El Regreso de Nataly 13.

 

La gente suele decir que la clave de una buena relación es la comunicación. Muy cierto, tienes que hablar. Compartir con tu pareja.
Pero También es importante saber cuando dejar de hablar. Y eso nunca te lo dicen…

El regreso de Nataly trajo consigo algunos cambios a mi vida. Principalmente me hizo recordar el cómo es sentirse parte de una pareja. Cuidar de alguien que cuida de mí.

Pero también trajo consigo las dudas y los celos. Y las peleas y discusiones sin sentido.

Es miércoles.

Estamos por entrar a ver una película. Yo quisiera ver una película romántica o alguna comedia. Ella dice que le encantan las películas de terror, le gusta ver la sangre. A mí casi no me gustan ese tipo de películas. Resulta un poco difícil ponerse de acuerdo.

Yo digo que las películas de terror son aburridas. Asquerosas. Nataly me dice que para ella son un dulce tormento. “Son delirantes” me dice ella. E irremediablemente viene a mí la pregunta: ¿Por qué a todas las chicas con las que salgo les encanta ver ese tipo de películas?

“Ella” solía decir que las películas de terror eran uno de sus mayores delirios. Y cada que íbamos al cine solíamos tener la misma disputa en cuanto a qué cinta veríamos.

Esta es la primera vez que vengo al cine con Nataly, y empiezo a odiar la idea de que tendremos la misma disputa.

Total, que terminamos eligiendo Alicia en el País de las Maravillas. Y en 3d ¡Alucinante! Es la segunda película que veré en 3d.

Caminamos unos pasos. Nos sentamos en una mesa a esperar la hora de la función mientras tomamos un refresco. Falta como media hora.

A un costado, hay varios carteles de películas que han sido exhibidas en este sitio. Una de ellas llama mi atención. Nataly lo nota.

“Has visto esas películas de“Destino final” a mí me gustaron mucho”.

“Si, si las he visto, bueno, sólo vi la última…” Y como me pasa siempre que salgo con Nataly, mi memoria empezó a jugarme una terrible broma… Me trae a la mente recuerdos que no le he pedido.

Y ahí va…

Precisamente, La primer película que vi en tercera dimensión fue aquella de “Destino Final”. Había ido a verla con “Ella” cuando recién se estrenó y recuerdo que no nos querían dejar entrar al cine porque no traíamos credencial de elector. “Es que está muy fuerte y violenta, no es apta para menores de edad”-Nos decía la que vendía los boletos. Al fin pudimos convencerla de que ya estábamos mayorcitos y disfrutamos esa cinta. Y si fue violenta y todo, pero lo mejor fueron los efectos en 3d. ¡Alucinantes!

Recuerdo que aquel día Nos la estábamos pasando muy bien. Luego, hacia el final de ese día maravilloso, tuvimos que correr porque se hacía tarde para llegar a donde su padre la esperaba.

Abordamos un microbús, estaba llenísimo y sólo había un lugar disponible detrás del asiento del chofer. Le dije que se sentara pero no quiso. Me dijo que me sentara yo y que la cargara en mis piernas. Durante el trayecto íbamos platicando acerca de la película y de lo divertido que habíamos pasado el día. En el colectivo sonaba una salsa muy linda, era “Pequeñas cosas” de Eddie Santiago. Le digo que me encanta esa canción. Ella dice que detesta la salsa. Luego me dice: “Mira, Gordo, para que veas que no soy sólo yo” Apuntando hacía el estéreo del microbús, que nos quedaba a la vista. En la pantalla del  estéreo aparecía que la pista que sonaba era la canción número 11.

“¿Ya ves?¿ya viste como se me aparece en todas partes ese número? Ya hasta me está dando miedo.” Me abraza fuertemente, se aferra a mi pecho. Yo sonrío e intento tranquilizarle. “Tranquila, Gordis, No pasa nada. ¿Qué puede pasar? No pasa de que choque el micro y terminemos en el hospital. Es más, fíjate-Le hablo al conductor- ¿verdad que no va a chocar, chofer?”

Ella sonríe. Suspira. Me besa.

