Nataly 10

 

Nataly 10

Lunes 6:00 a.m.

Apenas despunta el día. Es lunes. ¿Por qué tengo que levantarme temprano en san lunes? Andando  tardo y perezoso, al promedio ya de los lunes por la mañana. Voy caminando hacia la avenida a esperar el microbús. Maldito lunes a las 6 de la mañana. Hoy no circula el coche, las placas terminan en 6. Maldito seis. Ayer me puse una buena borrachera. Estoy crudísimo y cuando estoy crudo suelo maldecir casi por cualquier cosa.

No tenía que ir a la universidad. No tenía que ir al trabajo sino hasta la tarde, y al negocio hasta la noche. Sin embargo me levanto temprano para ir a ver a mi chica: A Nataly. Mi querida Nataly.

 

Estos días desde que volvimos han sido geniales. Realmente alucinantes. Nos vemos en el lugar habitualpara tomar café y comer pastel. Luego nos vamos a caminar por el parque, por el deportivo, por la calle. Un par de veces  fuimos a dar la vuelta por nuestra vieja escuela allí donde nos conocimos, a veces vamos a comer tortas con Tony. Otros días fuimos de turistas. Al centro, a la alameda, a Chapultepec. Me encanta su compañía. Las charlas con ella son intensas e interesantes. Es una mujer inteligente, preparada, bastante culta. Me encanta charlar con ella.

Sé que estamos en un punto de partida. El comienzo de algo nuevo y al mismo tiempo el regreso de aquellos momentos maravillosos que habían quedado en el limbo durante estos seis años en que perdimos el contacto.

Te encuentras en la etapa inicial. En la luna de miel del noviazgo. Todo es perfecto. Sientes que todas las canciones románticas y de amor en la radio hablan de ti y tu nueva relación. Si miras para cualquier lado ves a las demás parejas y piensas que su relación es una mierda comparadas con la tuya. Y piensas que durará para siempre. Esperas que esos momentos maravillosos  duren para siempre. Al menos yo lo espero. Pero al mismo tiempo pienso que no volveré a romper la regla del continuo-espacio-cita-tiempo.  Lo que tengo, lo que tenemos… Lo tenemos hoy y hay que disfrutarlo. Porque ahora ya sabes que no dura para siempre.

Lunes 6:15 a.m.

 

Abordo el microbús con rumbo a Iztacalco. Pago mi pasaje. Esta carísimo. Solía tomar esta misma ruta para ir al CCH hace algunos años, cuando el pasaje máximo era de dos pesos con cincuenta. Hoy cobran $9.50, increíble. Pago de mala gana. Busco un asiento y el chofer arranca. Será cerca de una hora de viaje. Me pongo mis audífonos y escucho mi canción favorita de la semana: “Un Loco Extraño”, de Mario Sandoval. Pienso en Nataly.

 

“Soy quien vino a hacerte sonreír

Quien vino a ser parte de ti

Un loco extraño”

 

Esa canción me hace pensar mucho en Nataly.

Ella me da “…las ganas de volver a empezar, de volver a entregarme…”

¿Volver a empezar, volver a entregarme? Empiezo a preguntarme si ya estoy listo para eso. Para volver a empezar.

 

¿Cuánto tiempo debería  alguien tardar para recuperarse de la ruptura de una relación?

Dicen que el tiempo lo cura todo. Toda la  gente tiene una opinión al respecto. Ok… Toma un tiempo. Pero ¿cuanto? Hay quien dice que debería tomar, a lo mucho, la mitad del tiempo que duró la relación. Escuché a alguien decir que tardaría por lo menos una semana por cada mes que estuviste junto a tu pareja.Alguien más me dijo que tardaría exactamente 10000 tragos de alcohol, sin importar cuanto tiempo te lleve beber todo eso.

BarneyStinson dice que no puedes medir algo como una ruptura en tiempo. Que hay una serie de pasos: “Desde su cama hasta la cama de otra chica”.

 

¿Será? No lo creo. Bueno, no lo sé. Lo único de lo que estoy seguro es que cuando una relación termina necesitas un tiempo para recuperarte.

