“Sin Aliento” El Regreso De Nataly 5 “

 

Hay preguntas con las que siempre he tenido dificultades…
Sólo que a veces son más poderosas y más difíciles que nunca.

 

Debí haberme ido al infierno cuando Nataly me dijo que lo hiciera. Pero supongo que estaba en unos de mis días en los que una respuesta negativa no es una opción. Quiero pensar que no soy el único y que todos tenemos, al menos, un día de esos. Te dicen que no, pero te aferras a cambiar ese “no” por un “si”.

No hay plazo que no se cumpla, ni fecha que no llegue. Hoy es el día de la cita y no dejó de pensar en “Ella”. Ya no la llamo por su nombre. Ahora sólo es “Ella”. Como esperando que de ese modo, nombrándola con un simple pronombre pueda olvidarla. Pienso en “Ella” desde que despierto. Y al mismo tiempo pienso en Nataly. Pienso en que me había dicho que no quería verme, ni saber de mí la primera vez que le llamé. Debí haberme ido al diablo. En vez de eso , pude sacarle una cita para tomar un café y para conversar. Me rasuro la barba y el bigote. Me peino y me visto con mis mejores trapos. Recuerdo que cuando nos despedimos iba bien vestido. Fue la última vez que me vio. Quizá se quedo con esa imagen de mí. No quiero que le cambie esa impresión. Quiero que mejore la impresión. La segunda impresión que le haré tener de mí.

Quedamos de vernos en el lugar habitual, aquel donde tantas veces nos reuníamos a tomar café  y conversar: El Samborns Tezontle.

Llego como 20 minutos antes. Tomo una última bocanada de humo de mi cigarrillo antes de entrar al restaurante. Me como un chicle para disimular mi aliento a tabaco y entro. Quedamos en el lugar habitual, nuestro restaurante preferido. Me doy cuenta de que ha cambiado muy poco este lugar, tan poco que incluso está la misma mesera de antes. Con unos kilos de más, pero puedo reconocerla. Era una chica muy simpática, hoy parece más una señora. Pero igual es simpática y amable.

Doy un rodeo por ahí, como buscándola, quizá también llegó temprano. No la encuentro. Así que Me siento en la mesa habitual. Aquella junto a la ventana, aquella en la que de un lado puedes ver el estante de revistas y los postres, puedes ver los titulares de los periódicos desde aquí. Y del otro lado puedes ver hacia la avenida Río Churubusco y la Preparatoria no. 2.

Pido un café, lo habitual, y lo miro por casi una hora. Sigo pensando en Ella y en Nataly. Es casi imposible evitar las comparaciones. Que en suma son muchas y pocas a la vez. Ambas son mi tipo. Ambas son geniales, o al menos lo eran. Ambas son madres solteras. Hasta donde sé ambas tienen una hija. Ambas me quisieron. Y yo las quise a las dos. Cada una en su tiempo. Ya está frío el café cuando le doy el primer sorbo. La amable mesera me trae una taza caliente y se lleva la fría. Me ofrece un pastel de su carrito. Pido uno de chocolate. El chocolate es mi sabor preferido.

Pasa otra media hora. Y justo cuando empiezo a pensar que quizás no vendrá a nuestro encuentro… Nataly llega. Llega tarde como siempre lo hace.

Y, como siempre… Ella vale la espera.

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No sé por qué pero volteo para la puerta del restaurante y justo en ese momento: ¡Ahí está!

Sonríe y camina hacia mí. Me levanto. Es un ángel. Casi parece que flota cuando viene hacia mí. Hago un esfuerzo por mantener la calma, por no correr a sus brazos. Parecía como si el tiempo su hubiera detenido en ella. En verdad. era casi como la recordaba. Bella, esbelta. Tal vez no tan esbelta, pero mantiene la figura. Y hoy día tiene el cabello rojo. Es genial Es como un sueño. Como la chica de mis sueños.

La tengo enfrente mío. Nos miramos un instante. “No has cambiado nada, estás igualito” me dice ella. Y yo… petrificado. Frente a una de las mujeres más hermosas que he conocido… Me he quedado Sin Aliento.

Le extiendo los brazos. Me acerco y nos fundimos en un abrazo. Luce como un ángel… y Huele como los ángeles. Por un instante me siento en el cielo. Lejos del Mundo y lejos de “Ella”.