Casi inmediatamente después de eso tuvimos una discusión muy violenta. Sonó mi teléfono celular, y al otro lado de la línea estaba una empleada que contraté para el negocio, me llamaba porque tenía un problema y no sabía que hacer. Rápidamente le di la asistencia necesaria.

“¿Quién era?” Me pregunta “Ella”. Le  explico que es una chica que contraté para el negocio, que hoy era su primer día. Se puso furiosa, se levantó y se fue a la parte trasera del microbús. Allí, de píe, en medio de un microbús lleno de gente tuvo lugar la discusión. Me reclamó que seguramente era alguna de las tantas zorras que tendría yo por algún lado. “Te digo que es la nueva empleada”. Ella me reprocha que por qué siempre he de contratar mujeres. Se pone fuera de sí. Me da más miedo que la película que habíamos visto. Cuando se enoja es terrible. Pobre Paola, a veces la compadezco.

Se quita el anillos}, me lo avienta a la cara. De milagro no se pierde. Y me dice que ya valió madres, y hace de esa simple llamada una tormenta, un huracán. Yo no sé que hacer. Le pido que se calme pero pareciera que mis palabras tienen un efecto contrario. El resto de los pasajeros nos mira. Es tan incómodo. Trato de abrazarle y hacer lo posible por contener su furia. No puedo. Y como siempre, nunca faltan los buenos samaritanos que quieren “defenderla”, porque por la forma en que ella se comporta hace parecer que la estoy madreando o haciendo daño o algo así. ¡¡Hazme el chingado favor!!

Me pongo furioso. Lo bueno de todo esto es que puedo descargar esa furia en el primer imbécil que osa entrometerse.  Se arma un poco de alboroto. No pasa a mayores. También, como siempre, hay pocos valientes. Y yo que siempre estoy dispuesto a partirle la puta cara a quien se ofrezca de voluntario.

Después de la tormenta vino la calma. Un poco de calma. Luego volvió a tomar fuerza. “A mí no ves la cara de pendeja, de seguro fue esa escuincla, la tal Diana Laura”, “No, gordis, ¿cómo crees?”. “ Y yo no estoy gorda, así que deja de llamarme así”.

¿Cómo parar una tormenta así?

“Ósea, Lo siento Baby, cálmala, aliviánate ¡estás haciendo el oso!” –Se lo digo en un tono bastante fresa. Se empieza a reír. Es buena señal. Bajamos del microbús. Le cojo la mano. Me rechaza. “¡No me toques!” Me dice que me vaya que ya  se acabo todo. Que no está dispuesta a tolerarme una más. Va caminando y allí voy yo detrás de ella, camina tan rápido que tengo que correr para seguirle el paso.

Eso que dijo sí me hizo enojar a mí. “¿Una más? No me jodas, ¿De qué hablas? ¿Cuáles fueron las otras que yo ni me enteré?”

“Bueno, es que pienso que podría ser el principio, la primera de una serie de infidelidades”. No supe que pensar en el momento. No sabía si llorar o echarme reír a carcajadas. Trato de tomármelo con calma. De seguro estará en sus días. “Oye, tú escuchaste lo que le dije a esa chava por el teléfono, piénsalo un momento. ¿En verdad crees que te estoy siendo infiel por eso?”

“No lo sé. A veces las cosas no son como parecen. Igual y sólo disimulaste porque estaba yo aquí, pero que tal al rato cuando yo no esté?”

“Sí, seguramente. La verdad es que esto es una de las cosas que más admiro de ti. Eres una chica muy lista, muy suspicaz. Las cosas no son como parecen. Porque pues, parecía que esa chica y yo, se llama Fany por cierto, hablábamos por teléfono y yo le explicaba como funciona el fax y la impresora, pero no. Lo siento, me has pillado. La verdad es que tienes razón, lo que pasó en realidad  es que estábamos teniendo sexo por teléfono, ya sabes, un precalentamiento, la estoy poniendo cachonda de una vez para que al rato que llegue al negocio no perdamos tiempo y luego, luego afloje… ja,ja,ja… ”

Por un momento se agacha, se leva la mano al rostro, intenta contenerse. No puede y al final suelta la carcajada. Y me dice que no me pase. Se me ocurre una brillante idea: “Oye, pues si aún no me crees ¿por qué no llamas al negocio y averiguas la verdad? Que te digan allí quién es y todo”.

