El Regreso de Nataly 12

Hay millones y millones de seres humanos en este planeta, cada uno de ellos es único y diferente, y sin embargo de pronto dos personas se encuentran y son capaces de conectar. De algún modo sienten la gran necesidad de interactuar y conocerse más y más. Una conexión invisible se hace presente.

¿Cuales son las posibilidades de que eso pase y Por qué? ¿Son simples biología y fisiología las cosas que determinan esta conexión?

¿Será acaso la casualidad o un conjunto de casualidades las que nos llevan a esa conexión? Yo siempre he pensado que la vida es algo fortuito. ¿O tal vez es algo mas que esto? Tal vez existe un plan mayor en todo esto. Quizá si existe el destino. ¿Pero si es así, Quién coordina la aleatoria de esta conexión? ¿Será acaso algo misterioso que reside dentro de cada uno de nosotros y se presenta en un momento determinado a cada uno como un conjunto de desafíos únicos y que nos ayudará a descubrir a esa otra mitad?

¿Por qué a veces conoces a alguien y te la pasas bien y todo pero sientes que no has establecido esa conexión?

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Estoy sentado en el césped junto a Nataly. Es un día caluroso, sin embargo, hay una brisa suave y fresca que por momentos se torna riquísima haciendo que tomar el sol sentados en el pasto resulte toda una experiencia. Hemos arreglado las cosas. Todo pinta genial. De hecho, desde que volvió las cosas con ella siempre son geniales, al menos, la mayoría del tiempo lo son.

Hemos venido al CCH a hacer un tramite. Hemos aprovechado esta visita para pasear por toda la escuela y recordar viejos tiempos. Estamos en la zona de las canchas justo a un lado del gimnasio. No había estado aquí desde hace años. Nataly sonríe, se acaricia el pelo y me mira. Se ve plena, radiante. La veo suspirar. Me mira fijamente y pregunta:

“¿Te Acuerdas cuándo nos conocimos?”

“Claro que lo recuerdo, aunque no estoy seguro el cuando, si recuerdo claramente el cómo. Es más, de hecho, estando aquí en esta escuela me vienen a la mente tantos recuerdos. Quizá más de los que te puedas imaginar”.

“Si… Te entiendo perfectamente. A mí también me ha pasado los mismo desde el momento en que cruzamos la entrada. Pero en este momento sólo puedo pensar cuando te conocí a ti ¿Tú te acuerdas?”

Miro al cielo, miro a mi alrededor… La escuela ha cambiado mucho ahora desde cuando estudié aquí. Hay tantas cosas que antes no había. Faltan algunas cosas. Todo luce tan distinto. Y sin embargo me da la impresión de que se ha abierto un hueco, una puerta, un eco del pasado. Nataly sigue sonriendo. Me encanta su sonrisa. Y de pronto ya no estamos aquí y ahora. Me voy y vuelvo…

Si me acuerdo…

Un día de mayo o Junio de 2004.

13:00 hrs.

Es el primer día de mi curso relámpago de cibernética y Computación. La clase será impartida por la mismísima jefa de la academia de matemáticas, quien es una maestra muy estricta en todos los sentidos. Voy llegando al último, apenas y a tiempo. El resto de los alumnos ya están adentro. Todos bien sentados y en silencio. La fama de la maestra no es gratuita, hay que andarse con mucho cuidado con ella.

Busco rápidamente un asiento, el salón está repleto. No veo ningún lugar a la vista pero si puedo notar que todos me miran. La maestra me mira impaciente, esperando poder comenzar la clase apenas todos estén sentados. Sólo falto yo que no encuentro un lugar vacío. Se dirige a mí en tono amable: “Al fondo, en la esquina hay un lugar desocupado, joven”-Al tiempo que indica donde y me brinda una sonrisa, cosa que me deja algo sorprendido. Nunca le había visto sonreír. Sólo le echo una sonrisa, al tiempo que con la mano derecha inclino mi sobrero en forma de agradecimiento.

