El Regreso De Nataly 11* Sin Dolor(Painless)

Sin Dolor

Seguía enamorado de ella, pero era ese amor francés: Le amour fou. El amor Loco.

 

Si hay algo caprichoso en este mundo son ciertamente las mujeres. Desafían toda lógica, dejan desconcertado al más razonador y amante de sistemas normales y ajustados. Al pensamiento puro y ordenado. Aunque Sé que es discutible que la lógica mande en todas partes, cosas extrañas suceden. Lo que me hace pensar que aún tiene vigencia la frase: “Hay cosas del corazón que la razón no entiende”. 

En ellas hay una lógica secreta que no cede al análisis intelectual y que, alimentada con imaginación, nos ha dado todas esas raras teorías, todos esos extraños pensamientos que nos hacen muchas veces errar por donde menos pensábamos. Como menos pensábamos.

Son realmente difíciles de entender pero nadie puede negar que son el ser más bello y atractivo del planeta. Dios Bendiga a las Mujeres. Mujeres divinas.

 

“Allí donde habla el corazón es de mala educación que la razón lo contradiga”

 

-¡Quiero que te largues de mi casa! ¡Y no quiero que vuelvas, no quiero verte nunca más!

Cosas como esas me gritaba Nataly aquel día en que me estaba echando de su casa. Estaba tan molesta. Tan furiosa. Yo la había cagado. Había metido la pata y ahora no sabía como arreglarlo.

Mi primer impulso fue ofrecerle una disculpa. Pedirle perdón. Explicarle que fue un malentendido. Una de mis tantas inocentadas. Intenté hacerlo. No me dejó explicarle. Yo no insistí. Me fui del lugar. Habíamos terminado. Era el fin.

¿Quién entiende a las mujeres? Me pidió ser sincero y honesto con ella. Lo hice y ahora me manda al diablo.

¿Qué debo hacer? Estuve pensando en eso todo el día. ¿Debería volver y pedirle perdón o dejar las cosas como están? Le pregunté a una amiga que qué opinaba. Me dijo algo que me dejó pensando aún más. “Haz lo que te dicte tu corazón”.

¿Haz lo que te dicte tu corazón? No me chingues. Ese era el peor consejo que había escuchado en semanas. Porque en mi experiencia, el corazón es el peor consejero. El corazón nos hace hacer cagadas. Lo he ido aprendiendo a la mala. Por eso considero que hay que separar lo que nos dice nuestro corazón de lo que nos dice nuestra mente. ¿Por qué? Simple. El corazón está hecho para sentir no para pensar. Para pensar está nuestro cerebro. Un corazón suele darnos muchos consejos, nos hace cometer locuras, pero no sirve para pensar. Y menos cuando el corazón está lastimado.

En enero de 2010 tuve esta revelación. Seguí el dictado de mi corazón y me hizo cometer una tremenda cagada. Cuando “Ella” se iba me dijo: “Quiero tomarme un tiempo y lo mejor es que no veamos, ni estemos en contacto”. “Y bla, bla, bla…”

Mientras me decía todo eso. Se inició una batalla interior. Mi cerebro contra mi corazón.

El corazón argumentó que le dijera cuanto la amaba. Me dijo: “Anda a buscarla ahorita mismo. No seas pendejo. De seguro esta confundida y En cuanto te vea va se va a dar cuenta de que a quien quiere es a ti, a ella también le duele esta separación”. “Llévale flores, un gran regalo, llévale una serenata. Demuéstrale cuan grande es tu amor”.

No, no, no– replicó el cerebro. Ella te pidió un tiempo, deja que se tome su tiempo. No la busques. Dale chance de que te extrañe. Que se de cuenta de cuanto te necesita y te quiere. Es como decía en el libro de Fabio Fusaro: Las mujeres son como los caballos. ¿Recuerdas?

