Sin Memoria (Memoryless) El Regreso De Nataly 6

“No me platiques más…
Déjame imaginar
Que no existe el pasado
Y que nacimos, el mismo instante
En que nos conocimos”(1)

 

Porque Siempre Podemos Decir: ¡Una Ve Más!

No sé si fue la cafeína. No sé que fue. Pero lo que comenzó como una mañana fría se convirtió en algo genial.

Nataly se quedó. La tomo de las manos y la miro a los ojos. Nos miramos fijamente durante unos instantes. En silencio. Antes  de que esto se convirtiera en un silencio incomodo, interviene la amable mesera. Que nos trae la carta. Y pregunta qué es lo que va a pedir la señorita.

Pide lo habitual. Un café Americano y un pastel de chocolate. Es sorprendente. Al menos para mí lo es, que tiene los mismos gustos que yo.

Le digo que me ha dado mucho gusto volver a encontrarme con ella. Me dice que a pesar de todo también le da gusto.

Cierra los ojos y suspira.”Tú y yo. Aquí. Tomando café y un pastel de chocolate. Igual que la primera vez. Qué tiempos aquellos. Y aquí estamos… Una vez más…“ .

“¿Cómo te ha ido?”

Empezamos a hablar de cómo nos había ido en estos años…

Me contó que estudió Literatura dramática y teatro. Que trabajó como maestra de español en una escuela privada. Que volvió con el padre de Liliana durante un tiempo. Que se separaron y hoy era soltera. Lo cual me pareció genial. Y Me dijo que vive con sus padres y que hoy día no hace nada. Al padre de Liliana le fue muy bien en Estados Unidos y hoy les pasa una pensión que les permite vivir de una manera “desahogada”. Que se está tomando su año sabático. Que Liliana, La niña que conocí, ya va en primero de secundaría. Que es una chica muy inteligente. Tanto que se salto un año de primaria. Que ya es casi toda una señorita. Que no ha tenido más hijos, ni le interesa tener. Y cosas así…

“¿Cómo te ha ido a ti en estos años?” Me preguntó. Intenté contarle la versión condensada de lo que ha acontecido en mi vida en este tiempo. No pude. Como siempre… Hablé de más… Conté demasiados detalles.

Le cuento que también  fui a la universidad. Que estudié pedagogía. Que trabajo en la Secretaría del Trabajo. Que tengo un pequeño negocio de computadoras que atiendo por las tardes. Que nunca me he casado. Que no tengo hijos. Al menos ninguno propio, ni reconocido. Es la verdad. Yo nunca he tenido hijos. De eso estoy seguro. Le digo que he vivido la vida loca. Le cuento que tuve algunos amores… de las mujeres que me enamoré. Le hablo de Melisa, de Sandy, de Paty, de la otra Paty, De Elba María Roxana, de Katya, de Luz, de Angélica, de Azul… Y al final le hablo de “Ella”…

Y sin poder evitarlo… empiezo a comerle la oreja con la historia que viví con “Ella”. El cómo la conocí, el cómo me enamoré, el como nuestra relación fue evolucionando, el cómo un día me perdí por esa mujer, de cuando rompimos la primera vez, cuando volvimos, de todo lo que tuve que hacer para reconquistarla, de mi tatuaje con su nombre, de cuando chocamos y yo me asusté, de las falsas alarmas de embarazo y todo lo relacionado, de cuando nos llevó la patrulla por faltas a la moral, el cómo le di todo a cambio de nada… el cómo un día, de pronto y sin previo aviso, me dejó y se fue con otro… y cosas así…

No sé por qué pero siempre me es inevitable pensar en “Ella”. Todos los días me despierto y mi primer pensamiento es acerca de ella y para ella. Hablar de “Ella”. Acordarme de “Ella”. Me encanta contar la historia de cómo la conocí y me enamoré perdidamente. Fue tan lindo… Tan Mágico. De esas historias que, cuenta la gente que, sólo te suceden una vez en la vida… Así es la historia de cómo la conocí a “Ella” La historia de cómo conocí a Rocío Liz…

Hablo y hablo… No paro de hablar. Nataly me detiene. Me dice que no le interesa saber tanto, que no le interesan los detalles. Que así está bien.