Me dirijo hacia aquel lugar vacío tranquilamente. El salón esta tan lleno que no había visto que estaba vacío ese sitio. Camino por el salón entre la gente y las computadoras hacia mi lugar, miro de reojo a ver si hay algún conocido. No conozco a nadie. Al fin llego a mi asiento, es el penúltimo de la última fila. A mi izquierda está una chica con anteojos, morena, robusta, simpática y amigable. Al frente está la ventana desde donde se alcanza a ver el edificio de enfrente y el estacionamiento de alumnos. Y a mí lado derecho, en el último asiento…

Nunca se sabe de antemano cuando estas a punto de conocer a alguien que será realmente especial en tu vida. No es Como si la vida te avisara. Sólo echas un vistazo y ahí está…

Una chica muy guapa. Es güera y delgada. Tiene unos ojos grandes color miel. Cabello largo y claro. La miro sólo por un instante. Ella me mira también, aunque fugazmente. Me inclino el sombrero para saludarle. Me mira como sorprendida. La maestra, al otro extremo del aula, rompe el encanto y comienza la clase.

Pasan unos minutos. Todos escuchamos atentamente las indicaciones de la profesora. Anota  en el pizarrón algunos datos que serán de suma importancia para la clase. Saco de mi bolsa una libreta y un bolígrafo. La chica del lado derecho me toca el hombro. Percibo su aroma. Me vuelvo hacia ella. Me encuentro con sus ojos, esos ojos felinos y salvajes. Me echo un poco hacia atrás el sombrero con mi dedo índice. Ella me dice: “Oye, compañero ¿Tienes una pluma que me prestes? Es que no traigo”-Sonríe de un modo pícaro.

Me he quedado prendido de su mirada y su sonrisa,por un instante soy incapaz de reaccionar. Al fin lo hago.  “Claro que si. Toma-Y le doy una pluma azul de punto fino-espero no te importe que sea azul”. Ella sonríe y me mira tiernamente- “¡Oh! Es azul, como mi color favorito”. Ella me sigue mirando. Se acomoda el pelo detrás de su oreja derecha, creo que se muerde el labio inferior. No sé que más decirle, sólo la estoy mirando, le sonrío tímidamente. Nos miramos a los ojos. “Si, es azul-asintiendo y apuntando con mi dedo a mi cabeza-igual como mi sombrero”. Nos reímos. Conversamos, Ella es muy simpática. Muy platicadora. Y yo… Soy muy simpático y platicador. De algún modo, no sé cómo, ni por qué, me siento tan cómodo con ella. Me dice que el sentimiento es mutuo. ¿Así es cuando te enamoras?

Una cosa llevo a la otra. Y todo comenzó porque le presté un bolígrafo de tinta azul. Azul como su color favorito. Azul como mi sombrero. Y en ese momento nunca me imaginé lo especial que llegaría a ser en mi vida esta chica.

De vuelta al presente…

“A mí me llamaste mucho la atención desde que te vi entrar al salón.”

“¿En serio? ¿Por qué?”

“Bueno, no se veían muchos chavos con sombrero y con un bronceado que te daba un aspecto realmente exótico.”

“¡Ah! Cierto. Es que venía llegando de un largo viaje. Venía, de hecho, directamente de Villahermosa. Me la había pasado en la playa. De ahí que tuviera mi exótico bronceado… Aunque, creo que eso ya te lo he contado antes ¿verdad?”

“¿Y qué onda con ese sombrero? Te daba la facha de ser todo un pueblerino, te daba cierto aire cautivador… Me ponía cachonda cuando te veía con ese sombrero.” –Se ríe escandalosamente.

“Pues era genial. Era mi sombrero de “aventurero”. Aquí en la ciudad ya casi no se usan. Pero en provincia es muy útil tener un sombrero. No creas que es un simple ornamento, es toda una completa herramienta que resulta indispensable para ir a la aventura”.