“¡Ah!Pues sí, eso haré”. “Ok, hazlo.” “¿Crees que no voy a llamar?” Se detuvo en el primer teléfono público que encontramos y llamó. Me dijo todavía que me volteara para otro lado para que no oyera lo que iba a decir. Hizo su llamada.

“¿Y bien? ¿Satisfecha?”. Lo siguiente que me dijo me hizo llegar a los límites. “Pues ya llame y no estoy conforme. Seguramente ya la tenías prevenida. Ya habías dejado dicho lo que me dijeran ¿no es así?”

“Sí. Lo dicho. No se te escapa una. De verdad que eres increíble. Que método científico ni que nada. La intuición femenina ¡¡Rules!! No sé cómo lo adivinaste, dejé dicho que si un día cualquiera mi novia celosa llamaba le dijeran… mmm…  lo que sea que te hayan dicho.”

“Ándale, sigue con tu sarcasmo. Pero es que ya he pasado por esto”. “¿Sí? No me digas…”

“Sí, es que ustedes los hombres son unos desgraciados. Yo los conozco. En una ocasión…”

“Ash… Te dije que no me dijeras…”

“…mi exnovio me puso los cuernos con una tipa, ¿y sabes que hizo para negarlo cuando lo descubrí? Tuvo el descaro de llevar a esa tipa a mi casa para que me dijera que no tenían nada que ver.  No sé como le hizo pero convenció a la pobre estúpida esa para que fuera a hablar conmigo y negar que tenían algo que ver…”

Ese fue mi límite. Supuse que lo que “Ella” quería era terminar conmigo, que estaba buscando algún pretexto para hacerlo y, al no encontrar uno lo suficientemente válido, se ha sacado de la manga esta sarta de estupideces.

“¿Sabes qué? Ya lo entendí. Lo he pillado al fin, pasa que soy un poco lento. No soy tan suspicaz e inteligente como tú para deducir las cosas tan fácilmente. Me ha costado un poco pero al fin lo he pillado. Ya sabes como soy: lento pero seguro…”

Me mira fijamente, se queda como sorprendida. “…Sí quieres terminar conmigo sólo dímelo y deja de inventarte pretextos estúpidos. No busques más pretextos. Si este es el fin, pues así será…”

Eso era apenas el principio. Estaba preparando, en ese mismo instante, todo un discurso de despedida. Pero no me dejo terminar. Se lanzó de pronto a mis brazos. Selló mis labios con un beso. Y se disculpo conmigo por su comportamiento inmaduro.

“Lo siento mi amor, perdóname. Es que no sé que me pasa. Yo Te amo… Y te amo tanto que al mismo tiempo tengo tanto miedo de perderte. Tanto miedo de que esto sea sólo un sueño, tanto miedo de que algún día tú me lastimes. Yo sé que me has demostrado lo que sientes por mí pero aún así a veces no puedo evitar ponerme celosa. Te amo mi vida, y siento que ya nunca más podré estar lejos de ti, te amo. Y el pensar que puedo perderte me vuelve loca…”

Al fin cesó la tormenta. “Ok, no pasa nada”. Le tomo de su mano, y vuelvo a colocar en su dedo ese anillo brillante que representa un gran símbolo de nuestro amor…

Me pongo a pensar que si de verdad hubiéramos terminado ese día, en ese momento… Me hubiéra ahorrado tanto dolor…

 

Vuelvo al presente, vuelvo con Nataly. Faltan unos minutos para que empiece la función. Así que seguimos charlando. Me pregunta que cómo ha estado mi día. Le digo que bien. Le platico más o menos con detalle todo lo que pasó. Me levanté temprano, desayuné un café y un bolillo. Me di una vuelta rápida por el negocio. Le digo que fui al seminario de Análisis del discurso del psicoanálisis, que trataba sobre los 4 discursos de Lacan. Que luego me tomé un café y me comí una torta. Que me encontré con mi ex. Que platicamos un poco.

