Cómo conocí a Harumi…

 

 

Recuerdo cuando era niño. Recuerdo como fui creciendo. Recuerdo la adolescencia… Allí comenzó todo.

Cuando entré a la adolescencia era un buen estudiante y me sentía muy comprometido con mis estudios. Los fines de semana tenía que ir a trabajar para ayudar a mí madre con los gastos de la casa, y aún así  me las arreglaba para hacer todas mis tareas y estudiar todo lo necesario para mantener mí promedio. Que era bastante bueno. Fue en ese año, por los éxitos y satisfacciones académicas, que sentía que cada día me acercaba más a mí sueño de ir a la universidad para estudiar filosofía. Estaba seguro que esa era la mejor carrera, la que me permitiría aprender muchas cosas para luego convertirme en un gran escritor. Ser escritor siempre ha sido mí gran sueño.

Sentía que mi vida marchaba sobre ruedas. Era un buen estudiante, tenía muchos y muy buenos amigos, tenía un trabajo-que aunque no me gustaba mucho- me permitía comprar todas los cómics y las revistas que me gustaban, escribía muchas historias que luego convertía en cómics. Era un buen dibujante, un gran video jugador, una estrella del voleibol en mí escuela, buen futbolista en las calles y podía ejecutar tiros de tres puntos sin problemas en el baloncesto.

Todo iba bien. Todo era genial. Hasta que metí la pata hasta tan hondo que me la quebré…

Todo iba bien hasta que un día… me enamoré.

Recuerdo que en ese entonces Muchos de mis amigos y compañeros ya estaban emparejados. Todos tenían novia o estaban desesperados por tenerla. Para mí eso no era importante, no tenía ningún interés en las chicas. Pensé que era absurdo, no estaba preparado para tener novia. Y aunque lo estuviese… ¡No! Lo más importante era estudiar. Además era un niño, me sentía como un niño y hacía cosas de niños. Eso de las novias no era algo en lo que yo pensara. Eso lo dejaría para cuando fuese mayor. De hecho, aunque me gustaban algunas niñas, ninguna pudo captar totalmente mi atención… hasta que la vi a ella.

Recuerdo la primera vez que me gustó una chica. La primera vez que me gustó, pero de verdad.

Hubo una niña de la que me enamoré cuando era adolescente. La primera chica de la que me enamoré… Harumi… Se llamaba Harumi.

Y esta es la historia de cómo conocí a esta chica. Esta es la verdadera historia de cómo conocí a Harumi.

Le conocí cuando estudiábamos la secundaria. Era mi compañera de banca.

Recuerdo que Harumi era guapísima. Era todo lo que uno podía desear en una chica. Todo lo que yo deseo en una chica. Para empezar era güera, femenina e inteligente. Tenía unos ojos bonitos y alargados con unas pestañas enormes. Tenía rasgos asiáticos[1].Tenía una cabellera lacia y negra como la noche y larga como el invierno. Y era un caso especial. Todos decían que era Una chica rara.

Siempre me he preguntado el por qué siempre me tocan las chicas raras.

Al principio, y a pesar de que nos tocaba estar sentados en el mismo pupitre y pasábamos mucho tiempo juntos, casi no nos hablábamos. Ella dijo que yo no le caía bien desde el principio. El sentimiento era mutuo. Las únicas veces que nos dirigíamos la palabra era para pelear por algo.

Fue en la clase de civismo cuando tuvimos una discusión. Creo que esa vez fue porque dijo que invadí el espacio que le tocaba de la mesa con mis libros y revistas. La maestra se nos quedo mirando. Nos regañó porque interrumpíamos la clase. Luego nos siguió mirando y dijo: “Ustedes parecen marido y mujer. Siempre están peleando. Ya cásense. ¿Seguros que no son novios?”

No se hicieron esperar las risas y comentarios del resto de la clase. A partir de ese día todos nos decían que éramos novios. Creo que a los dos nos dio mucha pena. Creo que a mí más que a ella. Porque era bien sabido por todos que Harumi era una chica muy rara. Al principio fue incomodo para los dos. Poco después ella empezó a bromear también con eso de que éramos novios.