Ya habían pasado casi tres meses desde que Rocío Liz y Yo terminamos cuando me reencontré con Nataly.  Y poco antes de volver a salir con ella llegué a la conclusión de que Tenía que tomarme un tiempo para superar la ruptura.Tuve algunas oportunidades con varias chicas durante todo ese invierno pero No quería precipitarme. No quería equivocarme. No andaría con alguien nomás porque si.

Además casi todos los días veo a Rocío Liz. Así resulta un poco más difícil olvidarla y curarme. Me gusta tanto todavía. Supongo que eso lo empeora un poco. Pienso que quizá la llegue a dejar de querer, pero ¿Me dejara de gustar?

Yo me estaba tomando mi tiempo para olvidarla, para curar las heridas. Sabía que ella no había perdido el tiempo. Ana Lidia, una de las mejores amigas de ella, se encarga de recordármelo y restregármelo en la cara cada que puede. Ana Lidia es una chica muy linda, me parece alguien simpática y agradable. Aunque a veces me molestan sus comentarios.

Yo le digo: “Hola ¿cómo estás?”. Y ella me responde: “Hola, estoy bien y Chío también está muy bien”. “Ella ya tiene otras preferencias y no significa que sea lesbiana”. “Para ella, ahora, sólo eres uno más en su lista de novios”. “Para ella tú ya estás muerto”. “Si te digo lo que te digo, no lo hago en mal plan. Te lo digo porque me caes bien. Me da gusto que ustedes dos hayan hecho las paces pero no quiero que por eso te hagas ilusiones pensando en cosas que no son”. “Esta bien que te tomes un tiempo”. “Ya verás que pronto lo superaras, pero no con Chío”.

Si. Quizá Ana Lida tiene razón. Lo superaré, pero con Chío ya no. Además yo tampoco quiero volver con ella. ¿Quién quiere estar con alguien que sabes que ya no te quiere? ¿De verdad ya no me querrá? Sé que ella es muy orgullosa, difícilmente aceptaría que se equivocó. La conozco. Si alguien le dijera que cometió un error, que eligió al chico equivocado, estoy seguro de que aunque ese alguien  tuviera razón, ella haría todo lo posible por demostrar que está equivocado. Mentir, fingir que todo es perfecto. Ella es buena para eso.

Ahora que estoy otra vez con Nataly Me siento bien. Cada día que pasa me convenzo de que tenemos algo especial. Cada vez que estoy con ella pienso menos en Rocío Liz. El problema es que cada que veo a Rocío Liz pienso menos en Nataly.

Lunes 7:11 a.m.

Después de una hora de viaje por fin llego a mi destino. Veo la hora, son 7:11. Cruzo la avenida y lo hago con mucho cuidado. No vaya siendo que el 11 me traiga mala suerte. Llego a nuestro lugar habitual. Pero el restaurante aún esta cerrado. Es la primera vez que nos veremosaquítan temprano y no había notado, hasta hoy, que hay un letreo lo bastante grande y claro que indica que el horario de servicio es de 8:30 y hasta las 22 horas.

Ella dijo que llegaría a las 7:15, a más tardar 7:30. Debe estar por llegar. Me dijo que sólo llevaría a Liliana a la escuela secundaria y después de eso nos veríamos. Avanza el reloj, dan las 8:00. Sé que Nataly es impuntual. Siempre llega tarde. Pero hace frío y tengo sueño. Empiezo a desesperarme. Le envío un mensaje de texto al celular. Ya son 8:30 y nada. Le llamo. Su teléfono esta apagado. Empiezo a maldecir. Odio que me dejen plantado. Enciendo un cigarrillo. Camino hacia la esquina de la avenida y me siento a esperar en la parada del autobús. Veo a los coches pasar, veo a la gente ir y venir. Pasan de las 9:00 y yo sigo esperando como idiota. “Es mi límite, esperaré sólo media hora más y ya”. Ya habían abierto el restaurante. Pensé en ir a tomar una taza de café. Y seguir esperando. También se me ocurrió ir a buscarla a su casa, pero habíamos acordado que era demasiado pronto para presentarme en su casa otra vez. Me había dicho que las cosas en su casa eran un poco distintas a como lo eran años atrás. Que debía ser un poco cuidadosa. Que iba a ir preparando poco a poco A su madre, a su hija, al resto de su familia y al padre de su hija. Si, al padre de su hija.