“Ay… No me digas…”

“Pues aunque no lo creas un sombrero tiene múltiples usos y beneficios”

““¿Ah, Si? ¿Cómo cuáles? A ver… Chico listo: ¡Sorpréndeme! “

“Toma nota mi pequeño saltamontes, algunos de los usos sorprendentes pueden ser: no sólo cubre del brillante sol sino igualmente del viento y, sobre todo, del polvo; con él se atiza un fuego, de igual manera puedes apagar uno si se enciende el campo; puedes atarantar a una víbora para luego matarla protegiéndote de su mortal mordida; puedes realizar un bonito lance a un toro bravo que sale por el monte y así le esquivas; con el se le da de beber a un cuaco o a cien que hubiera; se cubre el anonimato antes de un lance de amor o para librarse de un enemigo; se utiliza como escudo en la defensa de un ataque a machete o navaja, tomándolo del barbiquejo…”

“Disculpa… ¿Barbi.. qué?”  “Barbiquejo, es la cinta del sombrero que se pasa por debajo de la barbilla”. “¡Ah! ya. Órale pues. ¿Y qué más? ¡Cuéntame más de las maravillas de un sombrero!”

Me hace sentir todo un erudito en el arte de los sombreros.

“Pues cómo te decía, sirve además porque cubre estupendamente de la lluvia, es el mejor paraguas a pie o a caballo; en jaripeo, hablando más de sombreros de charro, protege de los peligros de una cornada y, en caso de caída, hace las veces de casco; y otros usos se que podrían añadir por quienes lo hemos utilizado en el campo. Ya sabes… El ingenio del mexicano es ilimitado.”

“Vaya, nunca lo hubiera imaginado” Ella ríe. Y yo me siento muy contento al tiempo en que añoro mi sombrero.

“¿Y qué fue de tu maravilloso sombrero?”

“Lo regalé, se lo di en un intercambio de regalos a una chica que conocí en el primer año de universidad, se llamaba Melisa. El caso es que ahora que lo recuerdo… extraño tanto mi sombrero”.

“Si. Ya me imagino, tenían una conexión muy especial ¿no es así?” Usa un tono sarcástico nada sutil. Pero me encanta.

“Por supuesto, amaba a ese sombrero…”

“¿Amabas a ese sombrero? Vaya, ahora hasta fetichista me saliste. Ahora comprendo, eres más perverso de lo que imaginaba. Con razón no te lo querías quitar cuando te conocí en ningún momento. Pero, si tanto lo amabas ¿por qué se lo regalaste a esa chava Melisa?”

“Pues porque… amaba más a esa mujer”.

“Oye, esas si son palabras fuertes” .

“Ni tanto, no te creas. Y además, a las palabras se las lleva el viento…”

“¿Eso piensas? ¿A las palabras se las lleva el viento?”

“No, no precisamente. Yo no pienso eso. Es que me acordé de alguien que me dijo algo así el otro día, no tiene importancia, no me hagas caso. Tú sabes que yo soy hombre de palabra”

Cuando le pregunté a “Ella” que qué había pasado con todo lo que me había dicho, con todo lo que me había jurado, con todas sus promesas y los planes que habíamos hecho; me dijo: “Las palabras y las promesas no atan a nadie, a las palabras se las lleva el viento…” Escucharle decir eso fue terrible para mí. Yo siempre confié en ella, habría matado por ella. Y sin embargo para ella ya no significaba nada lo nuestro. Ni hablar, esas cosas pasan. El Amor duele. Y hace que preguntemos cosas muy estúpidas.

No hubo mucho aspaviento con Nataly respecto  a ese comentario. No le platico más acerca de “Ella”  y todas sus falsedades. Seguimos en nuestra cháchara.

“¿Cuantas veces te has enamorado?”-Me pregunta ella.

“No sé. Un par de veces ¿y tú?”

“Yo te pregunté primero. Respóndeme”.

“No. ¿Para qué? No tiene caso hablar de esas cosas. “No me platiques más…” ¿Recuerdas?”