“Con las mujeres en estos casos hay que actuar como con los caballos de salto. Los caballos de salto tienen todos los mejores cuidados, duermen calentitos, tienen la mejor comida, el más esmerado aseo, en fin, más de lo que cualquier animal podría pedir. Así y todo, de vez en cuando estos caballitos se ponen medio loquitos, medio histéricos y no quieren prestarle atención a su dueño. Cabecean, tiran patadas, no se quieren dejar montar, etc.

¿Qué hacen sus dueños en estos casos? ¿Les dan mejor comida aún? ¿Los bañan más seguido? ¿Les agregan una estufita en el box? ¡¡No!! Todo lo contrario. Los mandan al campo. Sí, los sueltan y les dicen: “Anda y salta, cabecea y patea todo lo que quieras así te sacas las ganas”.

Y el caballo sale corriendo por el medio del campo, sin montura, sin riendas, sin nada, y salta, cabecea, patea, corre, relincha y todo lo que se le encanta. Al otro día vuelve caminando, mansito hacia su dueño y se le para al lado esperando que lo acaricie. Ya se le fue la locura. Ya no tiene más ganas de joder. Bueno, con estas yeguas, perdón, con las mujeres hay que actuar de la misma manera. ¿Se encabritan más de la cuenta? ¿Te cuestionan cualquier mamada? ¿Aparecen varios problemas al mismo tiempo, y luego el clásico “Estoy confundida” “Vamos a darnos un tiempo”? Déjala que haga lo que le de la gana. Mándala al campo como a los caballos de salto. Sin demostraciones de dolor dile OK y ándate.

El cerebro tenía razón. Y eso fue lo que hice. Al menos lo que intenté hacer.

“¿Que necesitas un tiempo para encontrarte a ti misma? ¿Que necesitas estar sola? Ok. No te preocupes mi amor. Haz lo que tengas que hacer. Nos veremos luego y ya podremos aclarar las cosas…”

El corazón siguió molestándome. Y unos días después me hizo ir a buscarla. De alguna manera me convenció de que tenía que ir a buscarla. “En cuanto te vea las cosas cambiarán” ¿Y qué pasó? Las cosas no sólo no cambiaron, sino que creo que hasta empeoraron.

Fui a buscarla un sábado por la mañana. La vi venir a lo lejos. Ella me vio. Yo sonreí. Y lo primero que hizo ella fue echarse a correr. La alcancé. “Tranquila, sólo quiero hablar”. En resumen. Se puso loca, histérica. Medio hablamos. El caso es que fue un gran error haber ido a buscarla tan pronto. Me sentí humillado de la peor manera ese día. A esto me había arrastrado mi corazón.

Esperaba que las cosas fueran como las planteó mi corazón. Ella me vería, hablaríamos unos instantes y después mágicamente las cosas volverían a ser como antes. Incluso mejores que antes. Sin embargo mi corazón se había equivocado. Estaba quebrado y después de ese día se terminó de romper en mil pedazos. Y aún así, roto como estaba intentó seguir aconsejándome.

Mi cerebro lo calló con una sola frase: “Querido corazón, tú mejor no opines. Deja que yo maneje esto, porque tú estás hecho mierda. Mejor descansa, tomate unas vacaciones. No chingues”.

Desde que regresé con Nataly había hecho más caso a mi cerebro que a mi corazón. Porque aquel era sin duda más sabio. Y el corazón aún daba latidos por “Ella”. Aún no lo superaba.

Tenía que asumir la realidad. El dolor estaba aquí y no se iría tan fácilmente. Llevábamos juntos un tiempo y estaríamos juntos mucho tiempo más. Tenía que aprender a convivir con él. Es parte de mí.

 

Sábado 3:00 p.m.

Hoy es sábado y vine a abrir el negocio desde temprano. Todo esta marchando bien. Las cosas marchan más o menos bien en el negocio. Ha habido muchos clientes.