Me dieron celos. ¿Y si en lugar de venir a verme se fue con otro? Tal vez con Marco, así se llama el padre de Liliana. “No, eso es imposible. Ella no me haría esto”. Deseché esa primera idea de inmediato. “¿Y qué tal que le pasó algo y yo pensando mal?”. “Quizá tuvo un imprevisto, pero ¿Por qué no me avisó?”

Pensé en muchas cosas. Muchas posibilidades. Creo que mis celos pudieron más esta vez. Recuerdo que me dijo el otro día que por lo regular es ella quien lleva a Liliana a la escuela, pero que a veces la llevaba Marco, que incluso a veces la llevaban los dos. “¿Y si esta es una de esas veces? ¿Y que tal si donde hubo fuego cenizas quedan y ahorita están en medio de un incendio?”.

Siento que me vuelvo loco. No quiero pensar en ello. Esto duele ¿Sabes? Quiero pensar en que estoy equivocado. Que incluso estos celos que estoy sintiendo son una buena señal, señal de que voy en buen camino, que pronto dejaré de pensar en Rocío Liz y mis únicos pensamiento serán para Nataly. Pero tampoco quiero ser ingenuo otra vez. Estoy como en la canción, esa que dice: “…desconfío del amor, siento que todas me van a hacer lo mismo…”

Enciendo un cigarrillo más. Trato de relajarme. Tomar las cosas con calma. No voy a juzgar a Nataly basado en los errores de otras personas. Tengo que separar lo que pasó antes con otra persona y lo que sucede ahora. No quiero hacer especulaciones sin sentido. Como dice el dicho: “Primero confirma los hechos… Después puedes distorsionarlos”.

Eso es. Eso haré, primero quiero una certeza. Ya luego me volveré completamente loco.

Lunes 10:06 a.m.

Ya es demasiado tarde. Es obvio que no vendrá. Y no tengo nada mejor que hacer a estas horas. Me voy caminando. Iré a desayunar, iré a las tortas con Tony. Pienso que podré pensar con más claridad después de comer, ya saben “Barriga llena, corazón contento”

Lunes 11:30

Termino de desayunar. Y tal como lo había pensado las cosas toman un poco más de claridad. ¿Qué estaba pasando? ¿Qué me estaba pasando? Simple: Una vez más vuelvo a ser el novio secreto. El amante diurno.Definitivamente no me gusta esta situación. Pero al igual que antes… Pienso que debo ser paciente. Quiero pensar que vale la pena. Todo esfuerzo, toda espera tiene su recompensa.

Pago mi cuenta en la tortería de Tony. Esta ubicada frente al CCH Oriente, lugar donde estudié el bachillerato y conocí a mi mejor amigo: Andrés Simón. Fue él quién me trajo a comer aquí la primera vez. Íbamos en 3er semestre. Ya han pasado más de 11 años desde entonces. Simón es el único amigo del bachillerato con el que aún mantengo contacto. La última vez que nos reunimos fue hace poco y brindamos porque se cumplían 12 años de nuestra amistad. Simón es abogado, casi no nos vemos últimamente. Hace unos años solíamos reunirnos al menos un par de veces al mes. Nos emborrachábamos, nos contábamos nuestras penas, cosas de amigos. Luego de que Yo empezara a salir con Rocío Liz empezamos a vernos cada vez menos. Alguna ocasión me comentó que estaba harto de escucharme hablar de lo maravilloso que era andar con ella. Temo que dentro de poco perdamos el contacto totalmente. Pienso seriamente en que quizá debería cuidar más a mis amigos. Me distancie de casi todos, no sólo de Simón.Ahora ya casi no veo a nadie. Ahora es cuando empiezo a valorarlos.

Ya pasa del medio día. Hace calor. Tengo que estar en el trabajo a las cuatro. ¿Qué hacer con 4 horas libres?

Lunes 1:35 p.m.

Había pensado que no sería mala idea llegar temprano a la chamba. Así podría ponerme al día y resolver algunos pendientes. Elaborar algunos reportes que ya tenía atrasados,  llenar los avances programáticos semanales, pasar las calificaciones de los exámenes a las listas oficiales, elaborar los nuevos exámenes, preparar las clases de esta semana, cosas así. Sé que la mayoría de los demás profesores están ahí desde temprano, casi todos tienen horario completo desde la mañana. Pienso que es una buena oportunidad para socializar y hacer nuevos amigos. Tal vez así me distraiga y deje de tener malos pensamientos respecto al plantón que me hizo Nataly. Tal vez me olvide de pensar también en Rocío Liz.

