Trata de El Otro Yo.

 

Cita

El Otro Yo.

 

¿Tenemos otro yo? ¿Habrá alguien que habita dentro de nosotros? Alguien ha desaparecido… Alguien que era muy importante para mí y no lo supe hasta que un día, me he dado cuenta de cuanto le necesito. Pero no está. ¿Se habrá muerto? ¿Se habrá ido con ella? ¿Ella se fue con él?

 

El Otro Yo

Mario Benedetti.

Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la nariz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando. Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo.

Page_1

 
















El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente , se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse incómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.

Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo que hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañana siguiente se había suicidado.

Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser enteramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó.

Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió a la calle con el propósito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le lleno de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas.

Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: «Pobre Armando. Y pensar que parecía tan fuerte y saludable».

El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.

 

 

 

¿Será posible? ¿Puede una parte importante de nosotros morir?

¿Será posible que hayamos matado al otro yo? ¿Será posible que alguien, algún tercero lo matara?

A Armando le pasó… A mí me pasó. Yo creo que si. Rocío y yo hemos matado a alguien… Alguien que era muy importante para mí y no lo supe hasta que un día, me he dado cuenta de cuanto le necesito. Pero no está. ¿Se habrá ido con ella?

¿Será posible? ¿Puede una parte importante de nosotros morir?

Todos tenemos una identidad. Como parte de ser un  ser Humano, la identidad es la construcción social de los diferentes significados que le de cada quien a la vida y a la forma de vivirla. Todo, siempre dependiente de las ideologías de las instituciones: De la familia, de la iglesia, de la escuela… de una sociedad. Por lo que su construcción  es diferente en cada contexto, cambiante de acuerdo a cada cultura e inclusive dentro de una misma cultura; en  función de diferentes factores, ya sean de género, socioeconómicos y demás…

La identidad, las identidades… Permean a hombres y mujeres en su comportamiento y representa la relación intercultural entre los mismos y las prácticas que distinguen a cada quien. En palabras de Octavio Paz: “A todos en Algún momento, se nos ha revelado nuestra existencia como algo particular, intransferible y precioso…” “… El descubrimiento de nosotros mismos se manifiesta en un sabernos solos; entre el mundo y nosotros se abre una impalpable, transparente muralla: la de nuestra conciencia”.

Llega en un momento que estamos casi seguros de quienes somos. Pero sin embargo siempre hay dudas. Y cuando nos sobrecoge la duda  iniciamos una búsqueda de nosotros mismos, en ciertos momentos de nuestra vida. Momentos precisos. De cambio. Duele crecer… Y conforme creces se supone que vas evolucionando. Te vas fortaleciendo y añadiéndole más rasgos a tu personalidad… o quitándoselos… o encimándolos u ocultando.

Apenas nos damos cuenta de nuestra existencia y nos sentimos solos. Pero podemos trascender de esa soledad  al convivir con el otro y olvidarnos de esa soledad en el trabajo en el juego, e tantas cosas más. Aparecemos como un ser que se encierra y se preserva.

Solemos usar mascaras.  Mascara el rostro y la sonrisa. Todo nos sirve para defendernos: El silencio, las palabras. La cortesía, el desprecio. La ironía y la resignación.

¿¿Mostramos de nosotros al mundo lo que el mundo quiere ver?? ¿Mostramos sólo aquello que queremos que vean.?

¿¿Habrá algo, o alguien, dentro de nosotros que nos impide ser quienes realmente somos… Alguien más que quiere salir pero no lo dejamos?? ¿Será el otro yo?

Siempre supe que existía una dualidad. Y Un día tuvo nombre y cuerpo.

¿En qué momento pasó? 

¿En qué momento se fue? ¿A dónde ha ido..?

Lo único que sé es que le extraño. Y se que si no se hubiera ido… Hoy día las cosas serían diferentes.

Anuncios

Dime algo...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s