Como al medio día empezó a hacer bastante calor, así que fui a la tienda de a lado y me compre una cerveza. Me puse a beber como lo he hecho casi a diario desde hace un tiempo. Estaba como en mi segunda caguama cuando vino Silvia. Cuando “Ella” y yo terminamos estuve flirteando con Silvia. Me gustaba mucho desde tiempo atrás y como ahora ya era soltero pues ahora si le solté los perros con todo. Medio se dieron las cosas, de hecho, celebramos el año nuevo juntos. Pero al final no resultó. No había venido desde enero cuando me le declaré y me dijo que no. Que porque estaba yo muy grande para ella. Sólo le llevo diez años ¿Es eso mucha diferencia?

Platicamos unos instantes. Se fue rápido pero me puso de buen humor.

Como a la tercera caguama empecé a sentirme un poco afligido por lo que ha estado sucediendo en los últimos días con Nataly. Hemos discutido casi toda la semana. La situación se ha tornado tensa con Nataly los últimos días. Demasiado tensa que ayer terminó por echarme de su casa.

Me dijo que podía sincerarme con ella. Que fuera honesto. Que no le ocultara nada. Y o que me gano por ser honesto y sincero: Que me manden a volar.

Me ha pedido un tiempo. Me ha pedido, me ha dejado de tarea que piense bien en lo que quiero. Que si la quiero a ella o si aún sigo enamorado de “Ella”. No sé. Siento que me deprimo. Me pongo a ver videos en youtube.com. Veo los videos de los comerciales de coca-cola. Me parece que si levantan el ánimo.

Y ahí estoy, viendo ese video de “Mañana sale el sol” y de pronto. Siento una presión en mi pecho. Una horrible sensación se apodera de mí. Un terrible presentimiento o algo así. No sé qué es. Siento esa conexión tan intensa como antes. No sé ni cómo, ni por qué, pero sé que algo le esta pasando a Rocío Liz. No estoy seguro de qué. Puede que algo malo le este pasando. O igual y es algo muy bueno. No lo sé. Lo único que sé es que me preocupa.

No sé que hacer. Tomo el teléfono, mejor le llamo para saber si todo esta bien. Pero sea lo que sea que le este pasando probablemente yo sea la ultima persona a quien ella quiere escuchar. No sé. Mejor no le llamo. Sea lo que sea mejor me aguanto. Pasa un rato, una hora. Y esto que siento no se me pasa.

Y hoy Andrea no se ha conectado. No puedo preguntarle nada.

Termino por mandarle un mensaje de texto al celular. Sea lo que sea que este pasando no hay mucho que yo pueda hacer. Ni siquiera estoy seguro de que conserve el mismo número telefónico. Y aunque  así fuera lo más seguro es que no me responda. Aún así le escribo. Sé que no debería importarme. Pienso en todas las razones por qué “Ella” y lo que sea que le pase debería importarme una mierda. Y sin embargo estoy preocupado. Quiero saber de ella. Quiero saber si ella esta bien.

Definitivamente… “Hay cosas del corazón que la razón no entiende”

Y yo sé que el corazón es el peor consejero. El corazón nos hace hacer cagadas.

O cómo dijera Milan Kundera en “La Insoportable Levedad del Ser”

“Allí donde habla el corazón es de mala educación que la razón lo contradiga”.

Quizá fue por eso que me puse a mandarle mensajes al celular. Sobra decir que Ni siquiera me contestó.

Como a la cuarta cerveza y después de ver un montón de comerciales de Coca-Cola ya estoy más tranquilo. Me quedaré con la duda de si lo que sentí tiene algo que ver con “Ella” o no,  pero a estas alturas ya no me importa. Ya estoy algo ebrio. Ya no hay dolor.

Miércoles 10:00 a.m.

Me puse una borrachera de tres días seguidos. Y no dejo de pensar en Nataly y en lo que siento por ella. Si la quiero. Estoy seguro de que la quiero. Pero siento que no avanzo. Nos veremos esta tarde y no sé bien lo que le voy a decir.

Pero hoy es un nuevo día.