Ese era el plan. Y sin embargo. De pronto estoy en un bar embriagándome. No dejo de pensar en Rocío Liz. Así que hago lo que siempre hago cuando se pone insoportable este recuerdo. Me bebo unas cervezas, fumo y escucho música. El lugar está casi vacío, imagino que ha de ser por la hora y porque es lunes. ¿Cuántas personas empiezan la semana bebiendo? Está una mesera, un tipo que atiende la barra, dos tipos en una mesa de la esquina junto a la rocola y yo.

Estoy hartándome de que esos dos tipos de la mesa de la esquina pongan pura música norteña y de banda. No es que odie esa música. Es que cuando bebo me gusta escuchar rock. Me gasto todo el cambio en la máquina de discos. Pongo “SweetChild o’ Mine”, de los Guns N’ Roses; seguida de “Gloria”, de TheDoors;“WhereisMyMind”, de ThePixies; y al final “Creep”, de Radiohead.

Escucho el Riff de “SweetChild O’ Mine”. Es genial. Me prende. Me transporta. Canto a todopulmón la primeraestrofa:

“She is got a smile that it seems to me 

Remind me of childhood memories

Where everything was fresh as the bright blue sky…

Now and then when I see her face

She takes me away to that special place

And if I stare too long I probably break down and cry

Ooooh, oh, oh… Sweet Child O’ Mine”

 

Y así la segunda y las que le suceden. No sé qué es pero comienza algo que me gusta llamar: “Experiencia extracorpórea”.

 

Adoro esta canción. Escucho el riff Intermedio, la voz de Axel Rose Gritando “SweetChild O’ Mine”. Siento que me elevo. El solo que toca magistralmente Slash me lleva a otro mundo. A otro tiempo. Me lleva hasta ti Rocío Liz, tú eras Mi Dulce Niña. De pronto estoy otra vez frente a ti como en los buenos tiempos. Aquella vez que te dediqué esta canción por vez primera. Esta era tu canción. Pero Mi dulce niña ya no está.

 

Escucho a JimMorrison cantando “Gloria”. Él grita“…Makes me Feelalright… Gloria” y permanezco en aquellos días de Gloria. Cuando me hacías sentir bien. Dicen que Morrison tenía 27 años cuando murió. 27 años igual que yo y KurtCobain y JanisJoplin. Leyendas del rock. Muertos a los 27 en el mayor apogeo de sus carreras. 27 años, buena edad para morirse. Yo no soy estrella de rock, ni estoy en el apogeo de nada. Pero al igual que ellos tengo mis adicciones y mis depresiones. Empiezo a preguntarme “¿qué pasaría si muriera en este instante?”.  El rey lagarto me interrumpe al grito de “Gloria” y me trae de vuelta a la realidad, de pronto estoy de nuevo en mi mesa.

Noto que la mesera y los demás presentes en el bar me miran raro. Me rio. Se escuchan los acordes inconfundibles de ThePixies. Me tomo un respiro. Me tomo mi cerveza. Y como el nombre de la canción me pregunto: WhereisMyMind? (¿Dónde está mi mente?).

Quiero encender un cigarrillo. Se me han acabado. Quisiera dejar de fumar pero es muy difícil. Casi tanto como dejar de pensar en “Ella”. De nuevo la he despojado del nombre. Vuelve a ser sólo “Ella”. Le pido otra cerveza a la mesera y unos cigarros. Me pregunta que si todo esta bien. Le respondo que si con la cabeza y se va por mi encargo. Imagino que ha de ver a gente borracha todos los días en este lugar ¿Qué habré hecho para que me pregunte si todo esta bien?

