administración de justicia.

[viii] Propósito básico de esta Unidad de conocimiento.

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