Con todo y que ando crudo voy a entrar al seminario de análisis del discurso. Estoy esperando a mi amiga Kika que no llega. Siempre entramos juntos. La conozco desde, al menos, hace unos 4 años. Me la presentó Katya. ¿Katya? Katya… El sólo evocar su nombre me hace suspirar. Pero esa ya es otra historia. Hablaba de Kika. Ella es una chica muy linda y muy buena gente. Es muy simpática. En este año se ha convertido en lo más cercano a lo que puedo llamar una mejor amiga. Se ha convertido más que nada en mi confidente. Siempre esta dispuesta a escucharme y darme su opinión y su consejo. Le cogido mucho cariño a esta chica. A veces me pregunto si no esta harta de mí y de escuchar mis traumas.

Este semestre tenemos algunas clases juntos. Por si no lo había mencionado antes, aún debo algunas materias en la Universidad. Kika y yo casi siempre entramos juntos. Pero Parece que hoy no vendrá. Entraré solo. No dejo de pensar en Nataly. Me dan ganas de no entrar. Ni voy a poner atención.

De pronto, a lo lejos puedo distinguir una figura muy conocida, una silueta que me es muy familiar. Es “Ella”, es Rocío Liz. Se ve tan genial. Tan hermosa como siempre. Se acerca. Me saluda. Me veo reflejado en sus ojos. Esos enormes ojos felinos y salvajes. Me hipnotizan. Me da un beso en la mejilla. Percibo su olor y empiezo a recordar los buenos momentos.

Intento hacerle plática. “¿Cómo estás? ¿Cómo está Paola?” –Quisiera preguntarle si le pasó algo el sábado. Como para saber si si tenía que ver con ella eso que sentí. No me atrevo a preguntar.

“Estoy muy bien, Paola también está bien, gracias por preguntar. ¿Y tú?” -Enfatiza el “Muy bien”.

“Yo también estoy bien”. Hablamos unos instantes de cosas triviales. No tocamos ningún asunto que nos lleve a hablar de cosas personales. Intento no ahondar demasiado en ese sentido. Estoy convencido de que hay cosas que definitivamente no necesito ni quiero saber.

Y sin embargo “Ella” aprovecha la menor oportunidad para decirme que es muy feliz. ¿Por qué lo hace? Esta claro que no me quiere, ya lo entendí. Y yo tampoco la quiero. Bueno, si la quiero, pero no tengo intenciones de volver con ella. Supongo que quiere asegurarse de matar en mí la más mínima esperanza de una reconciliación. ¿Y yo que puedo hacer? Si ella está bien y es feliz: Que bueno. En verdad que me da gusto. Si ella no está bien. Si está triste o algo así… Me voy a entristecer mucho. Mejor no quiero saber.

Algo que me llama la atención es que “Ella” se porta un poco diferente conmigo cuando están cerca sus amigas. Cuando estamos a solas es más cordial y suelta. Llega Ana Lidia y Paulina, me saludan rápidamente y se van las tres juntas. Ellas también se comportan distintas conmigo cuando estamos a solas que cuando “Ella” está cerca. Ana Lidia me ha dicho que es un poco incomodo. Que porque aún persiste la tensión entre nosotros.

La veo alejarse. Ya la perdí. No hay nada que pueda hacer. ¿O si lo hay? La verdad es que pensándolo bien, no he hecho ningún intento por recuperarla. Dijo que se iba y yo la dejé ir. ¿Eso es amar? Me pregunto ¿qué pasaría si intentara recuperarla? Sería cuestión de intentarlo. ¿Me atreveré a intentarlo?

¿Qué me pasa? Hace un momento no dejaba de pensar en Nataly y de pronto basta con una mirada de “Ella” para darme cuenta de que no he podido olvidarla. Quizá estoy siendo injusto con Nataly. Quizá aún no estaba listo para empezar una nueva relación. No mientras que “Ella” siga en mi corazón. ¿Está en mi corazón? ¿Es que aún la amo? Empiezo a pensar seriamente en todo esto que siento.