Es una mesera muy eficiente. Tardé más en pedir que ella en servirme. Bebo de mi cerveza ávidamente. Por fin puedo fumar otra vez. Ella se ofrece a encender mi cigarro. Se escucha “Creep” de Radiohead. Me dice que qué onda con esa música que he estado poniendo “¿A poco si mucho inglés? ¿Qué dice esa rola o qué?”.  Yo nomás me rio. Me dice que soy bien raro. “Precisamente de eso habla esa canción, de un tipo raro. Como yo”. Me Sonríe. Me ofrece botana. La trae. Se va y yo sigo cantando:

“You’re so fucking special

I whish was special,

But I’m a creep, I’m a weird

What the hells am I doing here?

I don’t belong here.

Oh! She is running out again, she is running out,

She is run, run, run, run…”

 

Es una de mis  canciones favoritas para emborracharme.  Es una de las  favoritas de Nataly. A “Ella” también le fascinaba. Supongo que empiezo a sentir el efecto del alcohol. Dejo de pensar cada vez menos en “Ella” y cada vez más en Nataly. ¿Por qué me dio el plantón? ¿Por qué no me ha llamado? No pienso mucho en eso. Me siento tranquilo. Contrario a lo que muchos dicen, al menos a mí, el alcohol si me hace olvidar las penas.

Aunque claro, tampoco soy un idiota. Estoy ebrio pero al mismo tiempo estoy lo bastante consciente de que es una salida falsa. Y sin embargo, es la única que se me ocurre por ahora. La que he tenido desde siempre. Suelo beber cuando me siento así. Casi le había parado desde que volví con Nataly. Casi. Pero cuando sientes dolor.  Buscas la forma de aliviarlo. Beber es mi paliativo. Intentas aliviar el dolor con el alcohol pero es como tapar una fuga con un cúbito de hielo: No aguanta. Tarde o temprano se derrite.

Si tan sólo pudieras estar ebrio siempre, no habría problema. Pero el cuerpo te falla, no responde. Y hay otras cosas que debes hacer, como ir a trabajar. La sobriedad se convierte en una especie de maldición.

Lunes 3:56 p.m.

Llego puntual al trabajo. Un poco más y no vengo. Me lleno la boca de chicle para disimular lo más posible mi aliento. Pero conforme avanzo a la sala de firmas, empiezo a pensar que ha sido muy mala idea venir. El aliento no es mi único problema. Saludo a algunos alumnos que igual que yo van llegando.

Al fin llego a la sala de firmas. Saludo a los compañeros. “Buenas tardes”. Hago todo lo posible por mantener la distancia con todos. Leonora, la secretaria, me saluda. Se  acerca a darme un beso. Me da el libro de firmas.

“¿Otra vez vienes pedo, cabrón?”

“No vengo pedo. Sólo fue una cervecita.”

“No chingues, ¿en lunes? Tú si que te pasas”.

“Es para empezar bien la semana”.  Firmo lo más rápido que puedo. Apenas y puedo. Siento la mirada acusadora de Leonora. Le pido discretamente que no me delate. Me doy la vuelta. Y busco la salida. No quiero encontrarme con la directora. Sé que sale a comer de tres a cuatro. Son 3:59p.m. Salgo dando tumbos. Todos me miran. Creo que se me empieza a bajar. Empiezo a sentirme avergonzado.

Voy al sanitario. Me echo agua en la cara. Como si eso ayudara. Busco en mi bolsa una loción. Casi me baño en loción. Me tomo un respiro. Me dirijo lo más derecho posible a mi aula. Estoy a unos metros y veo a Leonora que esta en la puerta y le dice algo a la clase. Antes de llegar veo a todos salir. Leonora viene hacía mí. Con esa mirada desaprobatoria. “Lo siento mucho, pero no voy a permitir que entres así al aula”. 

Ella tiene razón. No estoy en condiciones. “Imagínate si la licenciada Ana María te ve así. Se supone que ya no va a volver hoy, pero mejor no te arriesgues, ya vete a tu casa, sal por el estacionamiento, que nadie más te vea, ya les dije a los de la dirección que chitón”.

No discuto. Ella manda. Tiene razón. ¿En qué estaba pensando?

“Te cubriré por esta vez, pero será la última. ¿Ok?”.

Me voy. Tengo que salir por la puerta trasera. Ni hablar. Es una de las consecuencias que tengo que asumir. Mejor me voy a casa. Es lo mejor. De por si mis alumnos se quejan de que soy un pesado, ahora ebrio… Capaz de que no me aguanto las ganas de gritarles que son unos imbéciles. Empiezo a pensar que debería cambiar de empleo.