Nataly me suelta. Casi me empuja. Se pone seria. Se sienta.

-¿Nos sentamos?

-Claro.

Seria y fría. Y yo… de pronto estoy nervioso. Vulnerable. No se qué decir. Estoy indefenso como un borreguito directo al matadero. Aún no me recupero de la primera impresión.

-Te ves muy bien. Que digo bien, más bien genial. Eres casi como te recordaba. Es asombroso.

Seria y fría. El tono dulce y angelical de su voz que guardaba en mis memorias no está.

-Si. Gracias. Yo lo sé.

-Tranquila. No seas fría. Como que no te va.

-¿Cuanto tiempo ha pasado? ¿Como seis años?

– Más o menos. Algo así.

-No soy la misma persona que conociste. El tiempo ha pasado. He cambiado. La vida me ha hecho cambiar. ¿Te parezco fría? Pues así soy ahora.

-Ok, pero es que se siente raro escucharte hablar así. No me gusta.

-No me importa si te gusta o no. Las cosas son así.

-No te creo que no te importe. Por algo viniste. Quizá aún te importo. Quizá sólo un poco. ¿no?

-Tú llamaste y yo vine corriendo. Aún tienes ese poder sobre mí, como antes siempre lo tuviste-Utiliza un tono sarcástico-  Quizás por eso fue que vine. Pero no existe ninguna razón para ser cálida y amable. No después de lo que me hiciste.

-Ok. entiendo que te portes así conmigo. Supongo que me lo merezco.

-No suponga, te mereces esto y mucho más. Te mereces incluso una buena madriza -Comienza a reír al terminar la frase. Nos reímos juntos- Si vine hoy fue porque, como tu mismo dijiste, me ganó la curiosidad. La curiosidad y…

Calla por un instante. Duda.

-¿Y…?

-No lo sé pero ya estoy aquí. Tú me llamaste. No sé por qué o para qué, pero ya estoy aquí como querías. Así que ¿Qué quieres?

Hay preguntas con las que siempre he tenido dificultades… Y esa es una de ellas. ¿Qué quiero? Me quedo pensando en ello por un instante. hasta que me interrumpe.

-No demos muchas vueltas. Estoy aquí. Estoy escuchando. Aunque no escucho nada. Dime qué es lo que quieres.

No sé exactamente qué decir. Recuerdo que “Ella” me dijo el otro día que me cuando no se qué decir hablo lento y bobo. No quiero parecer un bobo ahora.

Digo lo primero que viene a mi mente.

-Sólo hay una cosa que quiero de ti. Quiero que me perdones por ser tan tonto. Por no saberte valorar cuando tuve la oportunidad. Por haberlo echado a perder hace seis años.

No sé por qué dije eso. Ni por qué le sigo recitando toda esa mierda que dice la gente.Toda esa mierda como la que me dijo “ella “el otro día.

-¡Oh! Va. Tienes una conciencia después de todo. Y te esta fastidiando. Un poco tarde diría yo. ¿Eso es lo que quieres? Bien. Deseo cumplido. Vete a tu casa. Duerme bien. Aunque de todos modos ya no me importa. Vine sólo por curiosidad. Y ya está. Tengo cosas que hacer y si no hay otra cosa que tengas que decir… Pues me voy.

Hace como que se levanta. Yo la tomo de la mano y la miro a los ojos.

-Oye… Tranquila… No te vayas aún. Si bien dijiste tú, ya saciaste tu curiosidad. Pero yo no te creo. Qué te parece si pides algo de tomar y seguimos conversando. En buen plan. ¿Te apuntas? Viniste por curiosidad y… no sé por qué más. Pero hagamos que valga la pena.

Me mira por un instante. Yo le hago un guiño.

-Vamos haz que valga la pena.

Como que se lo piensa por un momento. Luego se sienta. Me mira. No suelta mi mano. Su piel es suave y tibia.

-Ok… Me apunto. Pero no te emociones niño. No creas que es porque me importas. Yo Ya no siento nada por ti. –Me mira fijamente mientras pronuncia lo último.

Yo. También me pongo serio. La miro desafiante.

-El Que no sientas algo… No significa que no esté allí… 😉

Ella baja la guardia. Se sorprende. Duda. Y por un instante… Se queda sin aliento. Quizá…

Continuará…

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