Kika no llegó. No me atreví a entrar yo solo a clase. Fui a comprar un café. Prendí un cigarro. Me puse a pensar acerca de lo que me estaba pasando.

Era innegable: Aún sentía el dolor. ¿La amaba? Ya no lo sé con certeza. Lo único que si puedo asegurar es que no amo a mi actual pareja. No amo a Nataly.

Pienso que debería tomar una decisión. ¿Debería terminar mi relación Con Nataly? No puedo seguir así. No es justo para ninguno de los dos. La quiero, realmente me agrada y no quiero hacerle perder el tiempo… otra vez. Evoqué aquella noche en que decidí llamarla para retomar el contacto. En la primera llamada me colgó. Justo antes de volver a llamarle pensé que quizá había sido un error llamarle, que sería mejor no insistir. Sin embargo le llamé y las cosas se dieron. Concertamos una cita y todo. ¿Ha sido un error volver a vernos?

Me vuelvo loco. Siento que la cabeza me va a estallar.

12:17

Estuve deambulando por toda la facultad. El recuerdo de ella esta por todas partes. Por donde quiera que paso hay algo que me recuerda a “Ella” y los buenos momentos. Y los malos también. Pasé frente al teatro y vi esa jardinera en forma de triángulo, que tiene sembrada en el centro un palmera. Fue allí donde estuvimos aquella vez cuando me dijo que tenía algo muy importante que decirme. Llevábamos apenas dos semanas de novios. Ya nos íbamos para la salida de Bosques rumbo a su casa. Cuando me detuvo allí frente a la palmera.

“Siéntate”–Me dijo. “Hay algo importante que tienes que saber”.

Por un momento me asustó. Se puso seria. Pude percibir su nerviosismo. Me senté, como ella me dijo.

“Sabes… Sé que llevamos poco tiempo de ser novios pero… ¡Te Amo! Y en verdad, me he dado cuenta de que eres el primer hombre al que he amado de verdad. Y me siento tan feliz de haberte encontrado. Eres alguien muy especial. Diferente a todos los demás, nunca conocí a alguien como tú y me siento tan feliz de estar contigo.”

Me quedé sin aliento. Me contuve para no llorar de felicidad. Me había dicho las palabras más hermosas que un hombre puede escuchar.

De vuelta al presente, Una vez más sentí ganas llorar. Y no era de felicidad. El corazón me estaba jodiendo de nuevo. Nos amábamos. ¿Pero entonces qué nos pasó? ¿En qué momento pasó? ¿Cómo fue que un día se fue todo de repente?

Llegué a mi lugar secreto. Mi lugar preferido para venir a pensar y a perder el tiempo. Nadie sabe donde está. Es secreto. Sólo hay alguien que conoce la existencia de este lugar. Si. “Ella”.

¿Qué me estaba pasando? He tenido varios problemas con mi novia y no siento pesar por eso ni por ella. No me duele saber que puedo perder a Nataly también. Siento un dolor pero no es por ella. El dolor que siento es por Rocío Liz. Que desgraciado soy.

Cuando regresé con Nataly sólo pensaba en que quería empezar de nuevo, darme una oportunidad con ella, dar lo mejor de mí para llegar al tan anhelado final feliz. Aquel “Felices por siempre.”

¿Qué estoy haciendo mal? Era obvio lo que estaba haciendo mal. Creo que no estaba siendo un buen novio. En vez de dar lo mejor de mí estaba sacando lo peor. Le había cambiado el nombre hace unos días, era un celoso insoportable y me vomitaba frente a ella. Yo también estaría pensando en dejarme.

Cuando terminamos “Ella” y yo. Me la pasé pensando en que quizá yo era el culpable. Algo había hecho mal. Pretendí ser el novio perfecto. Y sin embargo en algún punto del viaje metí la pata. ¿Qué había hecho mal?

Si desde un principio me porté bien con ella. Fui amble y comprensivo. Nunca le hice alguna escena de celos, la verdad es que nunca me dio motivos suficientes para ello. Traté de ser detallista, romántico, la escuchaba, le daba amor, cariño y comprensión. Y hasta dinero. Y todo lo había hecho de corazón.