Lunes 6:15 p.m.

En lugar de ir a casa mejor Me voy para mi negocio. Aquí yo mando. Aquí yo soy quien da los regaños en vez de recibirlos. Todo está tranquilo, no hay novedad. Ya casi se me ha bajado el efecto de las chelas que me tomé por la tarde. Mando a Fanny por una cerveza. Va de mala gana. Fanny es una amiga muy querida. Y me ayuda de vez en cuando a atender el negocio. Continúo bebiendo. Abro sesión en el Messenger. Me saludan algunas amigas: Kika, Daysi, Andrea…

Andrea es la hermana menor de “Ella”. Empezamos a charlar a través del Messenger en los primeros días del año. Al principio me pareció un poco extraño porque durante todo el tiempo que anduve con su hermana nunca pude conocerla mejor. La había visto en persona un par de veces pero nunca pude charlar con ella. Y ahora charlamos casi a diario. Me parece una buena persona. Me cae muy bien. Me ha dicho que yo también le caigo bien. Yo siempre tuve la inquietud de conocerla. Dice que el sentimiento es mutuo. Escuchaba a Rocío Liz hablarme de ella todo el tiempo. De ella y de su novio Ariel. Conozco muchas cosas de ella. Sé más o menos gran parte de su vida y de su forma de ser. Lo he sabido mucho tiempo antes de  conocerla. Y todo lo que sé, lo sé por medio de lo que Rocío Liz me había contado. Estoy seguro de que Andrea se sorprendería de las cosas que sé.

No sé por qué pero me encanta platicar con ella. Es muy simpática e inteligente. También es una chica muy guapa. Hablar con ella es sencillo. No hay muchas complicaciones. Hablamos de cosas simples. Cosas graciosas. Cosas banales. Hemos charlado acerca de tantas cosas pero nunca hemos hablado de Rocío Liz, excepto por un par de ocasiones. Lo más que le he preguntado sobre su hermana es que si ella y Paola están bien. Siempre me dice que si.

 No nos hemos vuelto a ver en persona pero se ha convertido en una gran amiga. Llegó a mí en un momento muy complicado de mi vida. Se ha convertido en mi cómplice y mi confidente. Debo confesar que le tengo un gran cariño, ya desde antes le quería mucho. Y ahora más. Me da ánimos, me aconseja, me manda su buena vibra. El otro día me dijo que yo era el único amigo hombre que tenía. Me hizo sentir bien. Me ha dicho: “Los pedos que tengas con mi hermana son cosas de ustedes”.

Platicamos brevemente. Me cuenta algunos problemas que tiene con su galán. Me cuenta sus cosas. Yo le cuento las mías. Le digo que sigo sin olvidar a su hermana. Me dice que no pierda la fe. Que el mar está lleno de peces.

Yo lo sé. De hecho, ahora salgo con una bella sirena. Y eso es lo que me empieza a traumar. Se supone que Nataly y yo estamos en la luna de miel del noviazgo… ¿Por qué sigo pensando en aquella? ¿Por qué me pasan estas cosas?

Lunes 8:00 p.m.

Suena el teléfono. Es Nataly. Se disculpa por el plantón. Dice que no fue su culpa. Me quiere explicar lo que pasó. Ya se me han subido las copas. Me pongo algo irracional. Le demuestro mis celos “enfermizos”. Siempre he sido alguien paciente y comprensivo, dispuesto a escuchar antes de juzgar y volverme loco. Pienso que quizá ese ha sido mi gran error. Por eso ahora enloquezco a propósito. Le hago mi escena a través del teléfono. No soy muy bueno haciendo este tipo de escenas. Recuerdo las escenas que Rocío Liz Me hacía a mí. La imito. Me sale tan bien. Aprendí de la maestra experta en hacer escenas de celos. Soy una nena celosa. Me pongo insoportable.

-Oye, ¿qué te pasa? Tú no eres así.

-Pues ya ves que si. ¿Crees que soy tu idiota? ¿Crees que puedes dejarme plantado y después hablarme como si nada hubiera pasado?

-Te hablé porque quiero explicarte. Si me dejas hablar verás que no fue mi culpa.

-¿Y por qué me hablas hasta ahorita?