Parece providencial… pero en ese momento entra al restaurante un trío…

Se acerca a nuestra mesa. Yo le digo que no, que gracias. Y Nataly… Pide una canción. Y pide una muy especial: No me platiques más… Y ellos la empiezan a cantar…

“No me platiques más
Lo que debió pasar
Antes de conocernos
Sé que has tenido, horas felices
Aun sin estar conmigo
No quiero ya saber
Que pudo suceder
En todos estos años
Que tú has vivido
con otras gentes
Lejos de mi cariño
Te quiero tanto que me encelo
Hasta de lo que pudo ser
Y me figuro que por eso
Es que yo vivo, tan intranquilo
No me platiques ya
Déjame imaginar
Que no existe el pasado
Y que nacimos, el mismo instante
En que nos conocimos…”

 

“¿Entendiste el Mensaje?”

Si…

Creo que lo entendí.

Nos olvidamos de todo… Hablamos de nosotros… Sólo de nosotros…

El cómo nos conocimos. Desgarro mi mente y hago girones de los recuerdos… y ahí está. Recuerdo su mirada cuando me contó sobre su padre y como murió. El duelo que llevó. Lo difícil que fue para ella y su madre superarlo. Cuando supo que estaba embarazada y lo que vivió junto al padre de su hija. El cómo él se fue a Estados Unidos sin avisar y ella tuvo que arreglárselas sola para salir adelante con su bebé, con Liliana. El cómo tuvo que aguantar los reproches de su madre y su familia. Y el gran esfuerzo que hizo para terminar el bachillerato e ir después a la universidad. El cómo me conoció. El tiempo que estuvimos juntos. El cómo la abandoné…

Aquella vez que fumamos hierba y nos dio risa, y no pudimos para de reír. La forma tan loca en que se asustó la primera vez que dormimos juntos y que  a mitad de la noche comenzó a llorar. Y yo la abracé tan fuerte hasta que amaneció.

Y, por supuesto, recuerdo su fuego, la sensación de su cuerpo y su calor, sus senos chocando contra mi pecho, sus besos y el sabor que dejaba en mi boca.

Cuando llegábamos al clímax y yo gritaba su nombre: ¡Nataly!

Se acaba el café y el pastel. Las horas fluyeron sin darnos cuenta. Ella dijo que quería algo más fuerte.Que necesitaba algo más fuerte que el café. Salimos del Samborns y vamos a un bar. Ella me lleva. Yo la sigo.

Llegamos al Central Perk. Un barsucho de mala muerte. Esa es la impresión que me da. Se llama como el Café de la serie Friends. Una gran serie por cierto.

Es Oscuro y tétrico. Nada que ver con los lugares que acostumbrábamos hace años. Me dice que es su bar favorito de esta zona. Que suele venir aquí  cuando siente que debe hidratarse.

No es el tipo de lugar que esperaría que ella conociera. Y menos que viniera sola. Me pide un cigarro antes de entrar. Lo enciendo y le doy una calada. Lo aspiro como si con esa calada se fuera el ultimo reducto que queda de la mañana. Ya es más del medio día. Serán como las dos de la tarde. Entramos al bar y me sumerjo en una sopa de humo sazonada por el olor a cerveza y vomito y no sé que más… No sé cómo describirlo pero conozco bien el sabor.

Ella saluda a algunas personas. Se nota que es cliente habitual. Nos sentamos en la barra y pedimos unas cervezas…

Ella se va hacia la rocola. Pone una canción. Comienza la música. Se acerca a mí.

Nos miramos fijamente a los ojos… Y de pronto nos besamos. Y el tiempo se detiene. Somos sólo nosotros dos.

El pasado no importa. No importa nada ni nadie. Sólo nosotros dos y este momento.

No le platico más… No me platica más…

Todo comienza de nuevo… No importa nada más… No tenemos memoria…

Porque seis años después…

Porque todavía podemos decir… ¡Una vez más!

 

 

Continuara…

 

 

(1) “No me Platiques Más” De Vicente Garrido.

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