¿Qué había pasado?

¿Qué había hecho mal? ¿En qué me equivoqué si hice todo aquello que dicen que ellas desean?

¿Quién entiende a las mujeres?

Hoy con Nataly intento hacer las cosas diferentes.

Hoy soy celoso y medio patán. Y trato de no tomar tan en serio las cosas que pasan. Para ser sincero, debo decir que me he estado comportando un poco como lo contrarío a como me comportaba con “Ella”.

“Ella” Era mi princesa, mi reina, mi diosa. A Nataly la veo como una simple mortal. Y la quiero, porque si la quiero. Pero hoy aplico esa frase:”Nada con exceso, todo con medida”. Ya ven lo que dice el dicho: “A las mujeres ni todo el amor ni todo el dinero”.

A “Ella” le di todo. Me entregué por completo. Con Nataly intento ser más prudente. Menos entregado. Supongo que eso tampoco esta bien.  Creo que he cometido demasiados errores. Y las cosas no andan bien.

Hemos discutido por mis celos sin razón, por esos celoso fingidos, porque en realidad no los siento. Discutimos Porque a veces me dan ganas de vomitar después de besarla, porque no me he desecho de las fotos de “Ella”, porque Nataly no se ha desecho de las fotos de su ex. Porque a veces ni trabajo, ni estudio. Porque soy un borracho y fumador empedernido. Porque dice que a veces no la comprendo, ni soy paciente.

Creo que lo estoy echando a perder. Y hoy es el día d.

Mis estúpidos traumas y el recuerdo de Rocío Liz me han traído a esta Ciénega, no hay estrategia, simplemente estoy perdido.

¿Cómo hacer feliz a una mujer? A veces no entiendo a las mujeres. Y de verdad que yo las quiero entender.

Nataly me pregunto el otro día, poco antes de echarme de su casa, si yo aún sentía algo por mi ex. “¿Aún la amas?”-Me peguntó. Me quedé callado. No quise responder. No quería mentirle.

-Respóndeme ¿Aún la amas? Se sincero.

Hice lo más que pude por no responder. Pero ella insistía. Insistió tanto en la discusión respecto a ese punto hasta que yo llegué a mi límite. 

-¿En serio quieres que lo diga? Pues la verdad es que no lo sé. Pasa que ella ha sido alguien muy importante en mi vida y no he podido olvidarla. Compréndeme, es que no es algo que puedas olvidar de un día para otro.

Se quedó en silencio por un rato. Luego me dijo que era momento de que pensara bien las cosas. Que tenía que definir lo que sentía por ella. El si quería seguir con ella o no. Que ella también estaba pensando muy seriamente en la posibilidad de mandarme lejos. Pero que aún tenía fe en que esto tenía solución.

Muy dentro de mí pienso que aún sigo enamorado de “Ella”.

Hoy, Allí en mi lugar secreto. Me puse a pensar en todo eso. ¿Aún amaba a Rocío Liz? ¿Era mi culpa que me hubiera dejado? ¿Qué había hecho mal?

Creemos que a las mujeres les encanta tener un novio super enamorado y absolutamente fiel. Lo mejor que nos puede pasar es que piensen que como nosotros no hay otro, y que somos el mejor novio que pueden tener. Así que nos esforzamos por complacerlas.  El razonamiento es lógico. Pero lo que tenemos que tener en cuenta es que las mujeres casi nunca utilizan la lógica.

¿Por qué digo esto? Porque nunca están contentas con uno. Siempre quieren algo más.

El otro día me llegó al correo electrónico una cadenita que me pareció muy divertida. Supongo que muchos la han leído. Parece bastante absurda, pero si la miras con calma te das cuenta de que es bastante cierto.