-Estuve tratando de localizarte toda la tarde. Nunca me contestaste el celular.

-Ahora resulta.

Reviso mi celular. Es cierto. Tengo varias llamadas perdidas.

-Bueno. ¿Me vas a dejar que te explique o no? Incluso fui a buscarte a tu trabajo y me enteré de muchas cosas. Yo también estoy molesta contigo. Pero si te estoy hablando es porque me interesa arreglar las cosas contigo. Yo también quiero que me expliques muchas cosas.

Se me acaba el material. No sé que más decirle. La verdad es que si quiero una explicación.

-Ok. ¿Quieres que te escuche? Ok, Te escucho. A ver ¿Por qué el plantón? ¿Por qué no me avisaste que no ibas a llegar?

-Primero, no fue mi intención dejarte plantado. Yo quería verte… Pero pasó algo inesperado.

-¿Qué pasó?

-Fui a dejar a Liliana a la escuela. Tú sabes que voy a dejarla y a traerla todos los días sin falta. Pero resulta que esta niña se ha estado metiendo en mucho problemas. Ya me habían mandado varios citatorios de parte de varios maestros pero esta condenada que no me dijo nada. Y cuando llegué a dejarla me encontré con su prefecta y pues ya no me dejó ir. Tuve que pasar a hablar con ella a su oficina. Pensé que sería rápido, pero  luego desfilaron ante mí varias profesoras que querían “Tratar asuntos relacionados  con la educación de mi hija”. Esta chamaquita me va a volver loca. Bien dijo mi madre que con Liliana voy a pagar todas las que yo le he hecho a ella. Pero en fin… Que se me olvidó mi celular y no te pude avisar.

-¿Y no existen los teléfonos públicos?

-¿Me estás escuchando? Te digo que tuve que hablar con varias maestras. Total que cuando salí de allí ya eran casi las 10. Supuse que ya no estarías esperándome. Y además salimos a las prisas en la mañana que olvidé mi bolsa. Y no traía dinero. Ni mis llaves. Y pues no había nadie en mi casa. Te juro que hoy no fue mi día.

-Ay, niña… ¿qué te puedo decir?

-Y no sabes. Tan es así que tuve que pedirle a mi suegra que me dejara pasar a su azotea para ver si me podía brincar a mi casa…

-Oye, oye… Disculpa ¿Tu suegra? Que yo sepa nunca te he presentado a mi madre. ¿Cómo está eso?

-Perdón. A mi ex suegra. A la abuelita de Lily. La mamá de Marco.

-¡Ah! Ya decía yo… ¿La mamá de Marco? ¿Y luego?

-Pues ya me dijo que si y me dejó pasar. Pero me encontré con Marco y me empezó a reclamar un montón de tonterías.

-¿Te empezó a reclamar un montón de tonterías?

-¿Es mi imaginación o repites todo lo que te digo en forma de pregunta?

-Oye… pero es que no sé por qué tenga que reclamarte algo ese imbécil.

-Te digo que puras tonterías.

-A ver dime qué tonterías te reclamó.

-Pues al parecer ya sabe que estoy saliendo contigo otra vez. Me reclamó eso. Y de que estoy descuidando a la niña por salir contigo. Hazme el favor.

-¿Te reclamó que estemos saliendo tu y yo otra vez?

-Si. Eso dije.

-¿Y entonces yo soy una tontería? Órale.

-No. Yo no he dicho eso. Y por favor ya no te pongas así. Pareces niña. ¿En qué momento se han invertido los papeles?

-Perdón pero es que en serio, como que no me agrada eso de que te este reclamando cosas ese hijo de perra.

-Oye, oye… tampoco te pases. Es el padre de mi hija. Y desde un principio te dije que él y yo mantenemos una relación cordial. Y te repito. Sólo por el bien de nuestra hija. No me parece que hables así de él.

-Ok. Pues ya esta. Lo siento ¿Qué puedo decir?

-El caso es que estuvimos discutiendo un buen rato. Hasta me puso de malas. Ya después estuve intentando localizarte y nunca me respondiste las llamadas. Imaginé que estabas muy molesto y que no querías contestar. Así que me puse a hacer las cosas de la casa y después de ir a recoger a Lily y ponerle su buena regañada me fui a buscarte a tu trabajo para explicarte lo que pasó y de paso para darte una sorpresita. Pero resulta que la sorpresa me la he llevado yo. Creo que tienes muchas cosas que explicarme.