“Vamos. Sé que llevamos poco tiempo, pasa que me interesa conocerte más, saber más y más de ti, saber todo de ti. Es que lo pienso y lo pienso y creo que te conozco muy poco. A duras penas conozco lo mismo que conocía ya antes de reencontrarnos. Eres un tipo bien raro. Y a veces la idea de que seas así como eres se torna excitante, sin embargo otras veces me da miedo. Y sé lo que dije antes, pero ahora pienso que si quisiera saber más cosas. Pienso en que deberíamos ponernos al día e lo que ha pasado en nuestras vidas durante los últimos 5 años. No digo que lo hagamos en un sólo día pero creo que si es importante que lo hagamos.”

“Pues si, probablemente es importante. Pero hasta eso no hay mucho que pueda contarte. Ni soy tan raro como piensas, ni he tenido una vida que sea del todo relevante. creo que soy un tipo normal, común y corriente.”  De verdad no sé que decirle.

“Lo digo en serio. Ni siquiera sé donde vives, no conozco a tu familia ¿Qué tal si eres casado o algo así? Me has contado poco e ti. Con decirte que no sé ni la mitad de las historias acerca de tus nuevas cicatrices…”

“¿Casado yo? no ¿Cómo crees? Te lo he dicho todo de mí, no tengo nada que ocultar. Es sólo que como tú tampoco me has presentado a tu hija, ni a tu familia, ni nada, pues he creído que quizás aún no estamos listos para dar el siguiente paso. No hemos formalizado nada aún. Hay tantas cosas que yo también desconozco de ti. Yo también pienso que estamos igual que antes, quizás hasta peor. Además de que, como te repito, no ha pasado nada relevante en mi vida, nada digno de contarte.”

“Vamos, no soy ninguna ingenua. Han pasado seis años. Estoy segura que durante ese tiempo has podido estar con otras mujeres. Supongo que han pasado muchas cosas. Y créeme cuando te digo que no necesito saber los detalles. Como te lo dije aquel día del reencuentro. Yo también me he involucrado con otras personas durante este tiempo supongo que no quieres oír los detalles ¿o sí? Sólo dame la versión condensada y censurada, sin detalles escabrosos”.

“¿Otras personas en lugar de otros hombres…? Mmm… ¿Al fin pudiste tener tu anhelada experiencia lésbica? Jajaja… ¿Tú con haciéndolo con otra chica? Eso suena interesante. Quizá si quiera saber algún detalle para saciar mi morbo”.

“Chico gracioso. Que gracioso eres. Déjame decirte que Tu sentido del humor es algo retorcido. Pero no me has respondido lo que te pregunté. ¿Has tenido muchas novias después que nos dejamos de ver?”

“No. Yo de hecho, sólo he tenido… mmm… Una novia”

“¿Sólo una? No te creo nada.  Anda ¡Cuéntame!”

El cielo se ve totalmente despejado, el sol empieza a ser cada vez más y más intenso. Nos levantamos y caminamos por toda el área de las canchas deportivas buscando algo de sombra. Pasamos por las canchas de baloncesto junto al edificio K, luego pasamos junto al J, las canchas de volibol, las de ping pon y así, hasta llegar a una una banca junto a un  jardincito que esta entre los edificios I y U.

Nos sentamos y empiezo a contarle la historia condensada,censurada y sin detalles de los últimos seis años. Ella me mira y escucha atentamente.

“Bueno… pues es que así que digamos novia, novia… pues no he tenido muchas”.

Le hablo de mi familia. De mi carrera y mi trabajo. Le hablo de mis amigos. Le hablo de algunas chicas. No niego que tuve la oportunidad de salir con varias de ellas, pero la verdad es que fueron sólo romances fugaces. Nada serio ni importante. Le cuento que cuando entré a la carrera me enamoré perdidamente de una chica llamada Melisa. Sin embargo las cosas no resultaron. Le cuento sobre la dentista, que la  pasamos genial durante como dos semanas, luego me sacó una muela y volvió con su ex y fue el fin. Luego me sentí muy atraído por una cristiana adorable pero no pudo ser. “Anduve con una chica, esa si fue novia oficial ahora que recuerdo, Se llama Angélica, salimos como dos meses o menos. De eso ya hace como 3 o cuatro años y hoy día somos buenos amigos”.