Decía que para que una mujer esté absolutamente feliz con un hombre, éste debe ser: Guapo, alto, viril, amigo, compañero, amante, hermano, padre, maestro, cocinero, mecánico, saber cambiar una llanta, plomero, jardinero, decorador de interiores, electricista, ginecólogo, psicólogo, psiquiatra, audaz, simpático, atlético, cariñoso, atento, caballero, inteligente, imaginativo, creativo, gracioso, dulce, fuerte, comprensivo, tolerante, prudente, ambicioso, capaz, valiente, decidido, confiable, respetuoso, apasionado y sobre todo muy solvente.

Yo no soy alto, pero tal vez podría tener todas las demás cualidades. Modestia aparte. Tal vez no todas pero quizá si la mayoría. Y aún así no pude retener a “Ella”, la mujer que amaba.

Es importante tener en cuenta que cumplir con todos estos requisitos no garantiza el 100% de la felicidad de las mujeres, porque podrían sentirse inmersas en una vida de sofocante perfección y fijarse en el primer imbécil, vago, borracho, casado, mujeriego o golpeador que se les cruce.

Con Rocío Liz pasé de todo. Ella era celosa de hueso colorado. Y yo siempre me esforzaba por dar lo mejor de mí. Debo decir que en realidad no representaba para mí ningún esfuerzo. Realmente la amaba y yo me sentía feliz por complacerla.

Y sin embargo solíamos tener algunos problemas y discusiones. Las mujeres exigen varias cosas. Algunas bastante ilógicas y terminas peleando por cosas sin sentido. Por ejemplo:

Se quejan si eres celoso pero si no eres celoso entonces se quejan porque puedes parecer desinteresado. Que no la escuchas, que no la comprendes. Que no le pones atención. Que estás demasiado pendiente de ellas. Que no te bañas. Que te bañas muy seguido.Que no te llevas bien con las amigas y si te llevas bien con las amigas entonces estás de caliente con las amigas. Que porque estudias mucho, que porque no estudias nada. Que sólo piensas en el sexo, y si no las tocas entonces significa que ella sexualmente ya no te interesa como antes. Que de seguro deseas a otra o ya te acuestas con otra. Que se ven mucho. Que se ven poco. Que nunca le haces regalos. Que la sofocas con tantos detalles.

Yo siempre hice todo lo posible por cumplir en la medida de mis posibilidades para ser el novio perfecto.

¿Qué hice mal? ¿Tenía que haber sido más celoso? ¿Tenía que haberme comportado como un patán? ¿Ser más tonto? ¿No trabajar, ni estudiar? ¿Insultarla? ¿Pegarle de vez en cuando?

¿Qué es lo que hice mal?

Fue como una revelación.

La respuesta vino a mí de golpe. Ahora sé lo que hice mal. Lo que hice mal fue: Haberlo hecho todo bien.

El problema no estaba en mí. El problema estaba en ella. Siempre estuvo en ella.

¿Seguía enamorado de ella?

Si. Tal vez.

Seguía enamorado de ella, pero era ese amor francés: Le amour fou. Un amor Loco.

De pronto el dolor comenzó a desaparecer. Empecé a sentirme libre. Por primera vez en meses sentí mi carga  más ligera. Me sentí feliz. Al fin lo estaba superando.

Me fui caminando por la explanada. Y me topé con “Ella” de frente. Y la vi tal cual es. Hermosa y todo pero humana al fin y al cabo. Yo la había idealizado. Me pasé pensando desde que la conocí que “Ella” era única en el mundo. Pero hoy me daba cuenta de que es igual que todas, o que la gran mayoría. Creía que era diferente. Pero los hechos ya habían demostrado que no. Pero hasta hoy me daba cuenta. Ya no hay amor para “Ella”. 

Ya no hay dolor.

Veo  pasar a Rocío Liz Y pienso:

“… Se que sigue tan hermosa,
se que sigue tan graciosa,
pero es solo su envoltura…”

Al rato veré a Nataly. Y me siento tan feliz por eso.

¿Ya no hay dolor?

No.

Al menos no por ahora.

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