-¿Yo? Pues no fui a trabajar. Eso es lo que pasó.

-No, si ya me enteré. Leonora ya me contó todas tus fechorías. ¿Cómo está eso de que te regresaron porque ibas bien borrachote?

-No iba bien borrachote.

-No te hagas. Si dicen que ya casi te ibas cayendo de borracho. Y que no es la primera vez que te presentas en estado inconveniente.

-Bueno, es que a veces me da calor. No tiene nada de malo tomarse unas cervecitas para el calor.

-Eso no está nada bien. Y me habías dicho que ya no ibas a tomar, ni a fumar. ¿Qué te pasa?

-Es que me puse muy triste porque no te pude ver. Eso es todo.

-A mí no me pongas de pretexto. No eches la culpa. Tienes que ser más responsable. Además también me encontré a Marce y me dijo que te la pasas tomando todos los días y haciendo escándalos allá en tu negocio. Y no me digas que ahorita no estás tomando.

-Bueno, si. No puedo negarlo. Creo que últimamente he bebido un poco. Pero ya.  Le voy a parar.

-Pues demuéstralo, no nada más  lo digas. No me gusta eso. Tú sabes todo lo que pasé al lado de Marco. No pienso volver a pasar lo mismo ahora contigo.

-No. Y te voy a pedir un favor: No compares. No tengo nada que ver con tu ex. ¿Por qué mis novias siempre están comparándome con sus ex? No me agrada. No lo hagas por favor.

-Ok. No lo haré. Pero tú también deja de comportarte así.

Estuvimos discutiendo por una media hora más. Al final hicimos las paces y  llegamos a un acuerdo. Nos veríamos al día siguiente. Ya más calmados hablaríamos seriamente sobre nuestra relación.

Tal parece que el periodo de luna de miel ha terminado. Es hora de empezar a hablar las cosas en serio, es hora de entrar en el asunto de verdad. Eso asusta ¿Sabes?

Martes 9:00 a.m.

Estamos juntos. Nos fundimos en ese abrazo que parece eterno. Nos besamos. Es tan dulce y tan hermosa esta mujer. De pronto olvidamos la discusión. Me olvido del plantón del día anterior. Ya pasó. La vida sigue. El presente es lo que importa.

Pone su mano en mi rostro. Me mira fijamente a los ojos.

-Te tengo una sorpresa.

-Si, ¿de qué se trata? Espero que sea una sorpresa agradable. Ese tipo de sorpresas son las que me gustan.

-Yo sé que te gustará. Ven conmigo.

Me lleva de la mano. No sé a donde me lleva pero yo la sigo. Avanzamos unas cuadras. Empiezo a reconocer el camino. Reconozco la calle, esta desierta. Veo su casa. Ella abre la puerta. Me invita a entrar. Estamos en su sala. Me avienta al sofá. Me come a besos. Esto es genial. Demasiado genial. Después del calentamiento preliminar llegamos a su habitación. Esta decorada de un modo un tanto seductor. Con pétalos de rosa en el piso que forman un caminito directo hasta su lecho. Las velas encendidas en los cuatro candelabros, cada uno en cada pared. Las veladoras aromáticas en su buró. La colección de peluches al pie de su cama. Un corazón hecho de pétalos con nuestras iniciales en el centro de su cama. Me recuesta en la cama. Me dice que cierre los ojos hasta que ella me diga que los vuelva a abrir. Obedezco. Pasan unos instantes. Empieza la música. “No dejes que…” De los Caifanes suena. Definitivamente era una gran sorpresa. Y si que me gustaba.

-Ya puedes abrir los ojos mi Amor.

Abro los ojos. Hay un ángel ante mí. Una diosa. Vicky Form hace de las suyas. Y lo hace de maravilla.  Lo demás… Es inefable.

Puede que la luna de miel halla terminado. Pero ha sido de una gran manera.

Tal parece que el periodo de luna de miel ha terminado.

Es hora de empezar a hablar las cosas en serio, es hora de entrar en el asunto de verdad. Eso asusta. Si. Pero también empiezo a pensar que esta será la mejor parte.

 

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