Le hablo de que hubo una chica preciosa de la que me enamoré, se llama Light. Pero nunca estuvo soltera, “nunca pude hacerle un lance de amor”. Y así continúo hasta el punto en que le hablo de cuando la conocí a “Ella”. Si “Ella” fue y ha sido la única chica de la que estoy seguro me he enamorado y bien. Es lo más cercano que he tenido a una relación seria. No le hablo mucho al respecto, al fin que es la versión censurada.

“Y así fue cómo pasó todo hasta que llegó el reencuentro contigo, niña hermosa ¿qué te parece?”

“¿Sólo dos novias? No me lo puedo creer. Yo te imaginaba todo un galán rompecorazones. Que decepción.”

“¿Qué puedo decir? Pocas son las elegidas.” Sonrió y le guiño un ojo. “Pasa que  no suelo establecer relaciones serias sino estoy seguro de que estoy verdaderamente enamorado. Sino siento esa conexión mágica pues simplemente mejor no pierdo el tiempo, ni se  lo hago perder a  nadie”.

“¿Así de plano?”

“Supongo que si le he roto el corazón a alguien. Una vez, o tal vez dos veces, ya pasó que cometí ese error. Me encontré con una chica, por obra de  la casualidad, o del destino, no lo sé estuvimos frente a frente. Yo no sentí esa magia, no sentí el fuego, ni la lumbre. Ella si se sintió atraída por mí. Ella creyó ver en mí esa conexión que todos buscamos. Esa parte perdida de nosotros mismos. De algún modo se convenció de que yo era su otra mitad. Yo estaba convencido de que estaba en un error, y sin embargo me dejé llevar. No me negué a nada que ella quiso. Y… en fin que le hice perder el tiempo y le cause dolor”.

Ella calla. Se pone seria. No me dice nada, pero ya no me mira. Toma mi mano con fuerza. Pareciese que no esta aquí. Se ha ido. No sé por qué pero de pronto me empiezo a acordar de esa chica, aquella que conocí en este mismo lugar, y que nuestra  “relación” comenzó en este mismo sitio, en esta misma banca donde estamos sentados en este momento. Se llamaba Rocío. La primera Rocío en mi vida.

El clima se vuelve loco, de pronto el cielo está nublado. Un fuerte viento empieza. Nataly toma mi mano. Se acurruca en mi pecho. No sé a dónde ha ido pero es obvio que no ha vuelto aún.

Quisiera seguirla, saber donde está. Me voy y vuelvo…

De vuelta al pasado…

La Primera Rocío

La Primera Rocío grita mi nombre. Nada tiene sentido. Estoy en mi clase de cálculo. Estoy sentado al lado de esta chica. Salimos al descanso. Caminamos, platicamos y todo… Llegamos hasta esta misma banca. Hacía frío. Ella se acercó a mí. Tomó mi mano. Me contó parte de su vida. Parte de sus tristezas y sus anhelos. Tomó mi mano, Se acurrucó en mi pecho. Me dijo que yo le gustaba. Me besó en el pecho, en el cuello. Subió y me besó en la boca y así comenzó todo…

Desde el principio estuve convencido de que no éramos  el uno para el otro, y sin embargo me dejo arrastrar por su fuego y su pasión. Pasaron tantas cosas entre ella y yo. Ella me dice que me ama. Pero yo no siento esa conexión, siempre quise ser sincero, siempre intenté decirle que no la quería y que no veía la posibilidad de algo serio. Para mí todo con ella era sólo lujuria y pasión. Y sin embargo estuvimos juntos un tiempo. Ella insistía en que lo lograríamos un día. Me dice que estará aquí para mí siempre. Y yo… acepto la oferta, soy un canalla. Soy una rata. La estoy utilizando. ¿Para qué? Quizás para descargar en ella todas mis frustraciones, para explotar en ella todos sus placeres. Para disfrutar de su cuerpo. Y lo  disfruto, se siente tan bien.

Ella quería que yo la amara. Nunca sucedió.