Su mirada se enciende. La expresión en su cara me dice que debí haber omitido ciertas cosas en la conversación. Se toca la frente con la mano izquierda. Luego, se echa el cabello hacia atrás con ambas manos. No es buena señal. Definitivamente no debí mencionar que la vi y hablé con “Ella”.

-¿Así que viste a tu ex?

El tono en su voz que aplica al hacer esta pregunta confirma mis sospechas. Creo que… ¡La he cagado!

-Si. Así fue. Pero pues apenas y cruzamos un par de palabras. Nada especial.-Intento cambiar de tema-¡Mira! Vamos a por unas palomitas…

-¡No me cambies la conversación!

-¿Qué quieres que te diga? Ya te dije que no ha sido nada importante. Ya hemos pasado página ¿De acuerdo?

Se queda callada por un instante.

-Ok. Está bien. Eso espero, que todo eso ya esté terminado. Porque Ya ves que me estabas reclamando el otro día de que yo tenga tratos con Marco mientras que tú también sigues viendo a tu ex. Así que pues ni te quejes.

-No es lo mismo. Nosotros no tuvimos hijos ni tengo que pasarle gasto, ni nada de eso. No hay nada que nos una, excepto por el hecho de que somos compañeros de profesión. Somos colegas, eso es todo. Digamos que el trato es estrictamente profesional. Si decirse Hola y adiós es llevarse bien, entonces no llevamos bien y ya ¿Si me entiendes?

-¿Pues entonces cuál es el objeto de seguir en contacto con ella? ¿Cuál es tu interés por llevarte bien con ella? Yo al menos, como tú dices, llevo una relación con mi ex por el hecho de que tenemos una hija y de que me pasa el gasto. ¿Pero y tú? Y por cierto, no me trates como si fuera una estúpida. No vuelvas repetir eso de “¿si me entiendes?”.

-Oye, baby. Tranquila. Pues es que somos colegas. Tenemos amigos en común. Era muy incomoda la relación entre nosotros y el resto de nuestros amigos desde que terminamos. Ahora que hemos hecho las paces pues ya como que se relajan las cosas. Es como en la canción de Enrique Bunbury: sólo es “…Un gesto amable para no hacer la vida insoportable…”

-¡¡Y tampoco me llames “Baby”!! Porque de seguro así le decías también a esa tipa.

-No, claro que no, baby. A ella de cariño le decía Gordis.

Me pongo a pensar en qué pasaría Si supiera que así, Baby, es como le digo a casi toda la gente. Que es como mi latiguillo.

-¿Será sólo eso o hay algo más? ¿No será que aún la quieres y quieres volver con ella?

-¡Ash! Otra vez la burra al trigo. No. Sólo es eso. En serio. El que trate de llevarme bien con ella no significa que quiera volver con ella. ¿Por qué la gente cree que quiero volver con ella?

Hay que aprender a dejar de hablar…

-No sé. Tú dime. ¿Por qué la gente cree que quieres volver con ella?

-Ya va a empezar la película. Y mejor no quiero hablar de esto ¿si?

-Pues yo si quiero que hablemos y muy seriamente. Acuérdate, ¿no eres tú mismo el que siempre dice que “cuando el río suena…”?

-Sí, ya lo sé: “…Es porque piedras lleva”.  Pero no me vengas con eso ahora. No uses mis propias palabras en mi contra.

Es una difícil discusión. Hicimos una pausa. Vimos la película. Saliendo volvimos a discutir por lo mismo.

De eso hablaba. Una de las cosas que volvieron con Nataly fueron estos episodios.

Escucharla reclamar y gritar me hace recordar los gritos y reclamos que me hacía “Ella”. Por un momento me siento como la Alicia de la película, que empieza a recordar su viaje del pasado. La única diferencia es que yo no lo he olvidado y no quiero recordar.