QUIERO SER TU HÉROE

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Justo detrás de nosotros se sentaban dos chicos, no recuerdo los nombres, pero a uno de ellos le decían El Enano. El Enano y su compañero de banca eran unos idiotas que se divertían fastidiando a los demás. Uno de sus clientes principales era Harumi. Solían molestarla jalándole el cabello y arrojándole papelitos. A veces, cuando hablaba le interrumpían y le decían que estaba bien loca. Y cosas peores.

Yo veía como la molestaban, pero nunca hacía nada. En realidad no me importaba. Yo tenía otras cosas en que pensar. Hasta que en una ocasión, todo cambió.

Pasó que el Enano llevó a la escuela un lápiz gigante. Era largo y grueso. Parecía un palo de escoba pero era un lápiz. Un lápiz gigante. Y empezó a fastidiar a mi compañera como de costumbre.

Yo me había ausentado de clases ese día porque estaba participando en un concurso literario acerca de los símbolos patrios. Entonces, después de mi participación en dicho concurso me fui a clases. Llegué al salón hasta las últimas horas. Serian como las seis o siete de la noche, ya estaba muy oscuro afuera. No había clase, así que todos estaban en pleno relajo cuando llegué. Fui hasta mi asiento, pero estaba ocupado. Harumi estaba sentada, pero con la cara recargada en la mesa y ocultaba su rostro con los brazos. Al lado de ella, sentado en mi silla, estaba el amigo del enano. Cuando llegué vi que algo le decía a Harumi, pero ella lo ignoraba.

Órale, güey. Ahí te va, quítate de mi lugar. Le dije al tipo este. Yo Venía un poco estresado, de malas.

Aguanta, ¿no ves que estoy acá ocupado?

Me vale, hijo. Quítate o te quito.

El tipo se levanta y se va. Yo ocupo mi lugar. Se me hizo raro ver a Harumi en ese estado.

¿Qué onda wey, ahora que le hicieron? Le pregunté al enano. Que estaba con su lápiz gigante y muy risueño.

Nada, nada. Y seguía risa y risa. No le di mucha importancia y me puse a revisar mis cosas. De pronto veo que Harumi voltea hacia mí. Al hacerlo me doy cuenta de que esta llorando.

Oye, ¿Qué onda? ¿Qué te pasa? ¿Estás bien? Ni me pela la infeliz. Luego, escucho que se ríen más fuerte el enano y su compinche.

¿Qué le hicieron, cabrones?

Nada, nada. Ja, ja, ja…

Me quedo pensando en qué le habrán hecho esos desgraciados. Cuando de pronto veo que el pinche enano le empieza a picar el culo a mi compañera con su lápiz gigante. Y yo casi instantáneamente empiezo a reclamar.

Oye, wey ¿qué te pasa? No mames. No te pases de pendejo.

Tranqui. ¿Que no estás viendo que es lo que le gusta? Ya llevamos como una hora metiéndole el lápiz y ni dice nada. A mí se me hace que ya se puso cachonda y por eso se tapa la cara para que no veamos su expresión de placer… jajajaja

No se ni por qué pero no me pareció y que le arrebato el lápiz al pinche enano y lo aviento. Lejos. Fuera de su alcance.

No mames. Ya déjala en paz.

Vele bajando a tus huevitos. Me dijo el enano. Yo no le hago caso. Lo miro feo. Me pongo delas. Más de lo normal.

Oye, Harumi ¿Qué onda, qué te pasa? ¿Por qué dejas que te hagan eso?

En eso, el Enano se para a recoger su lápiz. Yo lo amenazo.

Al chile, wey. Le vuelves a picar con esa madre y te parto el puto hocico, cabrón. El pendejo ese nomás se me queda viendo y se ríe.

Ay… a poco si.

¿Quieres ver?

Me dice que no hay bronca y guarda el lápiz en su mochila. Yo me acerco a Harumi y trato de consolarle. Le digo que ya no llore y que no se preocupe. Que yo la voy a defender. La abrazo. Ella me rechaza. Estaba yo tratando de buscar mejores palabras cuando de repente veo al puto del enano que se para al lado de ella y le empieza a querer agarrar las piernas.

Ahora si le voy a meter el dedo. Gritó el muy hijo de puta. Ahí si ya mi límite. Me levanto, pateo la banca de atrás y cierro el puño. Me preparo para reventar al muy hijo de puta.

¡Ya te cargo la chingada, cabrón!

