El Regreso de Nataly 7

Sin Lazos (Bondless)

Al reencontrarme con Nataly fue como encontrar una conexión con alguien especial.  Algo me  daba la impresión de que se había abierto una puerta, un eco del pasado.

Al besarla… Pienso en las terribles leyes de causa y efecto. Pienso en el Número 11.

11 de Marzo.

Hoy es el día de mi primera cita con Nataly después de 6 años. Quedamos de vernos a las diez, pero ella llegó tarde. Llegó a las 11:11. Charlamos y comimos un pastel de chocolate y un café. Y nos retiramos de allí, del Samborns, a la 1:01 pm. Y llegamos A Central Perk a la 1:11.

Pedimos unas cervezas. Ella puso una canción. Nos dimos un beso. Un largo y delicioso beso…

Después de  eso… Ella va y pone otra canción. Yo  Veo la hora otra vez… Es la 1:19pm. No sé por qué pero empiezo a sumar. 1+1+9= 11.

Recuerdo que “Ella”… desde que la conocí traía una especie de trauma con el número 11. Me dijo que el número 11, casi, casi era sinónimo de que algo malo iba a suceder. Dijo que estaba muy ligada a ese número. Que vivía en la casa número 11 de su calle. Que en la escuela su número de lista siempre era el 11. Que, por alguna razón, siempre se encontraba relacionada con el 11. Que si en algún momento se le ocurría ver el reloj: Eran las 11:11. Las 12:11; las 13:11… O la hora que fuera pero siempre estaba presente el 11.  Que si quería ver la canción que sonaba en el estéreo siempre era la pista 11… o que estaba en el segundo 11… Y Así…

Recuerdo esas charlas acerca del número 11…

Yo siempre me consideré un agnóstico en torno a todas aquellas cosas sobrenaturales, fantásticas o mágicas y demás pendejadas…

Pero en fin…

Cada que “Ella” veía el once se ponía mal… Se ponía nerviosa… Rara… Y eso a mí me ponía de malas.

Yo siempre le dije que no fuera supersticiosa. Intentaba convencerla de Que Si lo veía era por pura casualidad. Que si lo veía era porque ella lo quería ver… Hubo discusiones por eso. Se molestaba Porque yo no creía. Y de verdad, muchas veces… yo quería creer.

Total que casi todos los días veíamos ese puto número: En la camisa de alguien, en las placas de algún carro, en el número de una casa, en el reloj, en el estéreo del coche, en el día de la semana, el mes, en la cuenta del restaurante, o en cualquier pendejada… Pero efectivamente… Siempre aparecía el número 11.

Lo peor, es que creo que después de todo mi escepticismo hoy día me heredó ese trauma. Nunca creí en eso…

Ni siquiera aquel trágico 2 de Octubre me hizo creer. Aquel día fuimos a un… Uno de esos lugares donde van las parejas ¿Y qué crees? Entramos a las 11 en punto. La habitación era la número once. Nos la pasamos muy bien. Le doy un once de calificación. jajaja… Pero al salir de allí…

Tuvimos un accidente terrible…

Circulábamos por la avenida y al llegar al crucero…  Un auto no respetó el semáforo que estaba en rojo y nos embistió por un costado… Yo me asusté horriblemente… “Ella” No traía puesto el cinturón de seguridad… Nos dio el golpe en la cola del coche, éste hizo un trompo… un trompote… Dio un par de vueltas… Para mí fue aterrador. Afortunadamente no nos pasó nada.

Recuerdo todas aquellas cosas y hoy si ya empiezo a creer. Maldita sea. ¿Por qué hasta hoy?

Pero estábamos en el beso…

Fue genial… Realmente alucinante. Pasó la prueba del beso. O eso creí en ese momento.

Hubo un silencio. Nos miramos a los ojos por unos momentos.

No dije nada… Iba a decir algo cuando Nataly me detuvo… “No digas nada” Selló mis labios con otro beso. Me quedé callado…

Era la primera vez que volvía a besar a una mujer después de que “Ella” me dejase. El primer beso de este año que iba empezando.

Comenzó a sonar una canción muy conocida… “No dejes que” de Los Caifanes. La canción favorita de Nataly. La cantamos a dúo. Hay cosas que nunca cambian. Que cosas ¿no? Empezamos con un trío que tocaba boleros en un restaurant tomando café y de pronto estamos en un bar de poca monta escuchando rock y tomando cerveza… Así es con Nataly, nunca sabes que esperar de ella. Así somos ella y yo. Nunca creas que nos conoces. A veces pienso que esta chica y yo nos parecemos mucho. Eso asusta.

Cantamos. Nos besamos. Bebimos. Nos volvimos a besar. Dejamos de hablar. Las cosas fueron subiendo de tono. Y con el número 11 en mi mente… No estaba seguro de lo que podría pasar.

“Esto es genial” Le dije.

“¿Verdad que si?” Respondió.

“No me lo esperaba”

“Ni yo, pero es que tienes un no sé qué que no sé yo… ja, ja, ja… Me provocas… Tampoco me lo esperaba, tampoco era mi intención, no era a lo que vine pero… pero pasan estas cosas…”

Le digo que lo siento, tampoco es mi intensión. Yo sólo quería volver a verle… Darle un abrazo quizá… No creí que fuera a pasar todo lo que había pasado y lo que pasaría… No creía tener tanta suerte. Aunque a veces pienso que siempre la he tenido. No me puedo quejar demasiado en ese sentido.