Me quedo callado, sólo la estoy mirando. Me pierdo en eso ojos hermosos. Los miro fijamente. Es indescriptible la sensación que me provocan esos ojos color ámbar. Son hermosos, grandes, limpios y brillantes. Por un momento empiezo a pensar que si en el iris tuvieran esos lunares, serían idénticos a los de “Ella”. ¡Carajo! No tengo perdón de Dios. No me gusta que esto pase, pero pasa. Es que no sé que tengo que me fascinan las güeras de ojos claros, celosas, gritonas, misteriosas, místicas y medio locas.  He aquí mi arquetipo de mujer. Debería cambiar y probar con las morenas.

Perdí el sentido del tiempo, de las palabras. No sé en qué momento me fui. La cosa es que ahora ya no sé en que punto de la conversación estamos. Reacciono cuando escucho a Nataly la última frase.

-Pongamos las cosas en claro. Tú aún sigues pensando en otras ¿verdad?

-No, claro que no. ¿Cómo crees?

Claro que no pensaba en otras. Pensaba sólo en “Ella”. Pero cómo iba a decirle. Me falta valor.

Nataly va a decir algo más. No la dejo. Para que exista una pelea se necesitan dos. Y para detener una pelea alguien tiene que ceder. Siempre es mejor transigir o condescender. Yo suelo ser así. Transigente y condescendiente.

Me acerco a ella y sello sus labios con un beso. Ella me corresponde. Caminamos hacia el estacionamiento. Llegamos hasta el auto. Como buen caballero le abro la puerta del coche. Me subo yo también. Pongo algo de música y trato de calmarla. De convencerla de que no se preocupe por nada. Sólo somos nosotros dos. Intento crear un discurso que la convenza.

-Mira, Nataly, lo que importa es que tú y yo ahora estamos juntos. El pasado ya no importa. Todo lo demás es sólo ruido. Tú y yo somos y seremos como Romeo y Julieta. Sé que las cosas a veces son un poco raras y difíciles entre nosotros, no son del todo como quisiéramos pero ya sabes lo que dicen: “No se puede tener todo en la vida”.

-Cálmate Romeo y Julieta.

-Por cierto, ¿Sabías que dicen que Shakespeare pudo ser mujer en realidad?

-No, ¿de dónde sacaste eso? ¿Quién lo dice concretamente?

-Pues la verdad es que lo vi en un comic que estoy leyendo. Se llama “Y: El Último Hombre”. Está genial. Te lo recomiendo. En serio que lo recomiendo…

-En un comic…vaya, me asombra la literatura que lees.

-Pero bueno, tú eres la experta en literatura dramática y teatro. Esperaba que pudieras aclararme algo al respecto.

-Pues la verdad no tenía idea.

-Ok. Pues en el comic dicen que algunos estudiosos piensan eso. Creen que todo lo escribió una condesa llamada Mary Sidney.

-¿Has leído a Shakespeare? Deberías hacerlo y no fiarte de lo que leas en comics.

– Pues intenté hacerlo alguna vez, pero la verdad es que me resulta muy aburrido. Prefiero las novelas más contemporáneas. Prefiero la poesía. He visto algunas películas basadas en sus obras. Vi “Shakespeare enamorado”. Te digo que ahora leo comics y veo mucha televisión. Ya no leo mucha literatura. Mucho menos voy al teatro. Como que me gustaría más escribir que leer. Pero bueno…

Algo que me encanta de Nataly es que siempre está dispuesta a escucharme. Aún si hablo de los temas más absurdos. De los temas más insospechados

Siento la extraña sensación de que esto ya lo he vivido antes…

-Pues no olvides que para ser un buen escritor hay que ser también un gran lector.

-Lo sé. Gracias. A ver cuando me haces unas buenas recomendaciones. Y así, igual y un día logro escribir nuestra gran historia. Igual y un día escriba una novela para Liliana Titulada“Cómo fue que conocí a Tu Madre”.

Siento que todo se repite, Cuando estaba con “Ella” solía decirle lo mismo acerca de que escribiría un gran relato dedicado a Paola…

-Veré que puedo hacer. No puedo hacer que mi hija lea. No pude lograr que mis estudiantes hicieran de la lectura un hábito. Hacer que lo hagas tú será un buen consuelo. Serás mi nuevo proyecto. Ja, ja, ja… Te instruiré en la literatura. No me defraudes. Si escribes una novela basada en nuestra historia espero que sea una gran historia.