Justo antes de soltar el puñetazo se levanta Harumi y me detiene. Se interpone entre el enemigo y yo.

“Déjalo. No vale la pena. No te pelees. Por favor.” Me dijo Harumi, Aún con las lagrimas en los ojos.

¿Qué? ¿Cómo? Yo no lo podía creer. Estaba furioso. “Oye, es que se pasa de pendejo. Déjame que le parta la puta cara”. Entonces se lanza a mis brazos.

“Ya déjalo así. No pasa nada. Cálmate por favor”. Mientras dice esto se abraza a mí con fuerza.

La abrazo yo también. Nos quedamos en calma por un momento. Y mientras ese momento fluye… Se vuelve mágico. Y esa magia apacigua mi ira.Que momento tan maravilloso y mágico. Mágico hasta que se acaba.

Después de la magia, la ira contenida regresa y me estremece. “Te va a cargar la chingada”. Sentencio al Enano.

Gabriela, la jefa de grupo, intercede y amenaza con reportarnos a la dirección sino nos calmamos. El enano se burla y me reta. Que a la hora de la salida si quiero. Pues a la hora de la salida nos vemos.

Ella me abraza con más fuerza cada vez. Vuelve la magia. Y Nos fundimos en ese abrazo que se vuelve eterno. Ella es tan bella, su piel es suave y tibia, su pelo es hermoso, es liso, suave y huele delicioso. Su cuerpo es delgado, delicado. Su olor invade mis sentidos. Es un ángel. Por un instante me olvido de todo. El mundo desaparece a nuestro alrededor. Somos uno. Los gritos de beso, beso… arruinan el mágico momento y hacen que me suelte. Y ambos nos sonrojamos y tomamos asiento.

“Ya no llores ¿si?”

Ella se limpia las lagrimas, se toma un respiro, voltea hacia mí y me dice que muchas gracias por defenderla. Que nunca olvidará ese detalle de mi parte.

Le digo que no hace falta agradecer. Como en las películas, le digo que es lo que cualquiera habría hecho.

“No”. Me corrige. “No cualquiera. Todos estaban viendo lo que ellos me hacían y nadie hizo nada. Sólo tú me defendiste. Sí no llegas no se que hubiera pasado”.

¡A huevo! Soy su héroe.

“Bueno, ahorita que llegue la orientadora los acusas, de todos modos ya los anoté”-Dijo Gaby, que estaba junto a nosotros muy atenta a nuestra charla.

Me sorprendió más lo siguiente que dijo Harumi.

“No, ¿Para qué? Mejor así déjalo, Gaby, no digas nada. De todos modos ya pasó”.

¿Ya pasó? ¡No! ¡No mames! ¡Ni madres! ¿cómo que ya pasó? Le digo. “¿Cómo vas a dejar que estos pendejos se queden sin su merecido? ¡Que los expulsen a los ojetes! “

Me dijo que me calmara. Gaby se fue y acordó no acusar a nadie. No pareció importarle, a nadie parecía importarle el asunto. A nadie le sorprendía la actitud de Harumi excepto a mí. Seguro sería alguna más de las rarezas de ella. El resto del grupo siguió en su relajo y comentaban la pelea que tendría lugar a la salida entre el enano y yo.

Yo estaba muy enojado. No entendía a Harumi, quien me pedía que por favor olvidara el asunto. Pero no podía hacerlo. En ese momento no entendía muy bien por qué pero estaba ansioso de que llegara la hora de la salida para poder romperle la puta cara al enano. Sentía que me hervía la sangre, sentía como comenzaba a fluir en mis venas la adrenalina. Quería matar a ese infeliz. Y a Harumi también por pendeja.

No molesté a Harumi el resto del día. Estaba concentrándome en la pelea que tendría en un rato. Imaginaba todo lo que le haría al Enano. Ya hasta lo estaba compadeciendo. Yo mismo me di miedo.

Sucede que en ese tiempo yo era un poco distinto a como soy ahora. Las peleas callejeras eran algo común en mí vida. Debo reconocer que tenía un temperamento explosivo. A la menor provocación y ardía Troya. Pero esa ya es otra historia.

Por fin sonó el timbre anunciando la salida. Volteé hacia mi enemigo y amenacé: “Vas a valer verga, hijo de toda tu putísima madre”. No dijo nada, ni me miró. Se agacho y salió rápidamente. Mis amigos, Manuel y Alejandro, fueron rápido a por mí.