Pedí otra ronda. Y otra. Y otra… Y conversamos y conversamos. Y nos besamos y nos besamos. Y yo bebía y bebía.

Me la estaba pasando muy bien. Aunque al mismo tiempo no podía evitar acordarme de “Ella”. ¿Bebía para olvidar…? Quizá. Pensé mucho en “Ella”. No podía sacarla de mi mente. Ni cuando Nataly me besaba podía apartarla del pensamiento. No podía  evitar hacer comparaciones. Eso me molesta a veces. En cada trago que le daba a mi cerveza esperaba ahogar su imagen y su recuerdo. Y el 11. Creo que funciona. Me olvido de “Ella” y del 11 por un rato.

Nataly era una chica estupenda. Divertida, graciosa, agradable. Bailamos, cantamos, nos besamos, nos reímos. Hicimos una fiesta sólo nosotros dos. No me había divertido tanto en todo este año. La gente nos miraba. No nos importaba.

Pienso que sin duda es la mejor cita que he tenido en años. Aún así pienso mucho en “Ella”. Pero al mismo tiempo pienso que quizá es el modo de empezar a curarme de esta herida en el corazón que no me duele.

Ella me miró raro y me reprocho por mi forma de beber. “Cómo que tomas mucho y muy rápido ¿No lo crees?”

“Lo Normal.”

Iban a ser las tres de la tarde… Me la estaba pasando muy bien.

“Lo siento, me la estoy pasando muy bien pero me tengo que ir”.

“¿Tan pronto?”

“Si. Es que tengo una hija. Y tengo que ir a recogerla a la escuela, sale a las tres. Apenas y voy a llegar a tiempo.”

“¡Oh! “

Cierto. Tiene una hija. Lo había olvidado. Qué puedo decir. Yo quería que se quedara pero Así es cuando sales con una mamá soltera. No hay de otra. No puedes exigirles mucho. Tienes que ser comprensivo. Comprender que siempre habrá alguien que es más importante para ellas que cualquier otra cosa en el mundo. Y contra eso… Contra eso no puedes competir.

Tengo bastante experiencia en ese sentido. He tenido la oportunidad de salir con varias mujeres. Y la mitad de esas mujeres con las que he salido han sido madres solteras. De hecho, si la memoria no me falla, Nataly fue la primer mamá soltera con la que salí. Duramos unos meses. Pero fueron intensos. Bellos.

“Ya va a la secundaría. Tengo que cuidarla mucho. Ya anda de novia. Y esta muy chica para eso. Un montón de carboncitos andan tras sus huesitos.”

“Oye… dale chance… “

“No… A mí me dio chance mi mamá y salí con mi panza. No quiero que mi hija sufra lo mismo que yo. Apenas tiene once años, pero ya trae a varios chamacos atrás de ella como perros”

El 11 otra vez…

“Pues… De todos modos. Nadie experimenta en cabeza ajena. A veces tenemos que cometer nuestros propios errores. ¿No lo crees?”

“Pues mientras pueda la cuidaré. Es que como tú no tienes hijos no lo comprendes. Tal vez cuando seas padre lo entiendas.”

“Tal vez…”

“Gracias por este día. Me la pasé muy bien. Como en los viejos tiempos.”

“Qué tiempos aquellos ¿verdad?”

Nos reímos, nos abrazamos. Nos besamos.

“Si quieres puedo acompañarte. Me gustaría mucho volver a ver a Liliana. Nunca me pude despedir de ella. ¿Se acordará ella de mí? Además La tarde es joven. Que tal que las invito a comer y conversamos y convivimos. Como en los viejos tiempos.”

“No. Gracias. Preferiría que no. Al menos no ahora. Es que prácticamente eres un desconocido. No sé quién eres realmente. Necesito conocerte más. No tenemos nada que nos una aparte de los recuerdos de hace 6 años. Y no creo que sea buena idea que te presente con mi hija.”

“Ok. Está bien. ¿Cuándo nos vemos otra vez?”

“No sé.”

“¿No sabes o no quieres?”

“No sé si quiero volver a verte. Es extraño lo que ha pasado hoy. Has removido cosas en mí. Sentimientos que creía olvidados… No sé qué pensar. No quiero equivocarme otra vez. Tengo una hija y tengo que ser responsable. No sé qué es lo que siento por ti ahora mismo… No sé si es el efecto del alcohol o por el simple hecho de volverte a ver… No sé.”

“Bueno. Ok. Lo entiendo. Tómatelo con calma. Tomémoslo con calma. Piénsalo. Sólo espero que sigamos viéndonos. Que no perdamos el contacto. Yo quiero volverte a ver. Quizá podríamos empezar desde cero.”

“Ok… Empezar de cero es una alternativa.”

“Esa voz me agrada.”

No me dejó pagar la cuenta. Salimos del bar. Caminamos en silencio durante unos segundos. Le hizo la parada a un taxi. Me abrazó. Me besó. “No sé cuando nos veamos, pero es posible que te bombardee con mensajitos al celular… ja, ja, ja…”

Me despidió con una sonrisa y Se fue…

Y así fue como recobré el contacto con Nataly…

No sé por qué pero Veo las placas del taxi. Tienen un número 11. De pronto sentí el asco… Unas ganas de vomitar terribles… Hice todo lo posible por no regurgitar ¿Serán por todo lo que bebí? ¿Será que después de todo no superamos la prueba del beso? ¿Será un mal presagio?

No quiero pensar en eso. No quiero pensar En “Ella”. Es inevitable. Ahí esta.

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