“Cuando estamos solteros, y buscando una pareja para una relación seria, sólo buscamos aquella relación que contenga el final feliz. Pero sólo una de nuestras relaciones puede terminar así. Las demás, acaban con alguien perjudicado.” Y creo que en su búsqueda del “felices por siempre” ella salió muy lastimada. Y yo seguí mi camino buscando ser feliz por siempre en otra parte, con otras personas…

Miro a la Primera Rocío. Y miro como termina nuestra historia de  pasión, desamor y lujuria sin sentido. Nuestros caminos se bifurcan y cada uno sigue su sendero. Dejando que la oscuridad y el tiempo nos lleve a ambos.

“El Amor  duele ¿no es así?”-Nataly susurra esas palabras en mi oído. Y me trae de vuelta al presente. Me deja algo desconcertado su comentario.

La noto extraña. Quizá se ha puesto así por algo qué dije.

“Oye,qué pasa ¿fue algo que dije?”

“No, no me pasa nada. Todo está bien ¿qué te parece si mejor ya nos vamos de aquí?”

Ella se levanta y emprendemos el camino hacia la salida. Parece nerviosa. Desesperada. Algo extraño le  pasa. Y yo odio cuando se pone así. Lo cual me lleva a preguntarme ¿Por qué me pasan estas cosas a mí? ¿Por qué siempre me tocan las chicas raras?

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Ella camina rápidamente. No sé qué decirle. Intento detenerla, quiero saber qué le pasa. Ella sólo me repite que tiene que irse. No insisto más. La dejo ir. Hoy esta en uno de esos días en que, de repente, necesita estar sola. O al menos no quiere estar cerca de mí. No la entiendo. Y sin embargo tampoco me preocupa mucho. Ella es así, ya la conozco. Algo debe estar pasando… Seguro tiene que ver con esos sueños que ha tenido últimamente. Recién me comento que las pesadillas han vuelto. Y cuando eso pasa… no pasa nada bueno. Nataly es muy supersticiosa en ese sentido. Le encuentra significados muy interesantes a los sueños. Y respecto a sus pesadillas…

Cuando me habla de esos sueños y sus significados me recuerda tanto a la segunda Rocío y sus supersticiones sobre el once y otras cosas…

¿¿Por qué me enamoro de chicas tan complicadas??

Suena mi teléfono. Es Nataly.

“Discúlpame. Ya sabes que soy bien rara. Espero no estés enojado”.

“Esta bien, no te preocupes. No hay problema”.

“Gracias por ser tan comprensivo siempre, te quiero mucho”.

Me dice que hay algo que tiene que resolver. Nos veremos mañana. Yo me iré para el trabajo. Antes iré a tomar unos tragos. Mañana será otro día. Ha sido mucha nostalgia por hoy… Al menos hasta ahorita.

Al cabo de un rato estoy bebiendo una cerveza. Es amarga, fresca, reconfortante.

Algo extraño le pasa a Nataly. Empiezo a pensar que no quisiera saber.

Veo pasar a la gente por la calle. Hay millones y millones de personas,y  repente dos personas se encuentran y son capaces de conectar. De algún modo sienten la gran necesidad de interactuar y conocerse más y más.

¿Cuales son las posibilidades de que eso pase y Por qué?

¿Cuales son las posibilidades que que Nataly y yo estemos conectados de ese modo? O quizás no existe tal conexión. Nataly me ha dicho que siente la necesidad de conocerme más. Yo no he sentido esa necesidad. Me la paso genial con Nataly, pero… ¿es sólo eso?

No quiero equivocarme otra vez. No quiero que pase lo que pasó con la 1ra Rocío.

Las cosas se ponen tan raras a veces…

Y si esta tela invisible que nos une quebrará, acabará… ¿Y después qué? ¿Qué seria de billones de almas solitarias y desconectadas?

Aquí radica el mayor desafío de nuestras vidas… descubrir, conectar y resistir Sin Miedo. ¿Resistiremos? Hay un infinito de posibilidades.

Continuara…

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