“Cámara, wey. Quiero que le partas bien su pinche madre. Sino yo te la parto a ti” -me dijo Alejandro.

Cámara -gritaron Germán y El Mono casi a coro- va a ser en 7 leguas[2].

“Pa mi que el Pinche enano si te madrea” –me dijo el Nopal- “Como esta enano y gordo ni le van entrar los putazos. Y tú estás bien pinche flaco”.

“Nel –Me defendió el 5- Pinche enano esta bien pendejo. Lo vas a sentar de un solo golpe”.

Íbamos para afuera y todos iban haciendo sus apuestas. Harumi no se levantaba de su lugar. Vamos –le dije- Tú me tienes que acompañar para que veas como le doy su merecido por lo que te hizo.

“Si, Harumi, vente. Mí compa se va a romper la madre por ti. No lo puedes dejar morir solo” –Dijo Manuel.

Ella no dijo nada y se levanto. Cogió sus cosas, luego me tomó del brazo y salimos juntos. Me sentí aún más emocionado y más seguro. Ya saben… Detrás de un gran hombre tiene que haber una gran mujer.

Cuando llegamos a la salida me tomó fuerte de la mano, luego me habló al oído:

“Por favor no lo hagas, no tienes que hacerlo. No vale la pena”.

“No lo hago por obligación, Harumi. Ni lo hago por ti, ya vi que no te importa mucho hacerles pagar lo que te hicieron. Lo haré por gusto, por puro placer. Voy a disfrutar partiéndole la madre a ese hijo de puta. ¡Nadie se va a pasar de pendejo con una mujer bonita como tú delante de mí!” ¡Carajo! Pinche Héroe.

Se quedó en silencio. No dijo nada más.

Salimos de la escuela. Me quité el suéter, me arremangué la camisa y cuando me estaba quitando la corbata. Llega corriendo el Mono.

No mames wey. Te tardaste un chingo. Pinche Enano puto se echó a correr y se subió a un micro. Ya se peló el puto.

Me sentí con más coraje todavía. Aunque al mismo tiempo me sentí aliviado de no tener que pelearme.

“No hay pedo, mañana no voy a topar y van a ver que no se me escapa”

“Nel –interrumpe El Conejo- De todos modos mañana le vamos a pasar fila india y una buena pamba por puto. Y en la hora del taller le pones en su madre”.

“Si, ya ves que el Vilchis llega bien tarde” –Completó Oswaldo.

Harumi me abrazó otra vez con fuerza.

“Que bueno que no te peleaste”.

Yo también la abracé fuerte. Y nos quedamos así un rato. Todos se retiraron sin decir nada al vernos así. Pronto la calle empezó a quedarse vacía. Harumi vivía en la misma calle de la escuela, vivía unas casas adelante. Nos tomamos de la mano, caminamos unos metros y ya habíamos llegado a su casa.

“Aquí vivo”.

“Si, ya sé”.

Nos quedamos en silencio. Fue uno de esos silencios incómodos. Ninguno sabía que decir. Al menos yo no sabía.

“Gracias otra vez por todo lo que has hecho por mí. Nunca nadie me había tratado así, ni nada por el estilo. Para todos soy la chica rara, la loca. Me da gusto saber que al menos hay alguien que sabe que soy un ser humano, que me considera una mujer. Pero ¿por qué Juan Carlos? ¿Por qué?”

“Porque lo eres. Y eres, además una mujer muy bonita. Y muy especial”.

“Entonces fue por eso… ¿Me defendiste sólo por qué crees que soy bonita?”

“Y no olvides que eres especial también” Me río. A ella parece que no le hace gracia.

“No. Pues no se, creo que si. Pero no, no precisamente por eso. Eres muy bonita, pero no fue sólo por eso. Es que lo que te hicieron no me pareció. No es justo que un idiota se quiera pasar de listo con alguien como tu. Alguien tan bonita. “

“Deja de decirme bonita. ¿Acaso eres de esos que muestran interés sólo por que crees que soy bonita? Por favor dime que no es así ¿Verdad que no es así? Si alguien estuviera conmigo sólo porque soy bonita no sería yo más que un objeto, como un trofeo para alardear. Y Yo no quiero ser un trofeo. Los trofeos son objetos vacíos”.