-Pues yo creo que sí. Tú eres alguien especial. Y la gente como tú hace que el mundo sea un lugar más interesante.

-Oye… ¿Y esas frases de qué comic las sacas?

De repente nos olvidamos de las peleas. Y tuvimos una linda tarde.

Luego la fui a dejar a su casa. La calle estaba tan solitaria. Allí frente a su puerta la besé. Y ella me dijo muchas cosas tan lindas… que cuando la estaba escuchando me hizo sentir terrible por haber estado acordándome de mi ex.

-Perdón si me he puesto de insoportable-me dijo-sucede que estoy loquita por ti.

-Ay, baby. Vas a hacer que me sonroje.

-Es que es la verdad, no sé como le has hecho pero me he vuelto a enamorar de ti.

Sentí de golpe, una vez más, la impresión de haber vivido ya aquel momento… aquello que algunos llaman Déjà vu. Seguro que todos han sentido esa sensación en algún momento.

-Eso no me lo esperaba… Aunque bueno… Suele pasar, suelo tener ese efecto en las mujeres… Guiño

-Presumido. Aunque, a decir verdad, yo tampoco lo esperaba pero así es: Te amo mi vida, y siento que ya nunca más podré estar lejos de ti, te amo. Y el pensar que puedo perderte me vuelve loca.

Me deja sin palabras. No sé que decir. De verdad que no me lo esperaba y menos después de la discusión que tuvimos durante toda la tarde. Yo la quiero y sé que ella me quiere. Pero lo que me acaba de decir son palabras mayores. ¿Qué se hace en estos casos? Y luego yo que me sigo acordando de “Ella”.

Hace unos días estaba seguro de que lo había superado. Había abierto los ojos al fin. Había hecho del dolor mi amigo. Y había decidido nunca más pensar en “Ella”. Pero resulta que la vida no funciona así. Y ahora no sé que hacer.

De pronto siento una mano en mi hombro que me saca de mis pensamientos violentamente.

“No le creas, todas son iguales, todas dicen lo mismo. Te va a terminar rompiendo el corazón. ¡Te va a destrozar el corazón!”–Es un sujeto de traje el que me grita esas palabras  en un tono casi desesperado.

Nataly se asusta y yo me quedo algo desconcertado. Pero en mi mente sé que debo proteger a mi chica de algún modo. El tipo sólo me mira y sigue diciendo esas cosas. Algo extraño pasa. Hay algo en la mirada de ese tipo. Por un instante me resulta hasta familiar la expresión en su rostro, había visto esa expresión antes.

Nataly tiembla y se abraza a mis hombros. Tengo que actuar rápidamente.

“Todas son iguales…” Berrea aquel sujeto. Le doy un empujón para alejarlo de nosotros. Pronuncio unas cuantas maldiciones. Le digo que se largue.

“Oye, ¿qué te pasa? ¡Lárgate imbécil! No es asunto tuyo”. El tipo me mira fijamente. Lo veo llevar su mano hacia su cintura, me da mala espina. Voy a descontarlo. Pero da media vuelta y se aleja. Buen susto nos ha metido aquel tipo. Lo vemos llegar a la esquina y dar la vuelta. Nos abrazamos. Ya pasó.

Una vez tranquilos,  Estamos despidiéndonos.

Nataly me dice algo que me pone a pensar.

-Sé que estos días hemos estado discutiendo por ese asunto de los ex. Espero podamos solucionar todo esto. Pero es que tener a tu ex cerca… No sé. Me parece que revuelve asuntos que quedaban sin resolver. ¿Cómo sabes que la chispa no se va a reavivar con tu ex estando tan cerca? Es como si las cosas no hubieran acabado entre ustedes dos…

 

Continuara…

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One thought on “El Regreso de Nataly 13.

  1. Aun recuerdo aquella vez… fue tan impresionante verla ahi, tratando de convencer a Rocio de que no habia tenido nada que ver con ella…

    Realmente una escena impresionante…

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