“¿Acaso ríen los trofeos? ¿Acaso lloran? Yo quiero reír, y a veces llorar… “

“¡Quiero vivir la vida como un ser humano! No quiero vivir con una máscara que oculte mis verdaderos sentimientos. No quiero que la gente se fije en mí sólo por mi apariencia”.

No sabía que más decir, comprendí que ella era más especial de lo que imaginé. creo que estaba muy avanzada para mí. Estaba en otro nivel. Y yo no acababa de entender por completo lo que quería decir.

“¿Y sí no quieres ser tratada como un objeto por qué no te defendiste? ¿Por qué dejaste que te hicieran esas cosas? ¿Por qué no quisiste acusar a ese idiota ni quieres que le de su merecido? ¿Por qué? “

Otro silencio incomodo. Fue el preludio de algo inesperado. De una confesión aterradora.

YO NO QUERÍA SABER TANTO

“Es que no sé. A veces creo que yo tengo la culpa de lo que me pasa. No es la primera vez que me hacen algo así”.

¿¡Qué!? Aquí venía…

“Mí padre, mí hermano y mí primo también me han hecho cosas”.

“Yo los acusé con mí mamá, pero ella nunca me creyó. Le dije desde que estaba más chica mi papá me tocaba de formas muy extrañas. Me dijo que estaba loca. Luego, cuando le dije que mi hermano me espiaba cuando me bañaba tampoco me creyó. Y luego, una vez que me quedé sola con mi hermano y unos primos, me estuvieron manoseando y me besaban en la boca y… y tampoco me creyó nadie”.

“Y luego, en el templo, que era el único lugar donde creía estar segura. Un día que estaba triste fui a hablar con el pastor para que me aconsejara. Y entonces él también intento abusar de mí. Yo grité y salí corriendo. Les dije a todos lo que el pastor quiso hacerme. Pero como siempre nadie me creyó. Todos le creyeron al pastor. Me dijeron que yo estaba loca. Mí madre me corrió de la casa, me dijo que estaba loca igual que mi abuela y me mandó a vivir aquí con ella. Y ese día abandoné para siempre la doctrina. Mí abuela me ha mostrado el verdadero camino. Ese día fue que empecé con mí nueva religión”.

“Pero en fin. Lo que quiero que sepas es que siempre pasa lo mismo. Por eso no se qué caso tiene ir a quejarme si todos creen que estoy loca. Nadie me creé. Y en todo caso, me han dicho que yo debo de tener la culpa”.

“Yo te creo Harumi. Y mientras esté en mis manos, mientras pueda, yo te defenderé”.

“¿Por qué? ¿Porque soy bonita? Muchos chicos y algunos ya más grandes se me han acercado sólo porque creen que soy bonita. Pero se alejan muy rápido. Cuando se dan cuenta que soy más que una cara bonita”.

“Si, porque eres bonita y porque quiero hacerlo. Y porque nadie va a molestar a mi novia. Porque soy tu novio. ¿Ya se te olvidó?” Lo último lo dije sin pensar.

Otro silencio incomodo.

Se puso algo roja. Luego se dibujó una sonrisa en su bello rostro. Nos despedimos y me fui a mi casa.

V DE VENDETTA

Lo que pasó al siguiente día fue lo siguiente:

A la hora del taller todas las chicas salieron del salón. El territorio era de los hombres durante dos horas. Como estaba pactado, le pasaron fila india al Enano por cobarde. Luego, llego la hora de la venganza. Era la hora de la masacre, la masacre grande y gorda. El enano se abrió, hizo lo que pudo por evitar el enfrentamiento. Pero no habría misericordia contra el infeliz. Me pidió perdón, juro pedirle perdón a Harumi. Suplicó. Pero yo estaba lleno de furia, en ese momento no sabía exactamente por qué, pero la descargué sobre él. Al primer puñetazo se fue hacia atrás, al segundo empezó a llorar, al tercero se tiró al suelo. Ni las manos metió. ¡Levántate! Le grité. No hizo caso. Lo pateé un poco. Sólo un poco.

Harumi tenía razón. El enano no valía la pena. Acabó muy pronto la diversión.

Cuando las chicas volvieron. Lo primero que hizo el enano fue ofrecerle sus disculpas a mí chica. Ella las aceptó de mala gana. Ahora ya era mi chica. 

A partir de ese día las cosas entre Harumi y Yo cambiaron. Empezamos a llevarnos mejor. Platicábamos de muchas cosas y a veces seguíamos peleando por muchas otras tonterías. Me gustaba mucho que era la primera en criticar mis dibujos. Cuando nos conocimos me dijo que yo le caía muy mal, que era muy pedante, que era un tipo desagradable, etc. Pero que dibujaba muy bien. Y que las historias que escribía si lograban entretenerla.

Harumi no era una chica común.

Para empezar, tenía un nombre poco común. Y era con el nombre comenzaban todas sus rarezas. Me gustaba mucho ella, porque aparte de que era muy bonita, tenía muchas cosas en común conmigo. Ella también era escritora, y al igual que yo, era fanática de los Beatles. Lo que no me gustaba era que a veces era muy reservada y a veces muy extrovertida, con ella nunca se sabía a que atenerse. Era muy creyente acerca de las cosas sobrenaturales, ella escribía sus historias acerca de ovnis, fantasmas y brujería y cosas por el estilo. Un día me contó que había estado jugando con la ouija y que había hablado con los muertos y no se que mas. Cosas así eran de las que le gustaba hablar. No tenía ella muchos amigos y no parecía importarle demasiado. Sus amigos eran los espíritus con los que hablaba y eso le bastaba.

Un día que no llegó un maestro estábamos todos en el salón. Yo me puse a dibujar como de costumbre. Harumi estaba a mí lado, creo que hablando sola. Luego se calló y se le quedó viendo a mí dibujo. Luego se me quedó viendo a mí. Yo seguía en lo mío. Pero sentía su mirada y ya no pude seguir dibujando. ¿Qué tanto me ves? Le dije.

“¿Qué… no puedo verte?” Me lo dijo en un tono medio seductor que hasta me puso nervioso.

“No es eso, es que me chiveo. Ya no me veas así, por favor”. No me hizo caso y me miraba fijamente.

“¡Ya! ¿Qué te pasa?” Ya estaba yo muy incomodo con la situación. “¿Qué tanto miras?”

“Es que eres mí novio y creo que me gusta mirarte. ¿O es que ya se te olvidó? Te estoy mirando por lo mucho que me gustas. Mí niño amado. Eres mí héroe. ¿O es que no lo sabes? ¿Es que no te das cuenta?”

Me quedé muy sacado de onda. No supe que decir. Estaba asustado. Ella también me gustaba mucho. ¿Qué se hacía en estos casos?

“¿Hablas en serio, Harumi? “

Me miró fijamente a los ojos. De pronto puso su mano en mi rostro y se acerco a mí. Yo cerré los ojos, intuí lo que seguía y me prepare para ello. Incliné mi cabeza, ella hizo lo propio. Me tomó de la cara con las dos manos y me jaló hacia si. Sentí su aliento tan cerca. Vi sus labios rosas y brillantes. Y de pronto… ¡Un giro inesperado!

“Claro que no hablo en serio tonto. Soltó una carcajada y remato: cómo me vas a gustar sí estás bien pinche feo. Negro y feo”. Siguió riendo como loca.

Me quedé como idiota. Me rompió el corazón. Tuve que hacer un gran esfuerzo por no derramar una lagrima. Los hombres no lloran.

“¡Tú también estás bien fea! ¡Y además estás loca! ¡Deberían llevarte al manicomio! “

Fue lo único que salió de mí boca. Pero no era cierto. Ella era muy bella. Y no era una loca, nunca pensé que lo fuera; siempre pensé que era alguien especial que miraba el mundo de un modo diferente, desde una perspectiva que los demás no podíamos ver. Y me gustaba tanto. Y soñaba con besarla y ser su novio desde que nos toco compartir el pupitre, pero no me había dado cuenta hasta ese momento. Me di cuenta de lo mucho que me gustaba y me importaba justo en el momento en que ella rompió mi corazón.

 

Nadie nos enseña a herir, pero sin embargo, herimos a la gente… La gente nos Hiere…

Pasó el día, Nos pusimos serios y nos ignoramos mutuamente. Yo me la pase pensando en lo mucho que la quería, en lo mucho que deseaba ese beso. Yo quería besarla. Nunca había besado a nadie. Y decidí que si a alguien le iba a entregar el primer beso, quería que fuera a ella.

Cuando terminaron las clases, ella salió muy rápido del salón, ni adiós me dijo. Como vivía ella casi enfrente de la escuela, tenía que actuar de inmediato y antes de que se me fuera el valor.

“¡Harumi! Espérame. No te vayas”. Le dije. Entre el tumulto que se hacía a la hora de la salida la alcancé. Justo en la puerta principal de la escuela fue que por fin volteó.

“¿Y ahora que quieres?”

Y aquí viene la parte romántica…

“A ti. A ti te quiero, Harumi”.

La tomé del brazo, la giré hacia mí. La tomé del talle, la estreche entre mis brazos y le di un beso. Un beso maravilloso. Lo demás… es inefable.

¿Por qué?

Porque no pasó así. Eso es lo que debí haber hecho, eso fue lo que quería hacer pero no me atreví.

Lo que en realidad pasó fue lo siguiente:

La tomé del brazo. Ella volteó.

“¿Y ahora que quieres?”

Me quedé mudo. No dije nada. Los nervios me acabaron y me quedé como idiota mirándola, luego me agaché y ella siguió su camino.

El verla marcharse me hizo reaccionar. Fui detrás de ella. La alcancé de nuevo justo cuando iba a abrir la puerta de su casa.

“¡Harumi! Espera”.

“¿Qué quieres?” Me dijo, pero esta vez con un tono de hastío.

Había llegado la hora de la verdad. Pero el valor se fue otra vez. Iba a decirle que era a ella a quien quería. Pero una vez más no pude. Empecé a tartamudear, a balbucear.

“Yo… este… yo… quie…ro… de…cir…te… que… este… yo… este…”

Estaba a punto de decirle lo que sentía por ella, que quería pedirle que fuese mí novia de verdad y todo. Pero me interrumpió. Me miró con la mirada más horrible que jamás le había visto y me dio el tiro de gracia:

“Ash… Además de que estás bien pinche feo, ahora me doy cuenta de que también estás idiota. Y yo llevo prisa”.

Abrió la puerta de su casa, atravesó el umbral y justo antes de cerrarla en mis narices la detuve. No la dejé cerrar. Volvió a abrir y me miro seriamente. Iba a decirme algo, pero entonces me acerqué a ella, le tome el rostro con mis manos y, muy al estilo de Michael Corleone, y no sé ni por qué, le dije:

“Rompiste mi corazón. ¡Rompiste mi corazón!”

Me di media vuelta y me marché sin mirar atrás…

Ella no sería mí amada. Ella no se merecía mí primer beso.

Pude haberla besado, pero eso no es lo curioso del destino. Sucede que, lo planees o no, puedes herir a la gente. Yo nunca me imaginé que Harumi me lastimaría. Porque me encontraba demasiado cerca del puzzle para distinguir la verdadera imagen que formaba. A veces pienso que Yo la había lastimado también.

Nadie nos enseña a amar pero sin embargo, nos enamoramos…

Harumi había roto mí corazón. En ese momento no le di mucha importancia. Pensé En realidad no fue tan doloroso. O eso fue lo que yo creí en ese momento. Así como ese sentimiento había brotado… Se esfumó. Eso pensé al principio. La verdad es que tardo mucho en sanar esa primera herida.

Me convencí de que eso del amor y las novias era una tontería. Pensé que era absurdo seguir pensando en ella y en lo que sentía por ella. Y más aún cuando sabía que ella no me quería.

Pensé que además no estaba preparado para tener novia. Y aunque lo estuviese, si estuviera preparado. ¿Dónde estaba ella? ¿Si no era Harumi quién era?

Harumi fue la primera chica de la que me enamoré… La primera que me partió el corazón…

 


[1] Yo pienso que es a causa de ella que me encanten las chicas asiaticas o con rasgos asiaticos. Después de Rocío Lizbeth, adoro a las asiáticas.

[2] 7 Leguas era una calle donde se suelen ir a pelear los chicos de esa escuela. Queda como a 3 cuadras de la escuela. Nadie sabe por qué pero ese es el lugar preferido por todos para ir a pelear. Me peleé varias veces ahí.

Notas:

(3) “No Me Platique Más” , Vicente Garrido.

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